Terapéutico

7 beneficios que obtiene un niño si está en contacto con animales

Ana M. Longo

El niño que tiene contacto y disfruta de la compañía de un animal puede obtener muchos beneficios saludables, tanto físicos como psicológicos. Mejora desde su ánimo hasta su autoestima y le ayuda a ser más empático.

El niño que tiene contacto y disfruta de la compañía de un animal puede obtener muchos beneficios saludables gracias al vínculo afectivo que se logra.

“La vida del niño se nutrirá de valores y mejorará en aspectos de tipo psicológico (estimulación de la concentración y la atención…), social o relacional y físico (mejora del tono muscular, equilibrio…)”, refiere Enrique Moreiras Ingelmo, terapeuta.

Moreiras Ingelmo ha dirigido junto a otra compañera, un centro multifuncional donde se seguían terapias entre niños y animales. “El objetivo principal del centro A Chaira, en Ourense, era la reconexión de las personas con los biorritmos de la naturaleza, a través de la observación y de la interacción entre ambos”, declara el profesional.

Niños con animales: cómo les ayuda

Según Moreiras, el contacto del niño con animales domésticos como el perro o el gato, o con animales que participan en terapias como en el caso del caballo o el delfín, ayuda al niño a:

  • 1. Reducir el estrés y la ansiedad

En palabras de la psicóloga y especialista en trauma Yolanda Álvarez Alén: “Son numerosos los estudios que han demostrado que la interacción de niños con animales causa el aumento de diversas sustancias químicas a nivel cerebral. Con ello se favorece la relajación e incluso se generan efectos físicos como en el caso de la disminución de la presión arterial”.

El contacto regular de los niños con loa animales incluso puede disminuir considerablemente el índice de depresión. En compañía de una animal, el niño se siente cómodo y feliz.

  • 2. Potenciar la empatía

Cuando el niño se hace cargo del animal –en la medida en que puede y sin que los padres le obliguen– y realiza tareas que conciernen a su cuidado (aseo, alimentación, paseos, juegos) se siente una parte importante y clave para el proceso.

En el momento en que el niño inicia el cuidado de un animal, es decir, le protege y se preocupa por cubrir sus necesidades, está depositando en él tiempo, dedicación e interés. “Se fomenta un sentimiento de competencia. El niño aprende a tratar con un animal y puede extrapolar esas sensaciones a futuras relaciones personales”, añade Moreiras.

  • 3. Ver fortalecida su autoestima y autoimagen

Normalmente esta mejora de la autoestima ocurre porque el niño se siente totalmente aceptado y querido por el animal.

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  • 4. Dar valor a la unión familiar

Con un animal el niño puede interiorizar valores como lo son compartir y hacerse cargo de algo. La caricia de un niño a un animal es sanadora y aporta seguridad y bienestar.

  • 5. Dejar de lado la tristeza y los miedos

Este contacto con los animales provoca en el niño un sentimiento de alegría. El animal es una figura de valor para el niño y en él se apoya.

“El contacto con los animales genera felicidad y positividad en el niño y le hace sentirse acompañado y protegido. También ocurre un sentimiento de empatía por el resto de personas y animales de su entorno. Además, hay estudios que ratifican que el niño se recupera mejor de cualquier accidente, problema físico o psicológico con la ayuda y compañía de un animal”, explica Moreiras.

  • 6. Estimular la comunicación y el lenguaje

Los animales no juzgan, sino que son seres fieles. El niño comienza a ser autónomo y el animal se convierte en su amigo. Su presencia también motiva al niño y le reporta seguridad, por lo que ayuda asimismo en casos de timidez, según explica Moreira.

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  • 7. Respetar el entorno y la naturaleza

El animal es un ser que vive en naturaleza y, sobre todo en el caso del caballo, la relación se produce en zonas naturales: monte, campo, montañas… Los paseos por la montaña, junto al río o a través del bosque junto a un animal hacen que el niño descubra la naturaleza.

Salir a pasear con otros animales también le permite ser consciente de lo que otros seres vivos (animales y vegetación) aportan.

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