Pieles sensibles a raya

Piel sensible: cómo cuidarla para evitar síntomas

Cuando la piel reacciona, se seca e irrita con facilidad, el cambio de hábitos y unos cuidados mínimos pueden reequilibrarla para que recupere su salud natural.

Una piel sensible se enrojece tanto cuando hace frío como cuando brilla el sol, con el viento y en los días secos; le salen ronchas después de una ducha muy caliente y reacciona irritándose con facilidad. Cuidarla es difícil porque todo le afecta, desde la falta de higiene hasta su exceso.

Tiende a ser mixta, grasienta en la llamada "zona T" y seca en los pómulos. Y no solo acusa los problemas en la cara, también puede hacerlo en el resto del cuerpo.

Si no se trata con mucho cuidado, la piel sensible está siempre roja y seca, y en casos extremos puede sufrir problemas más serios como rosácea, cuperosis y eccema.

Ahora bien, cuando está bien cuidada, puede ser muy bonita, ya que presenta la imagen delicada que se asocia con la piel de los bebés. Prestarle atención tiene, pues, su recompensa.

Para cuidar una piel delicada es fundamental tratarla como parte del resto del cuerpo. El estrés y una alimentación desequilibrada son factores que irritan, por eso es importante asegurarse de que el tratamiento no es solo cosmético.

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¿Cómo proteger la piel desde dentro?

Las personas con la piel sensible deben mantener una dieta rica en verduras, frutas de temporada y cereales enteros. La comida biológica puede ser de ayuda, puesto que los residuos de plaguicidas pueden irritar la piel, no solo por contacto, también al ingerirlos.

Como complemento puede resultar útil un complejo vitamínico y mineral específico para piel, cabello y uñas; los ácidos grasos esenciales también son muy importantes, tanto para hidratar la piel desde dentro como para ayudar a equilibrar el sistema nervioso.

Las personas muy nerviosas, que suelen responder al tipo pitta en ayurveda, acostumbran a tener este tipo de piel. A su vez el estrés exacerba los síntomas, por lo que una rutina de relajación –unos ejercicios de yoga, taichí o unos minutos de meditación diaria– pueden ayudar a encontrar cierto equilibrio en la vida, que indirectamente se reflejará en la piel.

El alcohol y el tabaco son grandes enemigos de la piel y conviene evitarlos, independientemente del tipo de piel, pero sobre todo si es muy sensible, pues la secan e irritan.

¿Cuáles son los problemas más comunes?

La piel delicada tiene la tendencia a sufrir problemas más serios, como rosácea, cuperosis o eccema. En casos extremos, resultan difíciles de sobrellevar para quienes los sufren, pues la piel no deja de ser nuestra carta de presentación ante la vida.

Cuperosis: síntomas, prevención y tratamiento

Los capilares se dilatan, normalmente en la zona de la nariz y las mejillas, dando a la piel un aspecto rojo e inflamado. Los capilares son visibles a través de la piel, a veces en forma de puntos rojos, otras como pequeñas venas.

Para prevenirla es importante, además de aplicar los cuidados básicos para pieles sensibles, hidratar la piel teniendo en cuenta el clima: utilizando una hidratante más gruesa en el invierno y cremas con protección solar diariamente.

Tratar la cuperosis una vez ha aparecido es difícil, pero existe la posibilidad de disminuir sus efectos limpiando la piel suavemente con productos naturales que contengan lavanda.

Eccema: cómo aliviarlo y prevenir los brotes

Una persona con eccema presenta sarpullidos húmedos que luego se secan y pelan. Suele ser hereditario y empezar durante la infancia. En adultos aparece normalmente en los codos, las rodillas, las muñecas y el pecho.

Se pueden prevenir los brotes de eccema con una dieta rica en ácidos grasos esenciales, hidratación y evitando situaciones de estrés. El agua del mar, con todos sus minerales, calma el eccema.

Las mejores hidratantes son aquellas completamente naturales y muy delicadas, como las lociones de caléndula.

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Rosácea: cómo detectarla para un tratamiento precoz

Se da cuando la piel de la cara, especialmente la de nariz, mejillas y mentón, adquiere un tono rojo que va y viene. Suelen sufrirla las mujeres, aunque también afecta a hombres. Si no se trata, la piel enrojece y se inflama cada vez más, y puede llegar a parecer que tiene acné, con pequeños bultos y espinillas.

Normalmente comienza a los 30 años, y la mejor forma de prevenirla es tratando la piel muy delicadamente, sin exponerla al sol, evitando el alcohol y las comidas picantes y lavándola con agua templada y sin frotar.

Es crónica, por lo que conviene empezar a tratarla desde los primeros síntomas para evitar que evolucione rápidamente. Es importante usar cosméticos naturales, que no irriten más la piel. La lavanda y la caléndula son ideales para limpiarla.

Claves para prevenir irritaciones

  • Lávate el cara y el cuerpo con agua templada.
  • Las cremas y esponjas exfoliantes son muy duras. Utiliza una leche limpiadora y una toalla suave, que puedes lavar tras cada uso.
  • Usa cosméticos suaves y pruébalos antes en una zona pequeña del cuerpo. Cuantos menos ingredientes tengan, mejor. La lavanda, la caléndula y el hamamelis son ideales para las pieles sensibles.
  • El sol, el frío y el viento afectan a la piel delicada. Usa protector solar facial y una hidratante específica para la estación del año.
  • Busca un jabón o leche limpiadora suave y natural para el cuerpo, como un jabón de avena.
  • En invierno un vaporizador en casa, o un cuenco de agua cerca del radiador, evita que la calefacción seque el ambiente y a su vez nuestra piel.

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