Las 7 reglas de oro para que la boca y los dientes estén sanos

Mantener una higiene correcta y prestar atención a la alimentación son los dos pilares de una boca sana. Descubre más claves para evitar los problemas dentales clásicos y sonreír sin complejos.

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La boca es una vía de entrada de sustancias nocivas y un pequeño ecosistema en el que viven millones de bacterias. Sin embargo, a menudo se descuida esta parte tan importante del cuerpo. Disfrutar de una salud bucal óptima no es sólo una cuestión estética; es sobre todo un imperativo de bienestar y una garantía de salud.

Además de desempeñar funciones primordiales como la deglución, la respiración o la articulación del lenguaje, la boca expresa emociones a través, por ejemplo, del beso o la sonrisa. De ahí que sea tan importante mantenerla sana.

Una higiene adecuada, unos buenos hábitos dietéticos y algunos cuidados son fundamentales, tanto para conservarla en buen estado como para gozar de una mejor salud general.

1. Lavarse los dientes correctamente

Caries y enfermedad periodontal son las afecciones bucales más comunes y causa de muchas otras, como infecciones, flemones o mal aliento.

Para entender por qué se producen éstas y otras dolencias es inevitable hablar de la placa bacteriana: una película blanca adherida al diente y formada por numerosas bacterias.

Algunas de estas bacterias son inocuas, pero otras transforman el azúcar en ácido. Y esta acidez adherida al esmalte provoca una descalcificación del diente y un orificio, o caries, que avanza hacia su interior y puede llegar a provocar la pérdida de la pieza.

Si bien la caries tiene unos síntomas que permiten identificarla: pequeños orificios, restos de comida retenidos, dolor ante estímulos calientes o fríos... la enfermedad periodontal es más difícil de detectar en sus inicios, ya que afecta al hueso de la encía que sujeta el diente.

Su causa también es la placa bacteriana y el sarro (placa calcificada) que va depositándose en la encía.

En un primer estadio aparece la gingivitis, una irritación, cuyos síntomas son dolor, sangrado y mal aliento. Si no se pone remedio, se agrava, afecta al hueso, las encías sangran y se descarnan, formándose unas bolsas por debajo en las que se deposita más placa.

A pesar de que la mayoría de gente se cepilla los dientes, es muy probable que a veces no se haga correctamente o no se aprovechen otras ayudas preventivas para la higiene bucal como el hilo dental o el colutorio. De hecho, un 90% de la población tiene caries y un 70% gingivitis.

Por qué lavar los dientes

Para gozar de una boca sana, la higiene es primordial. Y no solo la que se realiza de forma externa sino la que lleva a cabo la propia saliva, que resulta clave en la conservación de una dentadura.

Actúa estabilizando el pH de la boca, es decir, su mayor o menor grado de acidez, y evita la proliferación de la placa. Por si fuera poco, aporta elementos como el calcio y flúor, que ayudan a remineralizar los dientes y conservar su esmalte.

Las glándulas salivares producen casi un litro diario, pero por la noche fabrican menos: de ahí la importancia de cepillarse los dientes antes de acostarse.

"Un cepillado correcto constituye el 90% de una buena higiene bucal, y el 95% del trabajo lo realiza el cepillo". Con esta afirmación, el Dr. Ibarrola pone el acento en una cuestión poco conocida: que el cepillo seco absorbe mucha más placa.

Como complemento, es aconsejable el uso diario del cepillo interproximal o la seda dental. También puede usarse algún enjuague con aceite esencial de limón, mirra o ciprés.

Tanto el colutorio como el dentífrico es mejor que sea natural, sin flúor, pues aunque este mineral refuerza el diente, en exceso puede llegar a dañarlo e incluso ser tóxico para el organismo.

Arcilla, salvia, ratania, aceite del árbol de té... son ingredientes eficaces presentes en muchos de ellos.

Cómo es el cepillado de dientes ideal

  • Debe realizarse tres veces al día, después de las comidas, y durante unos tres minutos.
  • Lo ideal es usar un cepillo de cerdas no muy rígidas, puntas pulidas y redondeadas, y dureza media o suave.
  • Basta una cantidad de dentífrico equivalente a un guisante.
  • Se sujeta con los dedos para no ejercer demasiada presión y llegar a todos los rincones, con movimientos cortos, suaves y elípticos, en dirección de la encía al diente.
  • Cepillarse antes sin dentífrico y con el cepillo seco permite eliminar las bacterias adheridas a los dientes.
  • Al acabar conviene cepillarse también la lengua a conciencia pues allí se alojan muchas bacterias.
  • El cepillo debe renovarse cada tres meses, pues cepillarse con uno viejo no sirve de nada.
  • Los cepillos eléctricos también son útiles ya que mejoran el cepillado y eliminan casi toda la placa bacteriana.

2. Evitar los alimentos que perjudican los dientes

El azúcar refinado y el almidón son, por excelencia, los componentes alimenticios que más contribuyen a la formación de caries.

Su combinación, presente básicamente en dulces y productos de pastelería, resulta explosiva pues al tomarlos las bacterias multiplican la producción de ácidos que disuelven el esmalte.

Pero la clave para mantener unos dientes sanos no pasa tanto por prescindir drásticamente de ellos, sino por saber cuándo y cómo deben consumirse.

Así, los azúcares que se toman con las comidas son menos peligrosos que fuera de éstas, ya que al comer se estimula la salivación.

Lo más perjudicial, por tanto, es picar entre horas productos ricos en azúcares refinados (chocolate, galletas, pastelitos, golosinas...) o alimentos en cuya composición se ha añadido azúcar (precocinados, salsas preparadas, etc.).

La frecuencia de consumo de azúcar también contribuye a la caries: tras su ingesta, el pH de la placa dental tarda media hora en normalizarse, por lo que si se toma muy a menudo siempre se mantendrá ácida.

Asimismo, es crucial disminuir el tiempo de contacto del dulce con el esmalte, de ahí que deban evitarse alimentos blandos y pegajosos (caramelos, dulces, miel...), y que se aconseje chuparlos en lugar de morderlos.

Una dieta sana y equilibrada ayuda, por otro lado, a reforzar el sistema inmunitario para que pueda defenderse de las infecciones.

En ella no deben faltar los alimentos ricos en calcio, fósforo y flúor, básicos para la conservación de dientes y encías; tampoco la vitamina D, que favorece la fijación del calcio y el fósforo en los dientes, la vitamina A, que refuerza el esmalte, ni la vitamina C, para prevenir enfermedades en las encías.

De los cítricos, sin embargo, conviene puntualizar que contienen un ácido muy agresivo para los dientes cuyo contacto directo lo desmineraliza severamente, sobre todo el limón. De ahí que se aconseje no morderlo, usar cañitas al beber su zumo, o enjuagarse con agua después.

3. Tomar alimentos que mejoran la salud dental

Tomar determinados alimentos puede ayudar a mejorar los dientes:

  • Vegetales crudos: masticar bien los alimentos es esencial. pues incrementa la secreción salivar y permite recuperar antes la acidez normal de la boca. Esta, junto al efecto limpiador de la saliva, ayuda a eliminar los restos de comida y azúcares retenidos en los dientes. Por eso ayuda mucho tomar frutas y hortalizas crudas, que obliguen a masticar: zanahoria, manzana, apio... contribuyen a limpiar el diente, evitar el sarro y mantener la encía fuerte. Y aunque es importante cepillarse los dientes tras cada comida, de no poder hacerlo, conviene tomar una manzana o una zanahoria para estimular la salivación.
  • Lácteos: son una buena fuente de calcio y fósforo, claves para la mineralización de los dientes. El queso manchego y el gruyere, además, reducen la acidez de la placa tras la comida e impiden su formación.

4. Recurrir a remedios naturales que cuidan los dientes

Recurrir a alguna planta medicinal o suplemento repercute en la salud de los dientes y de la boca en general.

  • Aceites vegetales: incluir en la dieta aceite de oliva o girasol, por ejemplo, constituye una buena medida anticaries, pues forman una barrera protectora en la superficie del diente.
  • Salvia: posee virtudes desinfectantes y antiinflamatorias. Añadir dos gotas de aceite esencial a un vaso de agua para hacer enjuagues alivia encías inflamadas y úlceras bucales.
  • Aceite del árbol del té: es una planta antiséptica, cicatrizante y bactericida. Dos gotas de aceite esencial de una a tres veces al día, aplicadas directamente o en forma de enjuage, protegen las encías y previenen el sarro.
  • Aceite esencial de clavo: anestésico y calmante, reduce el dolor de muelas mientras se espera acudir al dentista. Se aplican tres o cuatro gotas en una bolita de algodón que se coloca en la pieza afectada.
  • Propóleo: antibiótico natural, inhibe el desarrollo de bacterias. Se puede tomar en forma de caramelo, comprimidos o jarabe, pero también se usa en dentífricos y colutorios naturales.
  • Chicle sin azúcar: posee una acción anticaries pues favorece la salivación.

5. Evitar el tabaco y el café que amarillean los dientes

El color de los dientes viene determinado fundamentalmente por genética, al igual que una mejor o peor calidad de éstos y de las encías, lo que explicarla que con una higiene y dieta idénticos, una persona sufra más caries que otra. Pero no hay duda de que de los cuidados que se brinden a la boca influirán en el aspecto de la dentadura.

En el amarilleamiento también intervienen el tabaco y el café en exceso, por eso es importante evitarlos, así como las pastas abrasivas utilizadas con este fin y de forma continuada, ya que pueden dañar el diente y la encía.

Pero más allá del efecto antiestético y el mal aliento, el tabaco provoca que las encías reciban menos oxígeno y sangre, con lo que se debilitan y disminuye su resistencia frente al ataque de las bacterias. Además, al no sangrar, aunque estén enfermas, el problema queda oculto.

Algo parecido sucede con el alcohol, pues contribuye a resecar las mucosas y provoca la pérdida de células del tejidob

6. Cuidar los dientes en cada época de la vida

En el niño hay que iniciar la limpieza en cuanto salen los primeros dientes. Es importante aprovechar ese momento para concienciarle sobre la necesidad de la higiene diaria, pues una boca sana en el adulto se cimienta en los cuidados iniciales desde la infancia.

En el otro extremo de la vida, las personas mayores sufren una disminución de la producción de saliva, por lo que hay que extremar la higiene.

Algo similar ocurre con quienes toman ciertos medicamentos, como tranquilizantes, ansiolíticos, antidepresivos, antihistamínicos y otros que producen sequedad de boca, que incrementa el riesgo de caries y periodontitis.

Por último, las mujeres deben cuidar especialmente la boca durante el embarazo.

7. Tratar a tiempo las alteraciones de la boca

Solo un tercio de los españoles acudió al dentista el año pasado y el 90% lo hizo impelido por el dolor, cuando las revisiones deberían ser anuales.

El mal estado de la boca no se queda sólo en un problema "local". Como se trata del primer órgano digestivo, donde son triturados y ensalivados los alimentos, una deficiente salud bucal que impida la correcta masticación repercutirá en la digestión.

Además, en los últimos años se ha observado una relación entre las infecciones dentales y dolencias como arteriosclerosis y trombosis. Esto se debe a que las bacterias de la zona pueden llegar al torrente sanguíneo y favorecer la aparición de coágulos.

Igualmente, la enfermedad periodontal se ha asociado a un mayor riesgo de isquemia cerebrovascular e infarto. Y los especialistas apuntan a que puede provocar partos prematuros y bebés con poco peso, debido a las sustancias que se crean en procesos como la caries o la gingivitis.

Precisamente de la relación entre los dientes y los diferentes órganos se ocupa la odontología bioenergética, que considera la boca una zona refleja en la que cada pieza está conectada con una parte del organismo sobre la que puede influir.

Así, una caries o una endodoncia mal realizada pueden causar desequilibrios orgánicos, mientras que las amalgamas de mercurio constituirían un foco de bloqueo energético.

Por su parte, la homeopatía tiene en cuenta el plano mental a la hora de hacer un diagnóstico, pues "muchas patologías en la boca son consecuencia de un desequilibrio más profundo", explica la Dra. Mónica A. Jurio, odontóloga homeópata.

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