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Automasaje facial para relajarse en 9 pasos

Aprender a utilizar las manos como herramienta para el automasaje facial es un proceso que requiere paciencia, pero conviene aprenderlo porque ayuda a regenerarse y a recuperar la salud física, emocional, mental y espiritual.

¿Quién no conoce el placer y el relax de dar la mano a alguien y sentir su textura, calor y firmeza? ¿O el contacto de una mano en la espalda, acompañándonos en un momento doloroso? El mismo efecto relajante puede ejercer un automasaje sobre nuestro rostro.

Aprender a utilizar las manos como herramienta para el automasaje facial es un proceso que requiere paciencia.Sin embargo, una de las cualidades del automasaje facial es que se puede realizar en cualquier momento del día o la noche, y en cualquier lugar, lo que supone que aprender la técnica nos da la opción de disponer de una herramienta relajante que podemos ustilizar en cualquier situación.

¿Cómo prepararse para un automasaje facial?

Para realizar un automasaje facial, conviene sentarse sobre los isquiones, cómodamente, intentando que la columna vertebral esté recta sin estar rígida. Nos aflojamos la ropa de manera que podamos sentir el cuerpo.

Prestar atención a cómo nos sentimos y cómo estamos es la disposición principal que se precisa para dar y recibir el masaje, la que nos da un foco mental y permite advertir las zonas vulnerables –como las sienes– y el trato que debemos darles.

Cuanta más atención se preste en general al automasaje y a la colocación de las partes del cuerpo que aparentemente no participan en él, mejor será el resultado.

Otros factores que hay que tener en cuenta son:

  • La presión. A ser posible debe ser relajada, sin requerir fuerza, y en algunas partes como las mejillas hay que dejar caer el peso de la cabeza relajada sobre los dedos. La presión ha de ser cambiante: la frente aguanta más presión por tener el cráneo como soporte; en cambio, los párpados, que no lo tienen, deben acariciarse para conocer la textura, rozarlos y masajear a partir de ese roce mínimo. Se ejerce presión durante un tiempo aproximado de treinta segundos o, mejor, de siete a diez respiraciones.
  • La utilización de los dedos. Se emplean las yemas o las puntas de los dedos, o el espacio entre ambas. Los movimientos son:
    • De descanso, en los cuales nos quedamos un instante sobre uno o varios puntos;
    • De ligera presión;
    • De rotación;
    • Y de desplazamiento por la cara.
      En los dos últimos es importante advertir el ritmo del movimiento, adecuándolo a nuestra reacción.
  • La dirección. Cuando se trabaja en vertical, se va de abajo arriba. Cuando se hace en horizontal, del centro de la cara hacia las orejas. Y si es en la frente, en dirección hacia las sienes.
  • El agarre. Se puede realizar en las cejas, amasándolas suavemente; en la mandíbula, donde los dedos y la mano se emplean en mover la mandíbula; o en las orejas, poniendo las palmas de las manos sobre ellas, agarrándolas con los dedos por atrás, dejando los pulgares relajados al lado del dedo índice y tirando de ellas hacia la nuca.

Consejos para empezar con el automasaje

  • Es aconsejable estar en un espacio tranquilo, agradable, placentero y bien aireado.
  • Conviene no ser interrumpido para poder dedicarse ese momento e intentar concentrarse. Para ello encenderemos una luz tenue que no sea agresiva y que no dé directamente a los ojos.
  • Quienes lleven gafas deben quitárselas: no es importante la precisión en lo que vemos sino dejar los ojos relajados.
  • Un masaje completo en la cara puede durar de diez a veinte minutos, pero dependerá de cómo lo sintamos: a veces puede durar más si se nota que se necesita más tiempo en un punto, y otras menos, por ejemplo si se realiza en el lugar de trabajo o la oficina, sea presionando solamente sobre un punto, para aliviar un dolor o tensión, o bien haciendo el masaje general.
  • Antes de empezar el masaje, frota las palmas de las manos una contra la otra, en círculo, y juega con la distancia entre ellas, juntándolas y separándolas como si sostuvieras una bola de aire.
  • Colócalas, relajadas, a poca distancia de los ojos y detente ahí para disfrutar del calor pacífico que desprenden. Luego muévelas alrededor de la cabeza para distribuir la energía.
  • Descansa un momento las palmas sobre la cara, con las yemas de los dedos suavemente apoyadas en la frente y sintiendo aún el calor de las palmas. Este saludo sirve para concentrarse y recuperar el contacto con uno mismo.

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Cómo hacerse un automasaje de shiatsu facial en 9 pasos

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1. Las sienes

Con las yemas de los dedos índice, medio y anular sobre las sienes, escucha el pulso e inicia pequeñas rotaciones en una dirección y luego en la otra.

Deja la yema del dedo anular sobre el final de la ceja tres respiraciones, y el dedo medio en el centro de la sien tres respiraciones más.

Fotografía: Marc Costa
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2. Las mejillas

Con el tronco y la cara bien alineados, coloca las yemas de los dedos índice, medio y anular bajo los pómulos, y apoya el peso de la cabeza ligeramente contra los pómulos.

Respira un instante y desplaza las yemas por los pómulos desde la nariz hacia la oreja varias veces como si pulsaras las teclas de un piano.

Al final siente el movimiento de la articulación de la mandíbula.

Fotografía: Marc Costa
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3. Boca y mandíbula

Con los pulgares bajo la barbilla y los otros cuatro dedos sobre el mentón, agarra la mandíbula y muévela hacia arriba y abajo.

El movimiento lo han de ejecutar las manos, no la mandíbula. Después realiza movimientos laterales y en círculo.

Al acabar, descansa los brazos y relaja la mandíbula con la boca cerrada. Siente el espacio entre los dientes.

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Fotografía: Marc Costa
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4. Orejas

Coloca la punta de los dedos índices en el interior del orificio de la oreja, sin apretar.

Gira los dedos media vuelta por la parte de arriba y hacia atrás, y empieza a aplicar una pequeña vibración de dentro afuera de la oreja como si quisieras sacar el agua que hubiera entrado en ella.

Sostén el cartílago con el dedo pulgar delante y el índice y medio detrás, y amásalo.

Fotografía: Marc Costa
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5. Nariz

Con la punta de los dedos medio, índice, anular y meñique colocados en línea y paralelos a la nariz, sube con pequeños círculos por los lagrimales hasta la parte interior del cuenco óseo de los ojos.

Percibe bien las sensaciones, intentando limpiar la mucosidad, y repítelo varias veces.

Acaba con el dedo índice al lado del ángulo de entrada de las fosas nasales, aplicando una ligera presión.

Fotografía: Marc Costa
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6. Cejas

En la parte más alta de las cejas, medio milímetro por encima de ellas, se encuentra el punto 14 del meridiano de la Vesícula Biliar. Descansa las yemas de los dedos índices en él durante tres respiraciones.

Después, con los dedos índice y pulgar pellizca suavemente, como si amasaras, las cejas desde su inicio y hacia fuera, hasta llegar a las sienes. Repite dos o tres veces.

Fotografía: Marc Costa
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7. Ojos

Coloca las yemas de los dedos índices en el nacimiento interno de los ojos, al lado de los lagrimales, hacia la nariz. Deja caer adelante el peso de la cabeza. Respira tres veces.

Haz lo mismo en el otro extremo del ojo, al lado de las sienes y con la cabeza recta, presionando con el índice sobre el hueso craneal.

Finalmente, deja los tres dedos centrales acariciar el globo ocular.

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Fotografía: Marc Costa
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8. Frente

Coloca las yemas de los índices en el entrecejo, con los dedos corazón apoyados sobre las uñas de aquellos. Apoya ligeramente el peso de la cabeza, haz tres respiraciones y siente la columna alargarse desde el cóccix a la cabeza.

Con los pulgares presiona desde el entrecejo hacia las sienes. Y frota sobre el centro de la frente hacia las sienes con las palmas, cinco veces.

Fotografía: Marc Costa
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9. Terminando el masaje

Frota las palmas de las manos una contra la otra, ponlas sobre la cara y desde el centro acaríciala hacia las orejas, con un movimiento enérgico y más o menos presión según sientas. Repítelo unas cuantas veces.

Por último deja descansar las manos sobre los ojos cerrados y durante unas diez respiraciones experimenta el cambio que se ha producido.

Para disfrutar y aprovechar bien el masaje, conviene reservar unos minutos al final para sentir. ¿Qué efecto ha tenido sobre la cara? ¿Se prolonga por el cuello, la espalda y el tronco hasta llegar a los pies? Después se observa la respiración. ¿Ha cambiado su ritmo y calidad?

Finalmente se intenta percibir la temperatura del cuerpo, los sonidos y la claridad de la sala... integrándolos y visualizando una luz en todos ellos.

Fotografía: Marc Costa

Libros para profundizar en el shiatsu

  • Libro completo de shiatsu; Shigeru Onoda, Gaia Ediciones
  • El libro del shiatsu; Paul Lundberg, Ed. RBA Integral
  • Tratado completo de terapia shiatsu; Toru Namikoshi, Ed. Editorial

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