Por qué y cuándo provocarse el bostezo

Bostezar es saludable y una poderosa herramienta antiestrés

Bostezar mucho o con ganas no debería estar mal visto: este acto natural e irreprimible surge cuando el cuerpo pide un cambio de ritmo y ayuda a relajarse.

Dra. Ana Delgado
Dra. Ana Delgado Rabadá

Médico estomatóloga especialista en odontología holística

Bostezar está mal visto a nivel social hacerlo en público, pues se interpreta como una falta de respeto y signo de aburrimiento ante el interlocutor. Pero todo el mundo bosteza. Empezamos a bostezar ya en el útero de nuestra madre, en la semana 11 de vida intrauterina, y después, en el transcurso de nuestra vida, podemos llegar a bostezar unas 250.000 veces. Este fenómeno natural, instintivo e irreprimible es completamente indispensable.

De hecho, si se supiera cuán natural es el bostezo y sano, cómo relaja el plexo solar, reequilibrando el sistema nervioso autónomo, activando el sistema hormonal y el sistema inmunitario, nunca diríamos que es un signo de aburrimiento, o de ganas de dormir.

Por qué bostezamos y por qué es tan sano

Se puede bostezar por aburrimiento, por pereza, cuando tenemos hambre o ganas de dormir: nos relaja y calma. Pero cuando el bostezo no se hace por ninguna de estas necesidades, también crea relajación y calma el sistema nervioso central. Por eso podemos provocarnos el bostezo: es un arma antiestrés que oxigena nuestro cerebro.

Al bostezar, se genera una necesidad irreprimible de separar nuestros maxilares para hacer una inspiración profunda. Nuestro cuerpo expresa de este modo la necesidad de un cambio de ritmo, ya sea por el deseo de alimentos, por sueño, por necesidad de calma, y esto nos lo hace saber de una forma más o menos ruidosa.

Durante el día es bueno provocarlo cuando existen momentos de presión y de estrés. Una gran entrada de aire seguida de un tiempo de apnea hace que nuestro diafragma se estire y nuestros pulmones se llenen de aire. Después aparece una profunda sensación de bienestar.

Todos bostezamos

El acto de bostezar es un automatismo ligado con el córtex motor primario: cuanto más queremos reprimirlo, más ganas tenemos de bostezar. Además, como seguro que habrás podido comprobar, es altamente contagioso.

No existe en nuestro cerebro un centro del bostezo, pero todo el mundo bosteza y a todas las edades. El ser humano y el animal (¡los felinos son grandes maestros!): el feto desde la 11 semana de embarazo, los mamíferos (excepto la jirafa), los reptiles, los pájaros, incluso los peces.

Es un reflejo arcaico que compartimos con la mayoría de los vertebrados y todos hacemos lo mismo: amplia apertura de la boca, profunda inspiración para abrir las vías respiratorias y contracción de los músculos de la cara.

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Qué ocurre cuando bostezamos

El bostezo es un mecanismo involuntario, que no se puede reprimir y que implica a numerosos músculos. De hecho, intervienen hasta 54 músculos en el acto de bostezar: bucales, cervicales, respiratorios y faciales. Estos músculos curiosamente son antagonistas entre ellos: unos contribuyen a abrir la boca y otros la cierran.

Los efectos sobre el cuerpo son estos:

  • Con el bostezo se produce una activación del sistema parasimpático, que es la parte del sistema nervioso que controla las actividades involuntarias (órganos, etc.).
  • Así se relaja el sistema simpático, que es el que activa nuestro cuerpo, hace que estemos siempre alerta y nos permite reaccionar a las emociones y a las preocupaciones. El bostezo interrumpe repentinamente esta reacción y así nuestro organismo puede relajarse.
  • A través de las fascias que rodean los músculos, se relaja el sistema músculo-articular y se reequilibra la tensión de las meninges y la médula espinal.
  • En el desarrollo del bostezo intervienen numerosos neurotransmisores: la dopamina tiene un papel central, pues activa la producción de oxitocina por el núcleo paraventricular del hipotálamo, por lo que el bostezo puede producir placer.

Existe la teoría de que el bostezo tendría una acción termorreguladora: serviría para oxigenar y enfriar el cerebro, pero también juega un papel claro en la comunicación no verbal, en concreto en los primates en los que el acto de bostezar depende de la testosterona.

Curiosamente los bostezos son contagiosos, por réplica comportamental (lo que se conoce como ecoquinesia). Las personas ciegas, si oyen a alguien bostezar, también se contagian.

Además son un signo de empatía. Con solo hablar de bostezo ya hace que se bostece.

Bostezar al despertarse

La asociación de los bostezos con estiramientos musculares se llama pandiculación, lo que más comúnmente conocemos como desperezarse.

Son gestos que a menudo van unidos, sobre todo por la mañana: en cuanto arranca el bostezo todo el cuerpo se estira y se abre.

No es casual: mientras se produce el bostezo se oye menos, los párpados están cerrados, existe sensación de plenitud corporal y se pierde el contacto con el entorno, se produce un breve bienestar.

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¿Bostezar mucho puede ser perjudicial?

El bostezo puede ser un aviso, un síntoma de hipoglucemia, mareo o una migraña incipiente. Algunos problemas de salud, entre ellos trastornos cardiacos, la esclerosis múltiple o la epilepsia, pueden provocar un bostezo excesivo. También la somnolencia de las personas que sufren apneas por las noche.

También puede darse el caso de que no se pueda bostezar, como en el caso de las personas afectadas de la enfermedad de Parkinson que no están recibiendo tratamiento.

Pero más allá de eso el bostezo es un acto natural y saludable que induce el bienestar y que podemos provocar.

El bostezo en caso de hiperlaxitud ligamentosa

Bostezar no tiene riesgos en general, aunque hay que tener cuidado de no sobrepasar la apertura de los maxilares de forma brusca, pues esto puede causar una subluxación de la articulación témporo-mandibular, lo cual puede ser incómodo y doloroso.

Esta lesión ocurre sobre todo en personas que tienen hiperlaxitud ligamentosa. Existe tratamiento homeopático para la constitución hiperlaxa: Calcarea Fluorica 30CH (3 gránulos 1 vez por semana) y Rhus Toxicodendrum 15CH (3 gránulos 1 vez al día si hay dolor).

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Provocarse el bostezo

Es un ejercicio fundamental que podemos practicar en cualquier momento, y especialmente, durante el día, cuando tenemos necesidad de cortar con nuestra actividad, porque nos falta concentración, porque el cuerpo nos llama al orden (tensiones en la espalda, la nuca…)...

Un "gran bostezo" debería siempre preceder al trabajo, al estudio, a la comida, al sueño... en definitiva a todas nuestras actividades.

Los yoguis, que son personas pragmáticas, animan a provocar el bostezo o su primo hermano, el suspiro. En los ejercicios de preparación de las sesiones se trabaja así el músculo diafragma, se relaja, se estira y después se tonifica para devolverle a la caja torácica toda su libertad y flexibilidad. En ese momento el cuerpo sabe entonces que nos vamos a ocupar de él, se prepara. Es un signo potente que le enviamos.

Yo no sé vosotros, pero yo confieso que he estado bostezando durante la preparación de este artículo. Hay que bostezar: es un potente antiestrés, es gratis y más eficaz que muchos medicamentos ¡y no tiene efectos secundarios perjudiciales!

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