Verano

Sol sí, pero con bronceadores naturales para cuidar tu piel

Elena Herraiz y José Fernández

Los baños de sol son uno de los grandes placeres del verano, pero si la exposición es intensa es necesario usar una protección adecuada.

El sol tomado con precaución es una inmensa fuente de bienestar ya que contribuye a mejorar el estado de ánimo y favorecer la producción natural de vitamina D. A lo largo del verano se aconseja ir incrementando gradualmente la exposición al sol, evitando siempre las horas centrales (entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde).

El no sentir calor no es sinónimo de no estar recibiendo rayos ultravioleta sobre la piel, ya que también llegan en los días nublados. Junto a los cuidados básicos se deben emplear protectores solares que prevengan el envejecimiento cutáneo o los problemas de la piel y a la vez sirvan para evitar sustancias químicas que puedan alterar la sensibilidad de la dermis. De ahí la conveniencia de optar por alternativas naturales.

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Químicos y minerales

Los fotoprotectores impiden que la radiación penetre en el organismo. Existen dos tipos:

  • Químicos: absorben las radiaciones, y han de penetrar en la piel para activarse, por lo que deben ser aplicados media hora antes de la exposición solar. Son susceptibles de producir alergias e intolerancias e incluso son capaces de interferir en determinados ciclos hormonales.
  • Físicos o minerales: poseen partículas que reflejan la radiación solar. Se componen de arcillas como la mica que cuenta con óxido de cinc y dióxido de titanio. Al ser inertes químicamente no producen alergias ni irritaciones.

La cosmética natural certificada utiliza estos últimos y asegura que, por el tamaño de sus partículas, estas no van a absorberse ni a penetrar en el cuerpo, con lo que se convierten en productos absolutamente inocuos. Además, al formularse sobre una base de aceites y ceras vegetales, también nutren e hidratan la piel, algo que resulta beneficioso durante la exposición solar.

En los últimos años se han conseguido fórmulas mucho más cosméticas que no blanquean y que, gracias a formas galénicas, como los aerosoles, resultan más cómodas de aplicar.

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Más allá de los fotoprotectores

Para proteger la piel tras un baño solar conviene hidratarla. La hidratación se puede hacer desde dentro, aumentando la cantidad de agua ingerida e incrementando el consumo de frutas y verduras frescas, tanto crudas como en zumos.

Además de su riqueza en agua, aportan vitaminas y antioxidantes que captan los radicales libres que se liberan al exponerse al sol. Resultan especialmente recomendables las que poseen un alto contenido en carotenos, como son la zanahoria y el tomate, que suman a su efecto protector su capacidad para aumentar el bronceado.

Tras la exposición al sol la piel también puede hidratarse con lociones postsolares o aftersun. Estas resultan aconsejables porque eliminan los radicales libres y rehidratan la piel, previenen el fotoenvejecimiento, prolongan el bronceado y tratan pequeñas lesiones cutáneas que haya producido el sol.

Además de los protectores y las lociones postsolares es necesario no olvidarse de un gorro para proteger la cabeza, gafas homologadas, no pulverizarse colonia antes de tomar el sol y comprobar si se toman medicamentos fotosensibilizantes.

Cómo aplicarlo

El fotoprotector mineral debe repartirse uniformemente sobre la piel. Así se consigue una distribución homogénea de los filtros físicos. Se puede hacer justo antes de exponerse al sol, dado que no requiere activación previa.

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