Los 9 secretos de la belleza zen

La belleza surge de manera natural cuando cuerpo, mente y espíritu están en armonía. Desde hace siglos en Japón los rituales de belleza buscan ese equilibrio.

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Las algas son muy preciadas en el mundo de la cosmética. Las verdes, en concreto, ayudan a eliminar la retención de líquidos en las piernas, a deshinchar los tobillos y a suavizar la celulitis.

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El zen, en un principio un método de entrenamiento espiritual para vivir con plena conciencia, se refleja en la actualidad en multitud de manifestaciones artísticas y cotidianas, desde la pintura y el diseño de jardines hasta la ceremonia del té o el arte floral del ikebana, y cómo no, en el cuidado de la imagen personal.

Para los japoneses el concepto zen de belleza parte de la salud y se basa en valores como la simplicidad, la serenidad y la simbiosis con la naturaleza. Saben que el aspecto exterior debe ser coherente con la realidad interior.

Una piel sana es reflejo de un equilibrio emocional y una actitud mental positiva. Pero para lograr la armonía el organismo se debe tratar como un conjunto de cuerpo, mente y espíritu. Esta es la base del zen, una filosofía ancestral que cada vez se adopta más como estilo de vida y que influye en muchos aspectos de la sociedad tanto japonesa como occidental.

Así, cuando el cuerpo está en armonía se consigue un equilibrio energético que repercute positivamente en la belleza. Por ello, una dieta equilibrada, combinada con ejercicios físicos y mentales, y la aplicación de cosméticos en gran mayoría naturales es la fórmula que utilizan para conseguirlo. Te contamos los 9 secretos de la belleza zen.

1. rituales japoneses de belleza

En Japón los cuidados de belleza se han realizado con exquisita dedicación, llegándose a convertir casi en pequeños rituales, El maquillaje o los baños son un ejemplo.

Las marcas occidentales han sabido además encontrar en la cultura nipona una fuente de inspiración para elaborar sus cosméticos. Algunas ponen a nuestra disposición secretos de belleza celosamente guardados durante siglos por la mujer oriental, e incluyen en sus innovadoras fórmulas ingredientes que provienen del país del Sol Naciente.

Aunando tradición con las más avanzadas investigaciones han obtenido cosméticos verdaderamente eficaces que ayudan a conseguir esa deseada piel de porcelana de las geishas.

La lista de ingredientes naturales procedentes del archipiélago japonés es larga. Los más relevantes y populares van desde el té y las algas hasta el aceite de camelia o la soja, pasando por el bambú, la flor de loto y el arroz.

2. La exfoliación

Limpiar y exfoliar permite dar suavidad y luz a la piel, y así los cosméticos penetran mejor.

Hace siglos las mujeres japonesas se exfoliaban la piel frotándola con bolsas de seda llenas de judías azuki molidas. Gracias a sus propiedades depurativas, estas pequeñas alubias rojas limpian la piel, la nutren y suavizan. Hoy se incluyen en algunas fórmulas cosméticas.

Prueba a elaborar este sencillo exfoliante: mezcla dos cucharadas de judías azuki secas, trituradas en molinillo de café, con dos cucharaditas de leche entera, o nata líquida si la piel está muy reseca; aplícatela en la cara o el cuerpo dos minutos y frota con un cepillito.

Pero, sin duda, uno de los exfoliantes más usados en cosmética natural es la caña de bambú micronizada, pues exfolia la piel sin agredirla. El bambú estimula también la síntesis del colágeno y ayuda a regenerar los tejidos.

3. Aceites para conseguir una piel de seda y un pelo brillante

La flor de loto, símbolo de pureza y creación, es unade las plantas utilizadas para el cuidado de la piel. Esta planta acuática, de delicada fragancia, sacia la sed de la piel hidratándola en profundidad. Tiene también propiedades astringentes y cada vez son más los laboratorios que se interesan por ella.

El aceite de Camelia o tsubakiha sido y es uno de los cosméticos más usados en Japón para cuidar la piel. Este potente antioxidante combate el envejecimiento y la pérdida de elasticidad de la piel seca y sensible. El aceite de camelia se emplea asimismo como acondicionador para el cabello.

Durante la era Heian (749-1185) las mujeres japonesas llevaban el pelo muy largo y algunas se lo dejaban crecer casi hasta el suelo. Para fortalecer y nutrir su negra y brillante cabellera utilizaban como champú una mezcla de algas, aceite de camelia, yema de huevo y salvado de arroz.

En cabellos ásperos y quebradizos, pueden añadirse al champú habitual, en el momento de usarlo, tres o cuatro gotas de este maravilloso aceite, que se puede encontrar en herboristerías y tiendas de productos asiáticos.

En el cuidado de la piel y el cabello la cosmética de inspiración oriental se vale también del arroz, que al contener vitamina E neutraliza los radicales libres responsables del proceso de envejecimiento. El aceite de arroz, obtenido de la cáscara, se indica para pieles y cabellos ásperos y faltos de brillo. Hay quien se lo aplica en el cabello después de lavarlo para que quede suave y brillante.

Puedes preparar una loción capilar casera diluyendo una cucharada de aceite de arroz en un cuarto litro de agua y aplícatelo tras el último aclarado.

4. Cuidados marinos: algas orientales en cosmética

Del mar ha extraído Japón tradicionalmente uno de los ingredientes más apreciados en los últimos tiempos en cosmética y en balneoterapia: las algas.

Estos vegetales marinos, como el agar-agar o el nori, actúan como nutrientes, rejuvenecedores, revitalizantes, desintoxicantes, reafirmantes y oxigenantes de la piel. Por si fuera poco, la iluminan devolviéndole su brillo natural.

A nivel interno, estimulan el metabolismo, ayudan a eliminar líquidos y mejoran la circulación.

Las hay azules, verdes, marrones y rojas. Las verdes son las más apropiadas para eliminar la retención hídrica en las piernas, los tobillos hinchados y el aspecto blando y acolchado de la celulitis.

5. La soja y sus propiedades antienvejecimiento

Originaria de China, la soja la introdujeron en Japón los monjes budistas hacia el siglo VII y enseguida se convirtió en un cultivo popular.

Hoy diversos estudios científicos avalan la teoría de que las isoflavonas que contiene actúan en el organismo como si fueran estrógenos. Estos fitoestrógenos tienen un intenso efecto antioxidante, además de propiedades antivíricas, anfúngicas y bactericidas.

Ayudan a reforzar la cohesión celular de la piel volviéndola más elástica. La soja aporta, por otro lado, hidratación a la piel y su elevado contenido en vitaminas E y K hace de ella un poderoso nutriente que frena el envejecimiento cutáneo.

Tampoco es nada desdeñable su efecto sobre el cabello, por lo que se emplea en productos capilares de efecto protector, nutritivo y suavizante.

Las propiedades de la soja son tantas que incluso algunos de sus derivados han hallado su aplicación en el campo de la cosmética. La lecitina de soja, por ejemplo, además de ser uno de los complementos dietéticos más consumidos en todo el mundo, se emplea en cosmética como sustancia emulsionante, homogeneizante y antioxidante.

6. El té, un aliado antioxidante

El té, además de protagonizar un importante ritual para los japoneses, se ha convertido en un buen aliado de la belleza por sus propiedades antioxidantes.

El té blanco, el más suave y delicado, contiene el triple de polifenoles que los demás tipos, y de ahí su poderoso efecto antioxidante.

El té verde reduce la grasa corporal, ayuda a la oxigenación de las células e hidrata. Por su eficacia contra los radicales libres es quizás el más utilizado en cosmética.

Para frenar el envejecimiento prematuro, mezcla dos cucharaditas de zumo de aloe con una de miel fluida y otra de infusión de té verde concentrada. Añade caolín o arcilla blanca y aplícatelo sobre la piel de la cara.

7. El baño tradicional japonés como ritual de belleza y salud

Pero, además de las fórmulas cosméticas, relajarse es una de las claves para lograr la armonía interior y que esta se refleje en el aspecto exterior.

Un buen baño de agua caliente con aceites esenciales es una de las maneras más gratificantes de conseguirlo. En Japón, los onsen o balnearios forman parte del culto que los japoneses rinden al baño.

El baño es intrínseco a la cultura japonesa. Pero no es la limpieza lo que se persigue. Un baño es, ante todo, deleitarse con el cuidado hacia uno mismo. Un ritual de belleza y salud, física y mental.

En el ofuro, o baño tradicional japonés, la motivación es relajarse, eliminar toxinas y propiciar la reflexión, incluso la meditación.

No se emplean jabones ni aceites, solo agua caliente a casi 40 ºC.

El té en el baño resulta muy relajante. Puedes añadir un litro de una infusión de té verde al agua de la bañera y sumergirte, al menos, diez minutos,

Para disfrutar de un baño energetizante, añade al agua veinte gotas de aceite de bambú con quince de aceite de germen de trigo. Del bambú se dice que combate la tristeza y aporta energía y bienestar.

8. Masajes orientales de belleza

También algunas técnicas orientales están hallando gran aceptación en el campo de la estética entre quienes se deciden a probarlas.

Tras el baño, muchos centros de estética imparten un masaje por todo el cuerpo aplicando toallas calientes y frías, al final del cual extienden sobre la piel exóticos aceites esenciales que sumen en un regocijo interior de paz y tranquilidad difícil de describir con palabras.

El principio es el mismo que en el otefuki. Esta técnica de masaje oriental utiliza toallas calientes y frías conocidas como oshibori,que se van desplazando alternativamente a lo largo de todo el cuerpo. Se consigue una agradable relajación y a la vez se estimula el sistema circulatorio. La piel queda suave, luminosa y limpia.

El shiatsu, un antiguo masaje japonés basado en la presión sobre determinados puntos del cuerpo para canalizar la energía hacia las zonas que más lo necesitan, mejora la salud y la belleza aportando bienestar y mejorando el estado de la piel.

Otro masaje beneficioso para la piel es el chin-yang, que se realiza con una toalla caliente, bambú y canela, y que arrastra gran cantidad de toxinas.

9. Maquillaje zen

Según el concepto de belleza zen el maquillaje ha de ser sutil, minimalista, apenas perceptible, y por encima de todo, natural, capaz de embellecer el rostro sin que los demás apenas lo perciban.

Si puedes, maquíllate en un lugar con abundante luz, preferiblemente natural, para evitar manchas y las antiestéticas diferencias cromáticas.

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