Soluciones eficaces

Cómo llevar la mascarilla en verano sin agobiarte

Claudina Navarro

Especialmente en los días calurosos, muchas personas se agobian con la mascarilla. En algunas situaciones se hace difícil llevarlas. Y además irritan la piel. Pero todo tiene solución.

Para frenar la pandemia del coronavirus es necesario llevar mascarilla cuando no se puede asegurar una distancia mínima de 2 metros, sobre todo en espacios interiores. Sin embargo, algunas personas las encuentran molestas, especialmente en los días calurosos que estamos viviendo, y además sienten que son una interferencia en determinadas situaciones.

Mascarillas cuando hace calor

Muchas personas se quejan de que en los días calurosos el sudor se acumula bajo la mascarilla. Los mayores problemas son que el exceso de humedad reduce la eficacia de la mascarilla, puede favorece que las bacterias se multipliquen en ella y dificulta la respiración.

Algunas personas optan por aflojarse la mascarilla o por quitársela y ponérsela continuamente, pero no son buenas soluciones porque se multiplica el riesgo de exposición al virus.

Cuando el calor aprieta, lo mejor es optar por mascarillas desechables (higiénicas o quirúrgicas) en lugar de las FFP2 y FFP3 porque son las más transpirables y las que menos dificultan la respiración. Son una buena opción, sobre todo, en espacios abiertos. Pero recuerda que las mascarillas higiénicas o quirúrgicas solo son eficaces si todos las llevamos.

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Las mascarillas no causan hipoxia

Por cierto, algunas personas creen que llevar mascarilla puede ser perjudicial para la salud o causar hipoxia (déficit de oxígeno) porque supuestamente volvemos a inspirar el aire que espiramos, rico en CO2. No es verdad. Las mascarillas no pueden retener gases como el CO2 y al inspirar a través de ellas no se limita la obtención de oxígeno.

Humedad bajo la mascarilla

Lo que sí es un problema es la humedad. Debajo de las mascarillas puede producirse una hiperhidratación de la piel, porque la piel está más tiempo en contacto con el vapor de agua que emitimos al hablar y al respirar.

Como consecuencia, la capa superior de la piel, la capa córnea, se ablanda y los lípidos que se encuentran entre las células se eliminan. Además puede haber un cambio en el valor del pH del manto ácido. Por estas razones la piel pierde eficacia protectora y los gérmenes pueden penetrar más fácilmente.

Si tienes la posibilidad de quitarte la máscara un rato en un ambiente seguro, a ser posible al aire libre, hazlo y deja que la piel se seque y respire.

Proteger la piel

Si debes usar tu mascarilla durante mucho tiempo todos los días, puedes estar familiarizada con alteraciones de la piel como irritación, enrojecimiento y aparición de granos. Pueden producirse, incluso, infecciones bacterianas.

Para evitarlo, si se utilizan mascarillas reutilizables, conviene lavarlas y desinfectarlas a menudo. También hay que lavarse la cara de manera minuciosamente con una loción sin jabón para eliminar las partículas de suciedad y sudor por la mañana después de levantarte y por la noche antes de acostarse.

Comunicarse con la mascarilla

Mirar abiertamente a la cara y comprender sin palabras: esto es casi imposible con las mascarillas puestas. "Con una mascarilla que cubre más de la mitad de la cara, se limita un importante canal de comunicación", dice la profesora Isabella Heuser, psicóloga del hospital universitario Charité de Berlín.

Con mascarilla se hace más difícil interpretar lo que la otra persona nos quiere decir y, sobre todo, valorar sus reacciones a nuestras palabras.

No hay más solución que intentar ser muy precisos con las palabras y decir todo lo que sentimos y pensamos porque no podemos esperar que nuestro interlocutor interprete nuestra expresión y gestualidad. Bien mirado, puede ser un buen ejercicio para mejorar nuestras habilidad para comunicarnos mediante la palabra.

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Mascarillas con audífonos y gafas

Las mascarillas pueden tener inconvenientes para las personas con audífonos. Al ponerse la mascarilla el audífono se puede caer sin que la persona se de cuenta, y estos aparatos son caros.

El problema con las gafas es que se empañan. La manera de evitarlo es ajustar la parte superior para que el vaho no salga por ahí. La mayoría de mascarillas llevan un alambre para ajustarlas a la forma de la cara por esta razón. Si tu mascarilla no lo tiene se lo puedes coser, sujetándolo con un par de puntadas en los extremos.

Otras soluciones son pegar la mascarilla a la cara con esparadrapo hipoalergénico o limpiar las gafas con toallas y líquidos antivaho.

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