Descanso perfecto

Cómo escoger la cama natural ideal

Claudina Navarro y Manuel Núñez

Pasamos muchas horas de nuestra vida sobre una cama, por lo que conviene pensar bien cuál se escoge. Los colchones y somieres de materiales naturales constituyen las opciones más saludables.

Sobre la cama tienen lugar cosas tan importantes como el descanso –sin el cual no es posible sobrevivir– y el encuentro más íntimo entre seres humanos. Por tanto, no se trata de un objeto cualquiera.

De las características de la cama depende que nos levantemos relajados y con energía para disfrutar de la jornada o, por el contrario, rígidos y cansados.

Por supuesto, esto depende también de los estados físico y emocional, pero cada uno de los elementos que conforman la cama ejerce una influencia que puede resultar determinante.

¿Cómo se consigue la máxima calidad?

Hästens es seguramente el fabricante de camas más reconocido en el mundo. En esta empresa, fundada en Suecia hace 160 años y que busca por encima de todo la perfección del producto, están convencidos de que el secreto reside en los materiales naturales y la fabricación artesanal.

La calidad se consigue combinando y trabajando las materias primas con el conocimiento que da la experiencia. Para diseñar su cama más confortable, sus expertos dedicaron tres años de trabajo, recogiendo los mejores conocimientos sobre qué resulta confortable para el ser humano y ensayando distintas combinaciones de materias primas naturales hasta encontrar el equilibrio perfecto.

El resultado es una cama que sostiene y apoya el cuerpo, aunque también te permite hundirte y relajarte. La cama perfecta de Hästens –de precio inasequible para el común de los durmientes– es el prototipo que inspira el resto de modelos.

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Los colchones de espuma y viscoelásticos tienen inconvenientes

Los materiales modernos no han conseguido un lugar en el Olimpo de los lechos. Los colchones de espuma de poliuretano con fundas de poliéster no pueden ocultar su origen petrolífero.

Suelen estar tratados con productos antimanchas, colas e impermeabilizantes que cuando son nuevos liberan compuestos orgánicos volátiles, causantes de problemas respiratorios y alergias en personas vulnerables.

De poliuretano son los colchones más económicos y también los más caros, que se comercializan con la etiqueta de viscoelásticos. Estos incorporan un gel que cede ante la presión y la temperatura corporal, y que, según la publicidad, proporciona sensación de ingravidez, quizá porque el material fue inventado por la NASA.

Bromas aparte, los expertos recomiendan los viscoelásticos a las personas enfermas que deben permanecer en la cama la mayor parte del día, pues reducen el riesgo de sufrir úlceras en la piel.

El problema es que los colchones de poliuretano, en general, no evacúan la transpiración y generan sensación de calor. Si de todas maneras se elige uno, son preferibles los dotados de huecos de ventilación transversales.

Colchón de látex, mejor el natural

El colchón de látex es una de las alternativas. Es cada vez más popular porque dura más que el de muelles. Sobre la comodidad hay opiniones diferentes, pero en general es de firmeza medio-alta, se adapta muy bien a la silueta corporal y deja pasar el aire, siempre que se utilice con somier de láminas de madera y se ventile bien la habitación para evitar la aparición de moho.

También con el látex hay diferencias de calidad: es más duradero y cómodo cuanto mayor es la proporción de látex natural, procedente del árbol del caucho, y menor la de látex sintético, obtenido a partir del petróleo.

A menudo se recomienda el colchón de látex a las personas con alergia a los ácaros porque no les gusta anidar allí. Es cierto, pero los ácaros habitan sobre todo en las fundas acolchadas de todos los colchones.

Otras personas que deben tener cuidado son las alérgicas al látex. En principio no corren riesgo porque en ningún momento se entra en contacto con el material del núcleo. Sin embargo, con los años es probable que se desprendan partículas muy pequeñas que puedan causar síntomas respiratorios, por lo que no se les recomienda.

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Duerme con materiales naturales

Otros materiales naturales con los que se pueden fabricar buenos colchones son la celulosa, la lana, el algodón y la fibra de coco. Los materiales pueden emplearse aislados, como en el clásico colchón de lana de nuestros abuelos o el futón de algodón japonés –dos opciones excelentes–, o bien combinarse de distinta manera.

Por ejemplo, sobre un núcleo de látex se pueden superponer capas de fibra de coco y algodón, con lo que se consigue un colchón más fresco. En cualquier caso, la calidad depende de la unión de las piezas.

En general, son preferibles los colchones donde todos los elementos están cosidos, frente a los desenfundables o compuestos por partes que puedan desplazarse.

Los de muelles siguen encontrándose entre los más recomendables porque suelen ser cómodos y permiten la transpiración. Son más aconsejables los de muelles independientes, que se adaptan mejor a las formas del cuerpo, y los que recurren a la lana y al algodón como materiales para la amortiguación y el forrado en lugar de a la espuma y a los tejidos sintéticos.

Claves para elegir un buen colchón

Los materiales son elementos clave, pero luego el colchón debe adaptarse a nuestras características y necesidades individuales (o de pareja). Hay unas variables en las que debes fijarte:

  • Firmeza. El colchón debe ser lo bastante firme como para que la espalda reciba apoyo y las vértebras se mantengan alineadas cuando se está acostado boca arriba. Al mismo tiempo, debe ser suficientemente blando para resultar cómodo. El grado de firmeza adecuado depende del peso corporal: cuanto más elevado sea, más firmeza será necesaria. En cualquier caso, lo más importante es sentirse a gusto.
  • Elasticidad. El colchón debe ceder a la presión de las partes sobresalientes y más pesadas del cuerpo (hombros y pelvis). Los mejores colchones poseen zonas con diferentes grados de firmeza y elasticidad.
  • Tamaño. Está estandarizado, pero dentro de la variedad existente se debe tener en cuenta que la longitud debe ser entre 10 y 20 centímetros mayor que la de la persona que lo vaya a utilizar. Las anchuras mínimas son de 90 cm para camas individuales y de 150 cm para las de pareja, con un grosor de 15 centímetros como mínimo.
  • Acabados. No debe tener defectos, como costuras interrumpidas, hilos sueltos ni manchas. Son preferibles los colchones compactos, donde los diferentes elementos están unidos al núcleo. La adaptación al cuerpo es más precisa pues no tendrá ni pliegues ni estiramientos incorrectos.
  • Transpiración. Los que mejor se ventilan son los colchones de muelles. Los de espuma de poliuretano de alta densidad son los menos recomendables en este sentido.
  • Pruébalo. Permanecer tumbado unos segundos no es suficiente para valorar un producto que debe acompañarnos durante diez años. Conviene ponerse de acuerdo con el vendedor sobre el periodo de prueba con posibilidad de retorno.

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Somieres de láminas de madera

Toda la responsabilidad del descanso no recae en el colchón. Otro elemento fundamental es el somier, el componente más oculto de los "sistemas de descanso", antes llamados camas. El somier de muelles ya ha desaparecido por suerte del mercado pues deformaba los colchones y, de paso, las espaldas.

Ha sido sustituido por los somieres de listones de fibra de vidrio, carbono o madera. Los dos primeros pasan por ser los más ligeros, modernos y avanzados, pero los más recomendables desde el punto de vista ecológico son los de madera.

La fabricación de fibra de carbono y de vidrio requiere la utilización de productos químicos contaminantes y mucha energía para alcanzar temperaturas por encima de los 2.000 ºC, lo que representa un consumo energético que se refleja en el precio. Además, el polvo de carbono o de vidrio puede perjudicar la salud de los trabajadores.

En cambio, la madera es renovable, contribuye a luchar contra el cambio climático, limpia el aire y favorece la biodiversidad. Por tanto, es un material idóneo, siempre que proceda de bosques sostenibles y no haya sido tratado con productos que podrían contaminar el aire o impregnar el colchón.

Además del material, otros aspectos que cabe tener en cuenta son la cantidad de lamas, su flexibilidad, su grosor y su anchura (de 6 a 12 cm). Cuanto más gruesas y anchas sean, mayor será la firmeza. También influye el tipo de madera. El haya es especialmente recomendable por su flexibilidad y resistencia, pero también se recurre al roble, el chopo o el pino.

El somier puede ser de rollo o de armazón. En el primer caso, las láminas se apoyan en la estructura de la cama y ceden al peso de la persona que duerme. Si es de armazón, las lamas van unidas con cápsulas basculantes, de plástico o de caucho, que les permiten pivotar vertical y horizontalmente en función de la presión que soportan.

En las camas dobles es interesante montar dos somieres separados para que se adapten al peso y los movimientos de cada durmiente.

Reforzar las zonas adecuadas

Además, es muy conveniente que el somier cuente con algún sistema de refuerzo en la zona donde reposan las caderas, la de mayor peso. Por ejemplo, las lamas pueden ser más anchas, estar menos separadas en esa zona o disponer de aros de refuerzo que aumenten la rigidez de los listones.

Los modelos más sofisticados están fabricados con maderas de distintos tipos y grosores a fin de que la adaptación al peso de cada zona del cuerpo sea óptima.

Los somieres de lamas, sobre todo si son estrechas y están muy separadas, no son apropiados para los colchones de muelles, porque estos deben permanecer apoyados. En este caso es recomendable recurrir a una base tapizada.

Por otra parte, existen somieres articulables que permiten a las personas con ciertos problemas de espalda o de circulación en las piernas beneficiarse de dormir con una inclinación leve. Sobre estos somieres solo se pueden colocar colchones de poliuretano o látex y de muelles embolsados, diseñados especialmente para este fin.

Ponte un escudo eléctrico

Los tiempos actuales han llevado a los artesanos del descanso a buscar el consejo de los científicos ante el reto que plantea la creciente contaminación electromagnética. Cada vez hay más personas que sienten molestias más o menos intensas como consecuencia de la exposición a las emisiones de aparatos eléctricos, antenas de telefonía y redes inalámbricas.

Estas personas pueden tener una sensibilidad muy aumentada, pero probablemente las radiaciones influyen en alguna medida sobre todos.

Así, por ejemplo, en la Cama Azul, fabricantes de camas con estructuras y somieres de madera de haya de cultivo sostenible, han decidido enfundar los colchones de látex natural en un tejido de algodón con una malla de hilos de cobre que se conecta a la toma de tierra de un enchufe normal.

De esta manera, la Cama Azul absorbe y frena parte de las emisiones eléctricas, como ha certificado el catedrático José Luis Bardasano, de la Universidad Complutense de Madrid, según explica el director comercial, Juan Jiménez.

Un poco de ciencia, materiales naturales y buen hacer de artesanos parecen, pues, ser las claves para construir la cama perfecta o casi perfecta.

El mejor vestido para la cama

Parte de lo que se puede conseguir acertando con un buen colchón, se puede perder al vestirlo con telas que han sido literalmente bañadas en sustancias químicas, como tintes sintéticos y sustancias que fijan los colores, evitan que las prendas encojan o facilitan el planchado.

Resulta preocupante cuando se trata de una tela que nos envuelve durante ocho horas diarias, a menudo en contacto directo con la piel. Todavía es conveniente elegir ropa de cama con algún sello de calidad, como la etiqueta ecológica europea o el Öko-tex Standard Made in Green.

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