Maquillaje de fiesta: trucos de maquillaje para un resultado natural

Realzar la belleza personal y, al mismo tiempo, favorecer la salud cutánea es el objetivo de los maquillajes actuales: así les sacarás el mejor partido.

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Es esencial preparar la piel antes de maquillarse. Aplicar un tónico facial primero y una crema hidratante fluida después son la clave.

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En realidad, llevar la "cara lavada" es el mejor modo de mostrar un aspecto radiante. Sin embargo, es preciso señalar que quienes desean maquillare ocasionalmente, no tienen por qué pensar que están dañando su piel, pues la cosmética actual apuesta por productos multifuncionales que no sólo maquillan el cutis sino que le proporcionan los elementos necesarios: para mantener su salud.

Se puede decir que un buen maquillaje es aquel que realza los rasgos físicos de la cara de un modo armonioso y discreto y que proporciona un aspecto saludable.

Pero no hace milagros. Mostrar un cutis terso y luminoso requiere de algunos cuidados que podrían tener poco que ver con la cosmética, pero que resultan fundamentales para ensalzar la belleza personal. Se trata de la alimentación y el descanso.

La piel necesita ser alimentada. Por fuera, se puede cuidar con el uso de diversos tratamientos nutritivos y con el mantenimiento de una limpieza diaria del cutis.

Por dentro, las claves residen en:

  • mantener una alimentación sana y equilibrada, rica en vitaminas y minerales que ayudan a preservar la tersura y el color natural de la piel;
  • beber suficiente agua para mantener una buena hidratación (la deshidratación es uno de los enemigos principales de la piel);
  • practicar ejercicio con regularidad para eliminar toxinas
  • y descansar lo suficiente para que la piel se regenere durante el sueño.

Si se tienen en cuenta todos estos cuidados, Llevar la "cara lavada" es el mejor modo de mostrar un aspecto radiante. Sin embargo, es preciso señalar que quienes se maquillan a menudo, incluso a diario, quienes deseen hacerlo ocasionalmente, no tienen por qué pensar que están dañando su piel, pues la cosmética actual apuesta por productos multifuncionales que no sólo maquillan el cutis sino que le proporcionan los elementos necesarios: para mantener su salud.

Maquillaje de fiesta natural: paso a paso

Antes de maquillarse es imprescindible preparar el lienzo. Practicar una limpieza a fondo y aplicar un tónico facial y una crema hidratante fluida, por este orden, son los pasos previos que se requieren para cuidar la piel.

La elección de la base de maquillaje es fundamental para conseguir unos resultados óptimos y conviene decantarse por aquellos productos testados dermatológicamente y de buena calidad, que no contengan siliconas ni aceites minerales y cuyos pigmentos sean naturales, pues este producto va a estar durante muchas horas en contacto directo con la piel.

Si además ésta presenta algún problema cutáneo como acné, exceso de grasa o sequedad, la base debe adaptarse a dichas características a fin de no acentuarlas y, al mismo tiempo, obtener un buen acabado.

Las prisas nunca son buenas compañeras, tampoco a la hora de maquillarse, ya que es importante observar detenidamente cuál o cuáles son los rasgos más bonitos de la cara para dedicarles mayor atención.

Tras la hidratación previa, ya se puede trabajar sobre el cutis. El primer paso es disimular las imperfecciones y ojeras con la ayuda de un corrector más claro que el tono de la piel.

A continuación ya puede aplicarse la base de maquillaje, que debe ser de un color similar al del cutis para evitar "efecto máscara", pues, en definitiva, maquillarse bien consiste en que los productos se noten en conjunto ofreciendo un buen resultado, pero no se vean de modo individual.

Existen dos opciones para hacerlo: extenderla con la yema de los dedos o recurrir a una esponjita especial para esta aplicación.

Para no excederse en la cantidad conviene humedecer previamente la esponja con agua de manera que la base de maquillaje se extienda por el cutis y el cuello con facilidad y de un modo uniforme.

Después ya se pueden maquillar los ojos: un lápiz delineador, una máscara de pestañas (las hay para dar volumen, espesor o longitud) y unas sombras son suficientes para ganar expresividad en la mirada.

El colorete otorga luz y vitalidad en la cara: con la ayuda de una brocha se comienza un trazo en las sienes y se acaba suavemente en las aletas de la nariz, bordeando toda la parte inferior de los pómulos.

Por último, se da color a los labios, teniendo en cuenta que se trata de una zona sensible, que se reseca con facilidad porque la segregación de las glándulas sudoríparas y sebáceas es muy escasa.

Para maquillarlos y, al mismo tiempo, protegerlos puede optarse por un lipgloss o brillo labial, que proporciona una alta hidratación y una apariencia natural pero voluminosa, o por un pintalabios con pigmentos naturales, aceites hidratantes, como los de jojoba, ricino y aguacate, y filtro de protección solar.

Como punto final pueden aplicarse polvos sueltos, que sirven para fijar el maquillaje, suavizar los colores (si resultan algo intensos) y eliminar los brillos de la piel debidos a la secreción sebácea.

Finalmente, solo cabe señalar que el maquillaje es una aportación más para mostrar la belleza exterior, pero lo que realmente importa es sentirse bien con uno mismo porque ese bienestar constituye el maquillaje más inteligente y natural que se pueda obtener.

La evolución del maquillaje

A lo largo de la historia, todas las civilizaciones y culturas han recurrido al maquillaje con el objetivo de lograr un aspecto distinto y realzado de uno mismo, ya fuera en hombres o en mujeres.

También los materiales fueron adaptándose para obtener un mejor resultado.

En Babilonia, la reina Semíramis ya disponía de cosméticos naturales para blanquear la piel.

En el Antiguo Egipto, se potenciaba la expresividad de los ojos con colores intensos que se conseguían a base de mezclar tierra, cenizas y tinta y empleaban un tinte de ocre rojo y óxido de hierro para embellecer los labios.

En la Grecia clásica y, posteriormente, en Roma la piel acaparó las atenciones cosméticas, en la búsqueda por obtener una tonalidad marmórea, salpicada de colorete rojizo y ojos muy acentuados.

El maquillaje, sin embargo, dejó de ser importante durante la Edad Media, época en la que el cuidado personal fue tildado incluso de pecaminoso.

En el Renacimiento, los valores estéticos recuperaron terreno hasta alcanzar cotas desorbitadas en las cortes reales del siglo XVII, donde el maquillaje era sumamente recargado y artificial.

Durante todos estos periodos, sin embargo, la preocupación por el maquillaje residió en obtener un buen resultado, sin importar el perjuicio que pudiera causar a la piel.

En el siglo pasado, gracias a los avances tecnológicos y científicos surgió el interés por desarrollar formulaciones respetuosas con la salud cutánea, pero para comprobar sus electos se probaban primero en animales.

En las últimas décadas han surgido muchas firmas de cosmética natural que abogan por maquillajes respetuosos con la piel y que no han recurrido a la experimentación con animales.

Precisamente, cada vez más empresas de este sector empiezan a apostar por formulaciones que incorporan extractos de plantas medicinales para el cuidado de la piel.

Así, ya es habitual que las cremas y maquillajes contengan:

  • extractos de algas marinas, capaces de regular la grasa facial y estimular el colágeno de la piel;
  • aguacate y caléndula, para hidratar en profundidad;
  • aceite de jojoba, para suavizar y mantener el nivel hídrico que requiere la piel;
  • extracto de castaña, para reducir el tamaño del poro;
  • manzanilla, de acción antiinflamatoria...

Asimismo, los productos de maquillaje tampoco son ajenos a los cambios de estilo de vida y climáticos que se viven hoy.

Por eso la mayoría llevan un factor de protección solar que defiende la piel de la acción de agentes externos como el viento, el frío, el sol, las calefacciones... que pueden resecarla y deshidratarla.

Otros cosméticos incluyen oligoelementos y vitaminas, como la C y la E, con propiedades antioxidantes, capaces de minimizar la acción de los radicales libres y, en consecuencia, del envejecimiento prematuro.

Como vemos, la oferta de productos es enorme y variada, con texturas, propiedades y colores distintos, para que se pueda adaptar a todas las necesidades y se puedan lograr desde maquillajes prácticamente invisibles hasta texturas y tonalidades que dotan al rostro de un toque de sofisticación.

Libros sobre belleza natural

  • Belleza radiante; Mary Beth Janssen. Ed. Océano.
  • Secretos de belleza natural; Maripi Gadet. Ed.Grijalbo.

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