Cólico del lactante: cómo ayuda la osteopatía al bebé

Aunque el malestar en los primeros meses de vida tiene un componente madurativo, al liberar tensiones producidas en el parto se normaliza el sistema nervioso.

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Las técnicas de osteopatía pueden ayudar a reducir el estrés en los tejidos que forman parte del sistema nervioso, mejorando así el estado de sobreexcitación nerviosa, liberando las tensiones de las membranas que envuelven el sistema nervioso a través de los huesos y las suturas craneales, y también permitiendo que la función de los nervios sea mejor.

En el tratamiento osteopático del cólico del lactante también se trabaja sobre el diafragma ayudándolo a recuperar su función fisiológica.

La osteópata María Cristina Parareda explica que una teoría americana sostiene que el cólico se debe a una sobreestimulación del sistema nervioso: "Si a un niño que padece los síntomas del cólico además se le sigue sobreestimulando, será mucho más difícil relajarlo o que él mismo se pueda calmar.

Esta teoría se basa en el hecho de que el cólico desaparece tras unos meses en que se emplean técnicas para calmar el bebé como sonidos constantes de baja frecuencia, habitaciones sin ruidos y con luz baja y masajes en el área abdominal".

Olga recuerda que, extrañamente, en esa primera visita el niño se mostró muy tranquilo, lo que facilitó el trabajo de la osteópata. Explica también que María lo colocó boca arriba en la camilla y durante un rato lo estuvo tocando suavemente.

Cómo reconocer los cólicos en un bebé

Para explicaros cómo reconocer los cólicos en el bebé os traigo el testimonio real de Olga, quien acudió a la osteópata María Cristina Parareda al percibir algunos problemas de su hijo Joan Marc. La osteópata identificó los cólicos y resolvió el problema en solo tres sesiones. Pero antes de eso, Olga no sabía lo que estaba sucediendo con su bebé.

Joan Marc nació hace cuatro años tras un parto que se alargó demasiado y en el que hubo que emplear fórceps.

El nacimiento del pequeño no fue para nada como le hubiese gustado a su madre, Olga, pero ella misma cuenta que le recompensó el hecho de que "el niño cogió el pecho muy bien y enseguida se puso a mamar".

Todo iba de maravilla hasta que a las tres semanas el bebé empezó a mostrarse muy irritable, lloraba todo el día, dormía poco y mal, y ni siquiera tenía consuelo con el pecho, ya que se enganchaba para comer pero al poco lo rechazaba y le sobrevenía de nuevo el llanto.

Olga estaba desesperada y agotada. No sabía qué le pasaba al niño, ella se notaba muy dolorida porque los fórceps le habían dejado algunas heridas en la zona vaginal y, además, había de cuidar de su otra hija, Carlota, de tres años.

"Nada daba resultado. Ni las noches en vela paseando por el pasillo de casa con el niño colocado en los brazos boca abajo en el verano más caluroso de la historia, ni los masajes en la tripita para facilitar la expulsión de los gases", nos dice con una sonrisa.

La homeópata le administraba algún remedio al niño y consolaba a la madre insistiéndole en que los síntomas del cólico eran normales en los primeros meses de vida y que todo acabaría cuando Joan Marc fuese un poco mayor. Pese a todo, le aconsejó que visitase a una osteópata.

Causas tensionales del cólico del lactante

Durante la primera visita, y simplemente examinando al pequeño, la osteópata María Cristina Parareda ya vio que las largas horas del parto y, finalmente, la expulsión forzada, le habían creado demasiada tensión en la base del cráneo y, a consecuencia de ello, se había propiciado un estado de sobreexcitación en el sistema nervioso.

María explica que "durante el parto, para crear un pasaje de salida al niño, los tejidos maternos se expanden y el cráneo y el sistema nervioso del bebé se comprimen. Este proceso es absolutamente natural y no tiene por qué tener consecuencias negativas".

Además, en el canal de parto, las contracciones empujan al bebé por la pelvis para que salga. Pero "si las contracciones no son efectivas, no hay dilatación del cuello uterino y la cabeza no avanza, toda esta tensión se acumula en la nuca del bebé y le produce una irritación de la base del cráneo y una compresión del nervio vago, nervio motor para el estómago y relacionado con el sistema parasimpático, entre otras cosas».

María también observó en Joan Marc tensiones en el diafragma. "La compresión favorece que haya poco movimiento o que el diafragma cambie su angulación. Esto hace que todas las relaciones que mantiene con las vísceras que le rodean, incluyendo el esófago y el estómago, sean de tensión, lo que explicaría la dificultad del paso del gas originado en el esófago.

Además, esta disfunción también puede provocar tensiones en los esfínteres y en el píloro añadiendo regurgitación al cuadro sintomático del cólico. Asimismo, debido a esta mala relación pueden quedar un poco cerrados los esfínteres que vacían los ácidos pancreáticos y biliares al duodeno, con la consiguiente dificultad para digerir las grasas de la leche".

¿Cómo actúa la osteopatía sobre cólico del bebé?

Según la osteópata, "las técnicas osteopáticas para localizar las tensiones y liberarlas son fruto de un conocimiento exhaustivo del cuerpo humano. El diagnóstico y tratamiento se hace mediante la palpación, un buen conocimiento anatómico-fisiológico y una buena integración de la globalidad del individuo".

María la emplazó para una segunda visita al cabo de dos semanas. En este tiempo, y después del tratamiento osteapático recibido, el sistema nervioso del bebé empezó a relajarse y regularse: se mostró más tranquilo, durmió más y comió bien. Y con él, toda su familia .

Al cabo de tres visitas, «el niño normalizó su comportamiento y se convirtió en un bebé tranquilo, dormilón y comilón », dice su madre. Hoy Olga sigue recurriendo a la osteopatía cuando sus hijos tienen ciertos problemas.

Se puede encontrar el Registro de Osteópatas de España (ROE) en la web www.osteopatas.org

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