Piel bella a cada edad

Cuidados para la piel tengas la edad que tengas

Maripi Gadet

Muchas de las imperfecciones de la piel son resultado cómo evoluciona con el tiempo. Comprenderlo permite cuidarla y potenciar sus recursos regenerativos.

La piel es un órgano vivo en constante cambio sobre el que el paso del tiempo va dejando huellas. Se trata de signos que hablan de la vida y que hacen que cada rostro sea único y bello en su expresividad.

El envejecimiento cutáneo es completamente natural e imparable. La piel pierde su firmeza, se apaga y se arruga porque sus fibras elásticas se desgastan, la producción de colágeno y el tejido conjuntivo disminuyen, y las células se regeneran de manera cada vez más lenta.

Cada piel envejece según un código genético individual pero también por la acción de otros factores que aceleran el proceso, el más importante de los cuales es la radiación solar: nada peor que la exposición directa al sol para que la piel envejezca rápido.

Otros condicionantes que contribuyen a deteriorar la piel son una alimentación poco natural, el ritmo acelerado de vida, el efecto nocivo del tabaco u otras sustancias tóxicas y la contaminación ambiental.

Aún se sabe poco sobre el cómo y el porqué de este proceso biológico por el que la piel va envejeciendo. Sin embargo, se puede ralentizar siguiendo ciertos cuidados.

El descanso y el equilibrio emocional se reflejan en el rostro, así que es fundamental dormir lo suficiente y adoptar una actitud mental positiva. Una dieta variada y equilibrada, que incluya fruta y hortalizas a diario y abundante agua, también contribuye a mantenerla en buen estado. El ejercicio oxigena las células.

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¿Qué necesita la piel en cada etapa vital?

La frontera entre los productos antiedad y los cosméticos normales es menos clara de lo que se cree. Más que los agentes activos específicos, lo que hace que un cosmético sea interesante es la calidad de sus ingredientes de base y el conjunto de la fórmula.

En principio, cualquier buen cosmético podría llevar la etiqueta de "anti-age" o "anti-arrugas", y especialmente los que cuentan con aceites vegetales y extractos de plantas, que son en sí mismos cócteles de agentes activos.

A los 20: equilibrar

Durante la adolescencia el acné y las espinillas se presentan con mayor frecuencia debido, en gran medida, a las alteraciones hormonales. Con todo, la piel vive una de sus mejores épocas.

Es un buen momento para comenzar una rutina de belleza sencilla que incluya limpieza, hidratación y protección.

Para el acné y las impurezas se recomienda una buena rutina de limpieza. Es preferible evitar el uso de jabones antibacterianos demasiado abrasivos, que pueden secar antes los granos de acné pero también irritar la piel.

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A los 30 y los 40: revitalizar

Con el tiempo las glándulas encargadas de la producción de colágeno y elastina natural se vuelven más perezosas y aparecen las arrugas: las primeras patas de gallo y líneas de expresión.

Por su parte, las glándulas sebáceas producen menos aceite y la piel se torna más seca. En esta fase vital, la clave es hidratar, nutrir y proteger la piel para estimular su regeneración.

A partir de los 50: ganar firmeza

A partir de los 50 se pueden utilizar fórmulas intensivas que ayuden a renovar, reparar y fortalecer la piel madura, además de un protector solar incluso para salir a la calle.

El envejecimiento de la piel se manifiesta con la aparición de arrugas y la pérdida de elasticidad. Para las arrugas, la cosmética natural ofrece fórmulas sencillas y muy eficaces:

Tritura la pulpa de medio aguacate y añade una cucharadita de zumo de naranja natural y 10 gotas de aceite de almendras dulces. Aplica esta mezcla 15 minutos sobre el rostro y retira con agua tibia. Los resultados te asombrarán.

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