Duda e indiferencia

Una de cal y una de arena: una vieja estrategia del patriarcado

Los hombres patriarcales aprenden desde pequeños que una mujer que sufre es más sumisa, más vulnerable y más entregada. Y han encontrado una buena estrategia para hacerlas sufrir: hacerles creer a las mujeres que están confusos y alternar unas dosis de amor con otras de indiferencia.

Seguro que te ha pasado: un hombre te regala un momento maravilloso y después desaparece. O genera un espacio romántico y al final provoca un espacio de dolor. Alternar dosis de duda con otras de indiferencia es una antigua estrategia patriarcal para hacer sufrir a las mujeres y, con ello, lograr que sean más sumisas, vulnerables y entregadas.

El viejo truco de dar una de cal y una de arena les funciona porque provoca que las mujeres se sientan inseguras, condición indispensable para que se conformen con las pocas migajas de amor que les dan. De esta manera, las mujeres enamoradas están siempre disponibles para cuando ellos quieran, y cuantas más mujeres tengan a su alrededor, más amados e importantes se sienten. Pero, ¿cómo llevan esta estrategia a término?

  • Paso 1: Hacer que la mujer se sienta especial. El primer paso de esta estrategia que utilizan los hombres patriarcales es muy simple: se trata de hacer creer a las mujeres que son únicas, especiales y maravillosas (ara que se enamoren locamente). Generalmente acompañan los bellos discursos románticos con regalos materiales y detalles como flores, bombones, joyas –y demás objetos considerados románticos–, como una prueba de que son hombres generosos que quieren compartir sus recursos con la mujer amada.
  • Paso 2. Fingir indiferencia. El segundo paso, cuando ya las mujeres se han enamorado, es empezar a hacerse el misterioso, a fingir indiferencia. Pueden hacerlo de golpe o gradualmente: dejan de contestar los mensajes, pasan varias horas o días como ausentes, espacian sus declaraciones de amor romántico, no contestan el teléfono o hacen como que están muy ocupados y no tienen tiempo para ellas. Cuando están con ellas también están como ausentes, enganchados a su teléfono o a cualquier pantalla cercana.

En público se apartan físicamente de ellas para que sean ellas las que busquen el contacto, e incluso se esconden para generar ansiedad en ellas.

  • Paso 3. Generar dudas. El tercer paso consiste en hacer como que uno no tiene muy claro qué siente o cómo se siente, para generar confusión y angustia. Hay frases en ellos muy habituales: “no sé qué me pasa”, “necesito encontrarme a mí mismo”, “tengo miedo al amor”, “no sé si quiero tener pareja”, “no quiero hacerte daño porque estoy muy confuso”, “no estoy en el momento ideal para tener pareja”...

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La clave para no caer en esta trampa es cortar de raíz una relación en cuanto empecemos a sentir miedo, inseguridad, o angustia. No se trata de analizar su comportamiento para tratar de entender qué le está pasando al hombre patriarcal y por qué ha cambiado tanto, sino de estar centradas en lo que nosotras estamos sintiendo.

Poco importa por qué un hombre duda o por qué se comporta de una forma tan contradictoria: generalmente su objetivo es hacernos sufrir para tenernos de rodillas suplicando un poco de amor.

Este tipo de hombre actúa así para sentirse poderoso, y también porque tiene el ego muy grande y la autoestima muy frágil.

De nosotras se espera que seamos comprensivas y esperemos a ver si nuestro amor genera en ellos más amor, por eso es tan importante rebelarse y dejar estas relaciones en cuanto empiecen a generar en nosotras emociones dolorosas.

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No nacimos para esperar ni para sufrir, no nacimos para aguantar ni para dejarnos tratar mal: en cuanto tenemos claro que nos merecemos un compañero honesto y comprometido, es mucho más fácil entender que lo mejor es salir corriendo en dirección contraria. Un hombre que nos hace sufrir no es un buen compañero, ni es una buena persona: es imposible disfrutar del amor con alguien que simula estar confuso o con miedo.

Seamos prácticas: que en nuestras vidas solo haya gente valiente y generosa, gente que sepa disfrutar del amor. Y los hombres que nos quieren sufriendo, dejémoslos muy lejos de nosotras.

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