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Si tienes un mal día

3 propuestas que mejorarán tu estado de ánimo

A veces, cuando estás de bajón, un pequeño cambio marca una gran diferencia. Es cuestión de actitud.

Gerard Arlandes

Vivir momentos de desánimo es natural pero hay que saber salir de ellos porque corremos el riesgo de perdernos todas las bondades que también puede estar ofreciéndonos la vida. Te proponemos tres maneras de superar esos días en que parece que todo se hace cuesta arriba.

1. Observa el horizonte y el cielo

Podemos abrir el espacio interior con la mirada hacia el exterior. Si tu actitud se enfoca siempre hacia lo más cercano es más probable que solo veas los problemas. Nos encerramos en nosotros mismos y no percibimos la generosidad con la que se manifiesta el día.

Miremos por la ventana y observemos el cielo en su infinita grandeza y generosidad. El hecho de observarlo nos dará una amplitud de miras y hará que abramos nuestro corazón. Los problemas se relativizarán y adquirirán otra perspectiva. Este cambio de actitud es un regalo que viene del cielo.

2. Pon orden a tu alrededor

El orden externo trae orden interno y con él pacificaremos el torrente de pensamientos. Podremos ver que no todo es tan difícil, costoso ni embrollado como parecía.

Primero ordenaremos la mesa, la cocina o el taller donde trabajamos. Colocaremos cada cosa en su sitio. Ordenar no es un tiempo perdido, sino a la larga ganado. Los marineros que navegan en alta mar saben de la importancia de colocar cada cosa en su sitio, porque si llega la tempestad no hay tiempo para buscar. Del orden de cada cosa depende su vida.

Después ordenaremos el trabajo por orden de importancia. ¿Qué es aquello que debe salir primero? ¿Qué es lo que puede esperar para más tarde o para mañana? El orden combate de manera natural el estrés, que es una de las causas principales del desánimo, y puede abrir un retazo de azul en el cielo que no habíamos visto.

3. Activa tu cuerpo

Cualquier actividad que hagamos pone en marcha nuestras células. En una actividad corporal como andar, correr, saltar la comba o cualquier otra que conlleve mucho dinamismo las células se aceleran e intercambian su información en forma de líquidos y calor, lo que produce un efecto que recorre todo el cuerpo y las renueva, renovando también las células del cerebro y produciendo una sensación agradable de bienestar y optimismo.

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