Energía revitalizante

7 usos terapéuticos del frío para aliviar el dolor y revitalizar el organismo

Los efectos saludables del frío pueden intuirse al respirar el revitalizante aire del invierno. Aprovecha su potencial para poner en marcha tu organismo.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Manuel Núñez
Manuel Núñez

Periodista especializado en salud y ecología

Los seres humanos tenemos en general una prevención excesiva y de origen ancestral frente al frío.

Seguramente hace miles de años no era nada extraño morir congelado y por eso ahora, cuando las temperaturas bajan, nos abrigamos más de lo necesario y ponemos las calefacciones a temperaturas que mantienen artificialmente un clima casi estival en la propia casa.

La mala fama del frío puede hacer difícil de creer que el cuerpo sea capaz de resistir muy brevemente temperaturas ambientales de hasta cien grados bajo cero y que el mismo frío pueda usarse para tratar enfermedades crónicas como fibromialgia, osteoporosis, artrosis o artritis.

Muchas personas temen el frío por falta de adaptación o el prejuicio de que hay que evitarlo, pero en dosis razonables puede ser terapéutico.

El rechazo al frío es algo bastante generalizado, pero a veces puede ser síntoma de que algo no va bien.

Por ejemplo, hay personas muy delgadas que son incapaces de mantenerse calientes porque tienen muy poca grasa corporal (esta cumple una función aislante). Otras pueden sufrir una alteración metabólica.

Trastornos como la anemia, la anorexia nerviosa, el síndrome de Raynaud, problemas venosos, hipotiroidismo o ciertas alteraciones en el hipotálamo pueden causar una aversión exagerada al frío.

Tanta precaución puede hacernos perder de vista que en las personas sanas el frío es simplemente una sensación, que bien administrada funciona como un estimulante del organismo.

Es más, conviene acostumbrarse ocasionalmente a las temperaturas bajas y hacerlo sin miedo, disfrutando incluso. El frío, de hecho, tiene su papel en el fortalecimiento y la salud. El agua fría, el sol y las carreras por la arena ayudan en casos de estrés, desánimo o insomnio.

Más allá de sus beneficios para la salud, conquistar el frío, perderle el miedo, parece esencial para tener una experiencia completa y gratificante de la vida.

Al fin y al cabo, debemos saber que la vida que hay dentro de nosotros siempre generará calor suficiente para mantener el frío a raya. Emulando a Descartes, bien podríamos decir "siento el frío, luego existo".

El frío beneficia la salud... en dosis moderadas

Por supuesto, no hay que llegar al extremo de la tiritona. En dosis razonables, el frío ambiental ya produce efectos positivos en el organismo como resultado del esfuerzo que este debe hacer para adaptarse a la situación.

En primer lugar, se constriñen los pequeños vasos sanguíneos de la piel, especialmente en los brazos y las piernas, y la sangre, con su calor, se dirige a los músculos y los órganos internos. En consecuencia estos reciben una cantidad mayor de nutrientes y oxígeno.

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Sin embargo, cuando se permanece expuesto a un frío severo durante demasiado tiempo se provoca un descenso de la temperatura interna que puede tener consecuencias muy graves si el organismo no consigue mantenerse por encima de los 35 grados.

Cuando el frío penetra en el cuerpo puede provocar un vasoespasmo, es decir, una contracción del músculo que envuelve una arteria o un órgano. Si se produce en torno a la arteria que alimenta el miocardio se puede sufrir una parada cardiaca mortal.

Pero esto es algo que solo ha de preocupar a quienes se hallan en circunstancias extremas, como alpinistas, submarinistas, quienes trabajan en cámaras de frío o personas sin hogar durante las heladas.

Puede enumerarse una larga serie de efectos relacionados con el frío, como la reducción de la frecuencia cardiaca, la estimulación de la secreción de jugos gástricos o de los movimientos intestinales.

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El frío que cura: terapias basadas en el frío

El frío tiene otros efectos que pueden ser utilizados terapéuticamente. Uno de los mejor conocidos es su capacidad para inhibir el dolor.

Un estudio llevado a cabo por Susan Fleetwood-Waler y Rory Mitchell de la Universidad de Edimburgo (Escocia) ha demostrado que la aplicación terapéutica de frío puede estimular el sistema nervioso y aliviar las molestias crónicas intensas.

En sus ensayos, estos científicos descubrieron que aplicando frío intenso en pequeñas dosis en la piel se producía un fuerte efecto calmante gracias a la activación de una proteína que se halla en las células nerviosas.

Esta terapia podría aplicarse en el futuro a millones de personas que no responden a los fármacos analgésicos o que sufren demasiados efectos secundarios.

Pero el uso del frío como técnica terapéutica no es ninguna novedad. Existe constancia de que los egipcios recurrían al agua a bajas temperaturas para curar enfermedades y dolencias.

El redescubrimiento moderno del poder sanador del agua fría es obra, en el siglo XIX, del monje alemán Sebastian Kneipp, precursor de la hidroterapia y de técnicas como los chorros de agua fría en diferentes partes del cuerpo o las caminatas con los pies descalzos sobre el rocío.

El objetivo de estos tratamientos, gracias a los cuales el propio Kneipp se curó de una tuberculosis, era provocar una reacción en el cuerpo de los enfermos.

Por otra parte, pertenece a la cultura popular que la inflamación de los golpes se reduce aplicando una bolsa de hielo en la zona afectada o que las hemorroides se alivian con agua fría.

El frío intenso tiene varios efectos terapéuticos, entre ellos antiinflamatorio, analgésico y antiespasmódico, y puede usarse para tratar edemas, vómitos, desgarros musculares, dolores articulares o trastornos vasculares periféricos.

Existen múltiples técnicas crioterapéuticas (del griego krios, frío) para aplicar el frío, más o menos complejas e intensas. Eso sí: no todas las personas pueden beneficiase de la crioterapia, pues está contraindicada en diabéticos, pacientes con síndrome de Raynaud, hipersensibilidad al frío, enfermedades renales o patología cardiovascular grave.

Por otra parte, hay que enfrentarse a la experiencia con optimismo y confianza, sin miedo. Si la predisposición es mala, seguramente haremos las cosas mal y empezaremos a tiritar.

Si andar o correr al aire libre, o recibir una sesión de terapia geotermal, están al alcance de casi todos, otras prácticas están indicadas para los más atrevidos. De hecho es necesaria una mentalización.

Se puede afirmar que quien sabe o aprende a reaccionar al frío también puede hacerlo ante otras situaciones estresantes que la vida presenta.

1. Terapia geotermal

Una opción apta para todas las sensibilidades, y que no necesita de gran osadía, es la terapia geotermal. Se llama así a un masaje realizado con piedras frías y calientes, a menudo acompañadas de aceites esenciales, colores y sonidos, cuyo principal objetivo es reducir el estrés y la hiperactividad del sistema nervioso. También resulta útil para aliviar los dolores de espalda.

Las piedras planas, pulidas y frías (a unos 4 ºC), que se aplican después de las calientes, producen una vasoconstricción y una inhibición de las señales de dolor.

Además, el entorno calmado y estimulante en el que se aplica el masaje favorece una relajación y una conexión entre mente y cuerpo que pueden desencadenar los mecanismos de autocuración del organismo.

Los terapeutas emplean también la alternancia de piedras calientes y frías para estimular los canales energéticos descritos por la medicina tradicional china, tratando de esta manera los desequilibrios que muestre el paciente.

2. Enfriamiento tras la sauna

La sauna es una técnica milenaria de origen nórdico, el pueblo que más sabe lógicamente sobre el frío. Consiste en someterse sucesivamente a temperaturas muy altas y muy bajas.

La fase de enfriamiento o refrescamiento sucede a la aplicación de calor seco en la sauna propiamente dicha. Puede efectuarse de varias maneras. Una de ellas es permanecer en una estancia con aire fresco o al aire libre (y desnudos) de 8 a 12 minutos y luego recibir una >ducha o inmersión en agua fría durante solo unos segundos. Después se reposa unos 15 minutos.

El objetivo del enfriamiento en la sauna es que el cuerpo recupere la temperatura normal después de haberlo "sobrecalentado".

Tras la exposición al calor la piel puede alcanzar hasta 40 ºC. Con el enfriamiento y el reposo la temperatura baja rápidamente y en unos 20 minutos retorna a los valores normales.

Si se hace bien, el enfriamiento no causa ningún descenso exagerado de la temperatura corporal, pero sí produce una serie de efectos en el organismo.

  • La presión arterial se eleva bruscamente, tanto la sistólica como la diastólica, y puede alcanzar cifras de 130 (13) la baja y 200 (20) la alta. La subida dura solo dos minutos tras los cuales vuelve a la normalidad.
  • Disminuye también la frecuencia respiratoria con un aumento del volumen de aire que entra y sale en cada respiración.
  • Desciende la frecuencia cardiaca.

Estos efectos son más agudos cuando el enfriamiento se realiza mediante un baño, sobre todo si incluye la cabeza. Pero hay que tener en cuenta que el estímulo, adecuado para las personas sanas, puede ser excesivo para una persona con el corazón debilitado.

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3. Masajes y baños fríos

Son otra opción para entrar en contacto controlado con el frío.

  • Existe una técnica de masaje fisioterapéutico localizado con hielo que dura entre 10 y 15 minutos y que está indicado para la recuperación de los músculos de piernas, espalda y articulaciones en general.
  • Los baños fríos de brazos, por su parte, activan la irrigación sanguínea local y ejercen un efecto sedante general sobre el organismo.
  • Los de pies están indicados en casos de congestiones de la cabeza, cansancio de las extremidades inferiores y estreñimiento.
  • Los baños de asiento (en el bajo vientre, los genitales y los glúteos) se emplean para mejorar las hemorroides, el estreñimiento crónico o el insomnio.
  • En los baños de contraste se alternan las inmersiones en agua caliente y agua fría, y son la terapia más adecuada para tratar las inflamaciones y los edemas de extremidades inferiores. También están indicados en casos de congestión, dolores de cabeza y nerviosismo.

4. Chapuzón en el mar

Todos hemos visto la típica imagen de nórdicos o rusos que se meten en un agujero en el hielo y sonríen como si estuvieran en un jacuzzi caribeño. Disfrutar de esos estímulos resulta sin duda más asequible en nuestro entorno.

En las playas del Cantábrico y el Mediterráneo es común ver a gente que se da breves baños en los meses fríos.

En Barcelona, la asociación mundial de Bañistas de Invierno agrupa a varios cientos de personas que se zambullen en playas y ríos en los meses fríos, esencialmente para potenciar su salud y por el placer que les proporciona.

Aseguran que la primera inmersión es un reto, pero que salen eufóricos, orgullosos de sí mismos. Muchos no tardan en acostumbrarse, pues con cada baño -afirman- reducen las probabilidades de caer enfermos y ganan fortaleza y optimismo.

5. Cabinas de frío

En estas cabinas especializadas se realiza una exposición de tres minutos a corrientes de aire que alcanzan una temperatura de entre 115 y 140 grados bajocero.

Es difícil imaginar qué se siente en un ambiente así, teniendo en cuenta que dentro de un congelador de alimentos la temperatura es de unos 20 grados bajo cero.

6. Hidroterapia

Las técnicas de hidroterapia con frío forman parte de los tratamientos que se realizan en balnearios y spas. En función del problema se aplican chorros de agua fría, bolsas de hielo, compresas, baños fríos y de contraste (fríos y calientes) y envolturas.

7. Crioterapia en casa

Se puede aplicar un antifaz que se enfría en el congelador para revitalizar la piel de la cara y aliviar el dolor de cabeza, el cansancio, el estrés, los ojos hinchados o el insomnio. También se pueden aplicar en los ojos compresas de algodón empapado en manzanilla bien fría.

Libros sobre el poder terapéutico del frío

  • El abecedario de A. Vogel para el invierno; Alfred Vogel. Ed. Bioforce
  • La salud y las estaciones; Elson M. Haas. Ed. Vida Natural
  • Hidroterapia Kneipp; R.M. Bachmann et al. Ed. Integral

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