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Adiós a las caries

Más que cepillarte los dientes, revisa tu dieta

¿Sigues una higiene dental correcta y aun así tienes caries? La respuesta está en el exceso de glucosa que boicotea el mecanismo natural que mantiene fuerte tus dientes.

Juan Carlos Mirre

Cada vez hay más dentistas, más clínicas dentales, más dentífricos sofisticados, más cepillos de diseño, eléctricos, rotativos, de chorro… ¡Y cada vez hay más caries!

A pesar de los consejos profesionales no hay manera de evitar la caries. No nos queda otra que sentarnos en el sillón del dentista para que perfore y rellene. Y volver a hacerlo unos años después, hasta que la pieza ya no dé más de sí y se caiga o tengan que extraerla.

Como en otros casos, este sinsentido de la medicina convencional se basa en una concepción equivocada, la de que los dientes nada pueden hacer frente a las voraces bacterias, que son las que forman la placa dental que destruye el esmalte y causa la caries.

Esta fue la hipótesis del dentista estadounidense Willoughby D. Miller hace más de un siglo: "Nuestro cuerpo no tiene sus propios mecanismos de defensa, no es capaz de recuperar la salud si no media el auxilio de un profesional médico".

La higiene bucal no basta

Años después de esta hipótesis de Miller, varios médicos y dentistas, hartos de sentirse impotentes ante la aparición inexorable de nuevas caries en sus pacientes –por más cepillados diarios que se hicieran–, descubrieron que los integrantes de muchos pueblos, que jamás se cepillaban los dientes ni acudían al dentista, gozaban de perfectas dentaduras, con excepcionales piezas cariadas que hasta los más ancianos conservaban.

Después de muchas observaciones y estudios llegaron a la conclusión de que su excelente salud dental estaba relacionada con su dieta natural; es decir, con una alimentación sin azúcar ni harinas refinadas, ni ningún otro alimento procesado industrialmente.

Es más, comprobaron que cuando estos pueblos adoptaban nuestras típicas comidas occidentales y modernas, con abundantes dulces y carbohidratos refinados, ¡sus dientes se llenaban de caries y empezaban a perder piezas!

Preguntas sin respuesta de la ciencia

Paralelamente, a medida que se progresaba en los conocimientos de biología, bioquímica e inmunología, la teoría de que nuestras piezas dentales son como trozos de tejido muerto a merced de las bacterias de la boca resultaba cada vez más ridícula.

Si nuestro cuerpo tiene un eficiente sistema inmunitario que nos protege de los más virulentos microorganismos patógenos, ¿cómo es posible que nuestros dientes, hechos del material más duro de nuestro organismo, puedan ser perforados por unas bacterias corrientes? ¿Cómo se explica que los arqueólogos encuentren dientes en perfecto estado de nuestros ancestros homínidos, enterrados hace millones de años, y en nuestra boca no duren indemnes más que unos pocos años?

El avance científico hizo cada vez más evidente, por otro lado, que el microbioma bucal es sumamente complejo y está formado sobre todo por millones de bacterias benéficas y sustancias antibióticas, antiinflamatorias, protectoras y remineralizadoras contenidas en nuestra saliva.

¿Qué dicen tus dientes de tu salud?

Descodificación dental

¿Qué dicen tus dientes de tu salud?

Sin embargo, hubo que esperar hasta finales del siglo XX para hallar respuestas: varios científicos empezaron a vislumbrar cuáles eran los verdaderos mecanismos fisiológicos que mantienen nuestros dientes en perfecta salud.

¿Cómo se originan las caries?

En la década de 1990, los doctores Ralph R. Steinman, profesor de Medicina Oral, y John Leonora, endocrinólogo, ambos de la Universidad de Loma Linda en California, identificaron la cascada de hormonas que controla la salud de los dientes.

Las hormonas controlan el funcionamiento de todos los órganos de nuestro cuerpo y gran parte de ellas lo hacen a través de una cascada de reacciones que suelen originarse en el hipotálamo, una glándula cerebral que segrega hormonas, como la vasopresina o la oxitocina.

El proceso se inicia con la hormona parotidea que segrega el hipotálamo y que, cuando alcanza las glándulas parótidas de nuestra cavidad bucal, las estimula para que segreguen una nueva hormona: la parotina.

La parotina es la encargada de estimular los odontoblastos del borde externo de la pulpa dental, para que segreguen el fluido dentinal que circula por los túbulos de las dentinas. También se encarga de mantener los dientes vivos, mineralizados y ricos en células inmunitarias que protegen el tejido dental de los potenciales patógenos, para mantenerlos a salvo de caries.

Pero Steinman y Leonora observaron que, ante un exceso de glucosa en sangre, se bloquea la secreción de la hormona parotidea desde el hipotálamo.

Al no recibir esta hormona, las glándulas parótidas dejan de segregar la hormona parotina, lo que inhibe la secreción del fluido dentinal de los odontoblastos. La dentina, sin su suministro de nutrientes, comienza a desnaturalizarse y desvitalizarse. Si el proceso se prolonga, el tejido dentinal comienza a necrosarse y se convierte en un tejido muerto adonde acuden las bacterias para metabolizarlo. Es lo que genera la caries.

De ahí que la excesiva ingesta de azúcar y productos elaborados con harinas refinadas provoque la aparición de caries. Es por la interrupción de la cascada hormonal y no porque se engorde a las bacterias de la placa dental.

La buena salud empieza en la boca

Hábitos saludables

La buena salud empieza en la boca

Los dientes no son un tejido inorgánico muerto vulnerable a las voraces bacterias, sino que, al igual que los huesos, constituyen un tejido orgánico vivo, en constante renovación y por cuyo interior circula un fluido nutriente derivado del plasma sanguíneo. Es el que llega hasta la pulpa dental.

Etiquetas:  Azúcar Salud Hormonas

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