Salud estacional

8 claves para potenciar tu salud en verano

Pablo Saz

La naturaleza celebra durante el verano su máxima plenitud y nos ofrece lo mejor de sí misma. Es tiempo para gozarla en libertad con los cinco sentidos.

En la extensa zona al norte y al sur de los trópicos, la estación del verano esconde características especiales, una de las cuales es que se disfruta de más horas de luz y calor. De algún modo las culturas que han vivido en estas latitudes han sabido adaptarse a la estación calurosa y aprovechar al máximo sus ventajas para mejorar su capital de salud.

La civilización occidental europea se ha desarrollado dentro de estas perspectivas climáticas, al igual que países como China, que, gracias a su medicina tradicional, conoce y aplica a la vida cotidiana aspectos curativos y preventivos de las mismas. En este artículo quiero aprovechar todo el sentido común que han transmitido estos pueblos, ya que se puede gestionar con inteligencia para lograr una mayor adaptación al medio natural y una mejor prevención de la salud.

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1. Un descanso activo

En nuestro mundo tecnológico, artificial y urbano se ha establecido por costumbre disfrutar de un período vacacional que suele coincidir con el calendario escolar y que sirve para recuperar el sentido lúdico de la vida.

El verano es una explosión de sentidos, de expansión y movimiento, la estación de la fluidez y un paréntesis que permite huir de la atmósfera cargada de la ciudad y estrechar lazos con la naturaleza. También es una época de descanso relativo ya que, al disponer de muchas horas de luz, se aprovechan para realizar mayor número de actividades al aire libre, aunque a veces, a causa del calor, son necesarias las pequeñas pausas.

De ahí la sana costumbre de hacer la siesta. Sin embargo, los días de verano son más que una sucesión de actividades lúdicas. Es un momento ideal para retomar buenos hábitos perdidos y atesorar salud de cara al invierno, de disfrutar de su máximo potencial y sentirse a gusto.

En esta adaptación a la estación y al medio natural, que a veces nos es ajeno, puede surgir más de un problema que se evitan con la prudencia y unas precauciones mínimas. No hay que olvidar que los días de verano son intensos y merecen una preparación física y psicológica que ayude a disfrutar de la gran variedad de posibilidades que ofrecen más allá del sol y la playa.

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2. Provisiones de energía

Al llegar a estas fechas, como si se tratase de una rutina preestablecida, se sale de la ciudad en busca del aire libre que nos ayude a acumular vitalidad y salud para soportar mejor la vuelta a la rutina y al oscuro invierno. Como el que sale de un local lleno de humo en busca de aire fresco, así se sale de las ciudades durante la época estival.

Este gesto rutinario que se repite año tras año reporta beneficios para la salud:

  • Respirar aire más limpio. Los pulmones se renuevan y se mejora la capacidad respiratoria.
  • Espacio vital. El aire libre ofrece más espacio para moverse, correr... Disfrutar de un entorno natural transmite armonía, quietud y belleza. El crecimiento rápido de gérmenes en los alimentos puede provocar problemas digestivos, como diarreas o malestar abdominal. Hay que aprovechar esta oportunidad para rehidratarse correctamente, bebiendo líquidos y tomando prebióticos que ayuden a reequilibrar la flora intestinal.
  • Captar fitoncidas. Las fitoncidas son compuestos volátiles que producen las plantas y los árboles como defensa, conocidas por su efecto antimicrobiano, que se han demostrado eficaces en la prevención del cáncer y como antibióticos naturales. En Japón se estudian desde 1984 los beneficios de caminar por el bosque, lo que se denomina shinrin-yoku o baño de bosque. Los caminantes del bosque demuestran menor concentración de cortisol en la saliva, conocida como la hormona del estrés, mejor regulación de la presión arterial y el ritmo cardiaco, y un aumento en la actividad y la cantidad de las células naturales que fortalecen el sistema inmunitario y de las proteínas anticancerígenas. Las áreas más densas de los bosques son más efectivas que los parques de la ciudad. Las concentraciones de fitoncidas aumentan durante la estación de crecimiento del verano y disminuyen durante el invierno, aunque están presentes en los troncos de los árboles, incluso cuando pierden sus hojas en el otoño.
  • Recibir luz y sol. No solo son importantes para la síntesis de vitamina D, sino también para sincronizarse con los ritmos naturales, mejorar el estado de ánimo y estimular el sistema inmune.
  • Equilibrar la carga energética del cuerpo en contacto directo con la tierra y las energías telúricas cuando se practica el saludable ejercicio de caminar descalzo. Los iones negativos de la atmósfera marina mejoran el estado de ánimo.

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3. En armonía con los ritmos naturales

Cuando aprieta el calor el organismo agradece la calma y las pequeñas pausas.

  • La importancia de la siesta. En verano, las jornadas inagotables y el ejercicio pueden llevar a un cansancio desmesurado. Para adaptarse a estos cambios son necesarias las pequeñas pausas en el ecuador de la jornada. Practicar la siesta es un hábito saludable que permite respetar el ritmo natural del sueño, reducir el estrés y recuperar la energía perdida.
  • Sentidos en calma. El calor puede irritar a algunas personas y hacerles perder la paciencia. Combatir las altas temperaturas es sobre todo una cuestión de actitud mental, de concentración para mantener en calma los sentidos. Aceptando el calor y no pensando en él nos sentiremos mucho más aliviados.
  • La buena sombra. las sombras nos invitan a vivir el verano de otra manera, más relajada y ahorrando energía. las podemos disfrutar bajo la copa tupida de un gran árbol en el que descansar tranquilamente, leyendo un libro o en buena compañía.

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4. Intercambio de sensaciones

En la naturaleza se establece un lenguaje sin palabras de intercambio de sensaciones con el entorno que ayuda a conservar la salud y a mejorar la inmunidad, la vitalidad, el equilibro y la autoestima. Sin embargo, el período estival también puede traer consigo inconvenientes propios de la estación, como son las picaduras de insectos, que se pueden solucionar con aplicaciones de arcilla o con homeopatía (Apis mellifica para picaduras de abeja y Ledum palustre para las de mosquito).

Los arañazos, las insolaciones leves o las quemaduras solares son pequeñas reacciones a la aclimatación al entorno natural, que se evitan con prevención, entendiendo que cualquiera de estos pequeños contratiempos es menos importante que los beneficios que aporta el contacto global con la naturaleza.

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5. La estación de la energía

El verano es la época del año en la que la vegetación y las plantas están en su cénit de esplendor y madurez. Es también la época de máximo calor, a veces demasiado tórrido, sobre todo al mediodía. En la medicina tradicional china su símbolo es el Ave fénix, que arde y renace de sus cenizas, a la vez símbolo de la inmortalidad.

Se trata de la máxima expresión de la energía yang, con su abundancia de horas de insolación y de calor. En nuestras tradiciones también se celebra su llegada con las hogueras de San Juan.

El cuerpo, con mayor cantidad de luz y calor, se recarga igual que una pila de energía y mejora, según aseguraban los antiguos, todos los humores y, como añade el doctor Eduardo Alfonso, sobre todo el buen humor, el nivel psicológico que refleja el equilibro de todos los demás humores.

El corazón, que para la medicina tradicional china alcanza su apogeo en verano, a nivel psicológico representa el equilibrio de emociones y expresa la alegría de vivir cuando está en equilibrio. En la medicina china esta época también es la idónea para cultivar la lucidez, la clarividencia, la compasión y la apertura hacia lo trascendente o los aspectos espirituales.

Esta estación también es la más delicada para quienes les falla el corazón por exceso de energía: tienen fuertes cefaleas, insomnios, agitación emocional, hipertensión. Todas estas personas deben protegerse del calor. Si por el contrario se está sin energía, con angustia, depresión, anemia, hipotensión o sensación de frío, se ha de aprovechar el verano para captar el calor. La naturaleza también nos ofrece plantas y flores para equilibrar el corazón y la circulación.

El espino blanco, el sauzgatillo, la valeriana, la verbena, la caléndula, la manzanilla y el hipérico apaciguan el corazón, calman su ritmo y son sedantes; mientras que la milenrama, la angélica, la agripalma y la lavanda estimulan el corazón y la respiración.

La exposición controlada al sol, evitando las horas centrales del día, y el contacto con la naturaleza pueden contribuir a mejorar la salud cardiovascular y a aumentar las defensas del sistema inmunitario. La exposición al sol favorece la disminución de la presión sanguínea por efecto del sol, y se ha demostrado que la exposición controlada provoca una vasodilatación de los vasos sanguíneos superficiales y aumenta la circulación de la sangre en la piel, disminuyendo los valores de presión arterial. También alivia el estrés y la ansiedad.

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6. Una dieta rica en frutas y verduras

La naturaleza ofrece en verano todos los recursos para una perfecta hidratación.

  • Vitaminas A y C. Una dieta con abundantes frutas y verduras jugosas, de temporada, ricas en agua y vitaminas, permite mantenerse hidratado sin abusar de las bebidas frías. Cualquier fruta resulta apetecible pero las más aconsejables son las que contienen agua, betacarotenos y vitamina C, como el melón, la sandía, el albaricoque, el kiwi, el melocotón, la nectarina o la papaya.
  • Saborear. Es importante tomar la fruta en su punto, es decir madura y siempre que se pueda entera, perfectamente lavada y masticada, disfrutando de sus texturas, algo que resulta beneficioso para el aparato digestivo. Los zumos, licuados e infusiones frías también son apetecibles.
  • Alimentos de temporada. La dieta debe ser ligera, con raciones no muy grandes, pues se requieren menos calorías. las verduras a la brasa y las ensaladas que combinan hortalizas, legumbres y frutas son la base de una buena alimentación estival.

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7. La importancia de la hidratación

Con el calor y el ejercicio al aire libre aumenta la necesidad de hidratarse. El clima caluroso exige una gran cantidad de agua y sobre todo un sistema regulador de la hidratación que responda a la perfección. En niños y ancianos este sistema es todavía más delicado y por ello necesita ser controlado, ya que son más propensos a deshidratarse.

Cuando eso ocurre se presentan síntomas como debilidad extrema, agotamiento, dolor de cabeza, mareos, náuseas, confusión... Hay que estar atentos a la señal de la sed, y reponer agua rápidamente, ya sea bebiendo agua, zumos, infusiones, caldos de verdura, o tomando verduras o frutas frescas, que es la mejor opción.

Tampoco es necesario atiborrarse de agua sin tener sed, ya que así no se entrenan nunca los mecanismos de adaptación con la respuesta a la sed. Cuando aumenta el calor ambiental también se eleva nuestra temperatura interior.

La sudoración es el mecanismo que permite al organismo eliminar calor al evaporarse el agua transpirada de la superficie de la piel. Al sudar perdemos agua y sales que hay que reponer con regularidad. También, si refrescamos el cuerpo con agua, al evaporarse ayuda a disminuir la temperatura corporal.

El agua perdida se ha de reponer por completo para restablecer el equilibrio, pero el organismo no solo tiene una gran cantidad de agua, sino que en sus procesos metabólicos cuando se queman calorías se produce dióxido de carbono y agua. Por ello el ejercicio moderado es un regulador del agua corporal.

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8. Hábitos saludables

Durante el verano surge la oportunidad de elegir un estilo de vida más saludable que en la práctica lleva a establecer distintos hábitos:

Práctica de ejercicio

Es ideal para adaptarse y mejorar la aclimatación a las altas temperaturas. Debe ser practicado por la mañana en las horas de menos calor.

El ejercicio servirá para autorregularse y se ha de adaptar a las condiciones físicas de cada persona, sin esforzarse demasiado, y responder a los requerimientos de líquidos cuando el mecanismo de la sed avise. En caso contrario aparecerán calambres musculares, tanto por la deshidratación como por la pérdida de sales a través del sudor.

El calor ambiental, por otra parte, mejora el rendimiento muscular.

Gozar de mayor descanso

Es necesario disfrutar de un reposo adecuado por la noche y recuperar el hábito de la siesta (descanso reparador) en la hora de mayor calor, respetando el instinto del sueño tras la comida y los ritmos naturales del organismo.

Si se tiene en cuenta que la energía estacional del corazón es el verano, no es de extrañar que resulte más fácil caer en la tentación de "descansar el corazón" justo en su hora de máxima energía, tras la comida del mediodía. Y cuando aparece la somnolencia acogerse a ella, como quien se deja mecer por una ola o la sigue sobre una tabla de surf.

El placer de conversar

El verano es una ocasión para estrechar las relaciones con la familia y establecer lazos de amistad. Las tertulias a la fresca de la noche bajo un cielo estrellado nos harán ver la vida con mayor optimismo.

Los resfriados en verano

Se han de evitar los climas artificiales y el aire acondicionado, que suelen producir más alteraciones en las vías respiratorias que en invierno. En verano abundan los catarros relacionados con la rinitis a frigore, que es la mala adaptación al aire acondicionado o a los contrastes entre el frío y el calor.

Hay que dejar que el cuerpo se adapte a las temperaturas progresivamente y saber convivir con el calor con frutas frescas y bebidas no muy frías.

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