5 hábitos que cambian tu vida frente al dolor crónico

El dolor crónico no es para siempre, solo es persistente en el tiempo, y se puede reducir e incluso eliminar por completo si se llevan a cabo una serie de hábitos y cambios.

Hábitos contra el dolor crónico
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Muchas personas creen que el dolor crónico es para siempre y que es imposible reducirlo o eliminarlo, quizá por la connotación negativa de la palabra "crónico".

Sin embargo, la realidad es que el dolor crónico hace referencia al que perdura por más de 2-3 meses –por eso muchos especialistas abogan por sustituir el término "crónico" por "persistente"– y que los hábitos de vida pueden ayudar mucho a aliviarlo o incluso a eliminarlo.

Te voy a contar 5 hábitos altamente eficaces que pueden hacer que tus síntomas disminuyan enormemente, y en muchos casos (guiado por un profesional cualificado) que se resuelva por completo.

El camino del tratamiento del dolor persistente es duro, pero merece la pena.

¿Qué es el dolor?

El dolor es una experiencia sensorial o emocional desagradable, asociado con un daño real o potencial o descrita en términos de dicho daño. Se trata de una experiencia personal y subjetiva que está influenciada por factores biológicos, psicológicos, y sociales (factores biopsicosociales). Por eso cada persona lo vive y experimenta de una manera diferente.

Es decir, el que una persona experimente mayor o menor dolor, va a estar condicionado según:

  • La biología (género, raza, edad…).
  • La forma en que la mente procese las cosas (el valor o el significado que das a los sucesos, el nivel de conocimientos sobre el tema…).
  • El entorno social en el que te hayas criado o la vida que tengas actualmente (experiencias, nivel de educación, hábitos…).

El dolor es una señal de alerta que manda nuestro sistema nervioso hacia nuestros tejidos para avisarnos o protegernos de un peligro real o potencial. Esto quiere decir que a veces ese dolor que nosotros sentimos puede estar “alterado” o “distorsionado” haciendo que nuestro sistema nervioso piense que hay un daño donde en realidad no lo hay.

La realización de forma constante durante unos meses de los hábitos que describimos a continuación –siendo constante– puede marcar un antes y un después en la mejora de tu vida, sobre todo si se tiene un plan de abordaje y hacemos las cosas entendiendo el por qué, buscando y persiguiendo un objetivo, y dejando a un lado la hipervigilancia de los síntomas.

Si te cuesta o no eres capaz de llevarlo a cabo, el acompañamiento de un profesional será de vital importancia.

1. Acudir a terapia

Hemos hablado antes que el dolor está influenciado por factores biopsicosociales. Por tanto, dependiendo de los síntomas que tengamos y cuál de ellos nos incapacite más, podemos elegir un especialista u otro.

  • Un fisioterapia te ayudará a lidiar con el dolor, a encontrar estrategias de afrontamiento y a gestionar los pensamientos y emociones en relación a tu dolor.
  • Pero cuidado: no todos los profesionales sabemos de todo. Si tienes dolor crónico, acude a un fisioterapeuta especializado en dolor crónico.

2. Leer sobre neurociencia del dolor

La lectura es altamente terapéutica y nos puede aportar gran valor para entender lo que nos ocurre y aprender a gestionarlo mejor. Por cada problema que podamos tener, siempre hay un libro que desborda conocimientos sobre ello.

Si un profesional te dice que si duele es normal, cuando el dolor aparezca lo normalizarás, si un profesional te dice que si te duele le avises de urgencia por que sería peligroso, cuando duela entrarás en pánico y seguramente su intensidad sea mayor.

Hay diferentes estudios que demuestran que una charla de media hora, o una sesión de educación al dolor, donde se enseña que es el dolor, por qué aparece, o que podemos hacer para manejarlo, contribuye directamente y en el mismo momento a una reducción significativa del dolor.

3. Realizar ejercicio físico

Hay cientos de estudios que no solo corroboran que la práctica de ejercicio físico libera diferentes hormonas relacionadas con el bienestar y la felicidad (endorfina, serotonina, o dopamina), sino que también ayudan a disminuir el dolor crónico (en dosis adecuadas).

No hay un ejercicio estrella, el factor más importante es el movimiento. Encuentra aquella actividad o deporte que te haga sentir feliz, y que su práctica no te genere un sufrimiento, empieza por dosis pequeñas, y ve incrementándolo poco a poco.

4. Meditar

La práctica de la meditación te invita a vivir el momento presente y dejar a un lado el exceso de preocupaciones futuras, te permite tomar consciencia de tus pensamientos, emociones o actos en el momento en el que se producen.

Son muchos y muy conocidos los beneficios de la meditación, entre los que destacan: el alivio del estrés y la ansiedad, mejora de la salud emocional, ayudan a disminuir el dolor y la tensión muscular, y ayudan a mejorar el descanso, entre muchos otros.

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5. Practicar la aceptación

La terapia de aceptación y compromiso (ACT) es un tipo de intervención usado en psicología en el que una de sus premisas es aceptar que el sufrimiento es algo natural e inherente a la propia vida, y que intentar controlarlo o evitarlo es parte del problema y no la solución.

Aceptar el dolor significa que hay cosas que están fuera de nuestro control y no es sano luchar contra ello de la manera en la que lo hacemos en muchas ocasiones, sino estar abierto a la experiencia, tal y como se presenta, sin imposiciones, sin distorsionar, sin evaluarlo.

Su práctica ha demostrado mejorar la calidad de vida y sueño, reducir el dolor, y la angustia psicológica.

Fuentes científicas:

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