¡Con salud y alegría!

10 propuestas para adaptarte al calor y disfrutar del verano

Araceli Domínguez

El verano es una estación intensa que sacude a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Disfrutar de las ventajas del calor y evitar sus riesgos es cosa nuestra.

Llega el verano, la estación del calor, el momento ideal para abrirse y mostrarse al exterior. Vivir esas temperaturas elevadas de manera natural, con confianza y libertad, sin agobios, requiere un proceso de adaptación que refresque el propio interior.

Durante el periodo estival la vida tiende a mostrarse en todo su esplendor. Se trata de un proceso que se empezó a gestar en primavera y que culmina con este espectáculo de la naturaleza capaz de desbordar nuestros sentidos. El elemento que mejor representa al verano es el fuego. Tanto si este procede de la madera o de combustibles fósiles como de la digestión de los alimentos, podemos decir que el fuego transforma la materia liberando la energía de origen solar acumulada en ella.

En consonancia con el ciclo natural, en verano muchas personas se sienten pletóricas, con ganas de emprender actividades, relacionarse, compartir... Toca vivir la alegría sin tapujos. El corazón se abre y la mente se deja guiar por él.

Pero el calor aprieta y hay momentos en que resulta sofocante y no todo el mundo lo tolera bien.

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Algunas personas huyen a lugares donde el clima se muestre menos generoso en grados centígrados. Otras tienen el aire acondicionado encendido día y noche, a fin de generar un frescor artificial que tiene defensores y detractores.

Cada persona dispone de sus propios recursos y actitudes para sobrellevar el bochorno, si bien una mala adaptación al proceso puede derivar en problemas de circulación y deshidratación, diarreas estivales, alergias, calor nocturno excesivo que impide conciliar el sueño e incluso estados febriles.

Lo que mejor resultado da para que el aumento de la temperatura pueda ser contrarrestado eficazmente desde dentro es aclimatar el cuerpo con hábitos saludables y de sentido común. El objetivo es entrenarse para sintonizar plenamente con la estación, evitando esfuerzos vanos y aceptando esa invitación a una apertura que es tanto corporal como mental.

1. Cuidar el corazón también en verano

El corazón es el órgano que se relaciona con la alegría y el calor. El verano es un buen momento para cuidarlo de sus posibles achaques con algunas infusiones de plantas amigas (como el espino blanco), una dieta baja en grasas saturadas, ejercicio y momentos para la relajación y la contemplación.

En el plano físico, el corazón es la bomba que mantiene en funcionamiento el riego sanguíneo. La medicina tradicional china lo llama el emperador porque lo considera el órgano rector de los demás y la sede que alberga el espíritu. Se afirma que su energía se mueve por los brazos y se vincula a la circulación de la sangre, al calor corporal y al sentido del tacto.

A nivel emocional, un corazón agitado por el calor puede disparar procesos de inquietud mental. Las taquicardias, cuando son debidas a crisis de ansiedad, denotan que un corazón que generalmente no presenta ninguna alteración en las pruebas médicas puede sin embargo ver alterado su ritmo por factores de índole emocional.

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2. Calmar la sed e hidratarse bien

En verano el organismo se calienta y aumenta la circulación de la sangre, en un intento de refrescar la piel, esa gran muralla que protege el territorio corporal. A su vez, la evaporación del sudor hace que baje la temperatura. Y también que se pierdan líquido y sales minerales.

Debido a ello aparece la sed, síntoma evidente de que hay que reponer el agua eliminada. Se puede beber a lo largo del día fuera de las comidas disponiendo, por ejemplo, de una botella de agua de litro o litro y medio para ir tomándola a sorbitos. Añadiéndole zumo natural de limón aportará también vitaminas y sales minerales.

Una buena alimentación en verano es otra vía excelente para reponer líquidos, sobre todo si es rica en frutas y verduras crudas o en sopas ligeras.

Se cree que solo las bebidas frías apagan una sed imperiosa, pero no es así, sobre todo si son azucaradas: se trata de una percepción psicológica. De hecho, el frío puede provocar un contraste importante de temperatura que favorezca las faringitis, las anginas o el malestar en el sistema digestivo (según la medicina china, al sustraer calor al estómago las bebidas heladas dificultan la digestión).

En China se toma té verde caliente para dispersar el calor del cuerpo y mitigar la sed. El té verde, además, favorece la circulación sanguínea y promueve la eliminación del sudor. Los beduinos, en el desierto, no se obsesionan por el calor, simplemente beben té caliente para contrarrestar la pérdida de líquidos.

El alcohol y las bebidas con cafeína, por su poder diurético, no son una buena elección a la hora de calmar la sed. En cuanto a los refrescos azucarados y con gas, refrescan de entrada pero no es aconsejable su consumo diario porque aumentan las necesidades de hidratación y aportan bastantes calorías. Sería preferible evitarlos o, si no, al menos consumirlos diluidos en agua, con lo que su sabor recordaría más al de las bebidas isotónicas que toman algunos deportistas.

Una bebida isotónica casera, que también resulta útil para reponer las sales perdidas en caso de diarrea y que puede administrarse incluso a los niños, se elabora añadiendo a cada litro de agua mineral o hervida previamente, media cucharadita de azúcar, media cucharadita de sal marina sin refinar, una pizca de bicarbonato y el zumo de un limón. Se trata de un remedio muy útil para recomponer el intestino.

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3. Cuidar la hidratación de la piel

Otra vía para hidratarse en parte es a través de la piel. En verano son ideales las cremas y leches muy fluidas. Las de caléndula refrescan la piel después de lavarse y así ayudan a mantener su humedad. Y después de tomar el sol lo óptimo es refrescarse con agua y aplicar gel de aloe vera a fin de mantener hidratada la piel y reducir la irritación.

Si las exposiciones son prolongadas es imprescindible la crema solar. Mejor natural, con filtros minerales a base de dióxido de titanio u óxido de zinc, y con un factor de protección igual o superior a 30.

En verano la piel permanece mucho más en contacto con el aire, empezando por la de los pies, y eso facilita el dar y recibir masajes. La hidratación externa, aparte de nutrir la epidermis, estimular la circulación y conservar la humedad natural de la piel, ofrece una buena oportunidad para practicar el automasaje y el masaje en familia. Se trata de un medio perfecto para acercarse al corazón de los seres queridos alentando su bienestar. O de recibir su aprecio, lo que también es importante.

Tomar baños en aguas termales, saunas o baños de vapor son otras maneras de humectar y limpiar la piel favoreciendo el intercambio de minerales, todo ello gracias al efecto del calor. Pero en verano son mucho más comunes y agradables los baños en el mar que, además de proporcionar un masaje agradable a través del oleaje, sirven para que los minerales del agua marina penetren en parte en el cuerpo a través de la piel, contribuyendo a su equilibrio.

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4. Estar en sintonía con la naturaleza

Este proceso de adaptación y apertura pasa necesariamente por tener un contacto más estrecho con el medio natural. Con los días más largos apetece y se dispone de más tiempo para estar al aire libre. Este acercamiento nos permite comprobar lo felices que podemos ser simplemente sintiendo: oler, tocar, mirar, saborear, escuchar... e intuir.

Pueden ser días de sol y playa, los más recurridos; o de alta montaña, arrebatadora en su verdor rebosante, alimentado por riachuelos y cascadas de agua fresca y limpia; o en pleno campo, rodeados por multitud de plantas y flores silvestres. Incluso en la ciudad se puede pasear por el parque e inspirar el olor que desprende la hierba húmeda mientras se escucha el trino de los pájaros ocultos entre las ramas de los árboles.

Dondequiera que se esté, cuando el calor aprieta es adecuado buscar la sombra y su alivio fresco e inmediato. En la playa, la exposición al sol no resulta conveniente durante las horas centrales del día (de doce a cuatro). Es imprescindible la sombrilla y la gorra, y recomendable que los niños lleven camiseta.

En la montaña, son preferibles los paseos a primera hora de la mañana o al atardecer. En la ciudad se aconseja llevar la cabeza protegida con una gorra o un pañuelo y acaso gafas de sol. La ropa elegida debe permitir estar lo más frescos posible. Conviene que sea holgada, de tejidos naturales y colores claros. Y poca, lo que además posibilita que se tome conciencia de la forma corporal y se aprenda a aceptarla y a potenciarla sin tener en cuenta el qué dirán que tanto influye en el ánimo, sobre todo entre los más jóvenes.

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5. Ejercicio y diversión

El ejercicio bien realizado aumenta la tolerancia al calor, beneficia a huesos y músculos y mejora el rendimiento físico, en especial el cardiovascular. Las opciones son numerosas: caminar, nadar, bicicleta, estiramientos matutinos, juegos en grupo... Sea cual sea la elección, la satisfacción, la relación con los demás o el contacto con el aire, el sol y el agua son tan importantes como el ejercicio en sí. Además, es una excelente excusa para pasar más y mejores ratos con los niños, la familia o los amigos.

Se pueden planear excursiones de uno o varios días que incluyan visitas a lugares interesantes, paseos por la montaña, comidas entre árboles, juegos, bailes... Las risas fruto de esta sintonía de complicidades son bienvenidas, porque si la alegría es la emoción asociada al verano, su expresión más evidente es la risa. Y sus beneficios sobre el corazón están más que probados.

El sistema cardiovascular se ejercita cada vez que el ritmo cardiaco aumenta. La respiración agitada crea un vigoroso intercambio de aire en los pulmones y es un modo efectivo de liberar tensiones. Sea riendo o haciendo ejercicio, el resultado es similar.

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6. Cuidar de tus pies

En vacacionesconviene incluir un tiempo para caminar descalzo sobre la arena, la hierba, la tierra o la madera, pues su contacto con los pies produce un estímulo sobre las terminaciones nerviosas que favorece el buen funcionamiento de los diversos órganos y sistemas del cuerpo.

Además, se experimentan sensaciones agradables que en otras épocas del año son poco comunes. Incluso se pueden intercambiar masajes de reflexoterapia, incidiendo sobre todo en aquellos lugares que parecen más rígidos o sensibles. Es ideal tener las uñas de los pulgares muy cortas para incidir con las puntas de esos dedos en las zonas donde parece concentrarse la tensión. Para potenciar este contacto íntimo pueden cerrarse los ojos y guiarse solo por el tacto, así como atender a las posibles indicaciones del receptor. El masaje en los pies es eficaz para disminuir la ansiedad y apaciguar la mente.

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7. Tener momentos de interiorización

Los momentos de interiorización son necesarios para encontrar el equilibrio que favorece la calma interior. Pararse en un rincón sereno de la montaña o a primera hora de la mañana en la playa para meditar y conectar con uno mismo es una buena manera de disfrutar al máximo del momento que se vive.

Se trata de aprender a expandirse pero sin llegar a desparramarse entre los estímulos exteriores, acaso uno de los riesgos del verano. En silencio, con tranquilidad, se vuelve al mundo de las sensaciones puras y se apaciguan los corazones. No se necesita ninguna técnica especial: basta sentarse con la espalda recta y respirar el momento profundamente.

Cualquier pequeño instante en el que se pueda ser libre y sentirse uno con el rumor del viento o las olas, con el olor de la hierba o del mar, con la fragancia de las flores o el canto de los pájaros, sirve para darse cuenta de que existe ese espacio infinito donde se está bien sin más. Un lugar en el que se nutre el corazón.

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8. Siesta reparadora

Las personas no estamos todo el día igual de alerta. Hay momentos en los que nos relajamos siguiendo el compás de los ritmos internos. Esto suele ocurrir entre la una y las cuatro de la tarde, en que pueden aparecer las ganas de dormir. Con más motivo en verano si el calor aprieta.

Una siesta permite que los ritmos biológicos sigan su curso, reduce los niveles de estrés, mejora el humor y la capacidad de relacionarse y aceptar a los demás, tiene efectos sorprenden bastante tes sobre la memoria, despeja los sentidos y desarrolla las dotes innatas para la creatividad en diferentes aspectos de la vida.

Quien hace la siesta puede vivir más años porque disfruta de mayor calidad de vida. Pero para despertarse con la mente despejada es preferible que no sea demasiado larga.

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9. Observar las estrellas

En las noches de verano el calor no suele ser un problema, sobre todo al aire libre. Por eso, como colofón a un día perfecto, ¿qué mejor que tenderse bajo las estrellas que nos regalan un espectáculo rutilante? En fechas cercanas a la luna nueva (según el calendario lunar de este año, en 20 de julio, 19 de agosto y 17 de septiembre) se observan muchas más y con más nitidez.

Entre las más brillantes que son visibles en el hemisferio norte destacan Altair (en la constelación de Águila), Deneb (en el Cisne) y Vega (en Lira). Las tres forman el gran "triángulo de verano" bastante próximo al cenit.

El calor puede ser el telón de fondo de muchas de estas experiencias, con las que cada verano tenemos la oportunidad de sentirnos más próximos a la naturaleza y al resto de seres humanos con los que compartimos nuestro camino por este fascinante planeta. Solo se trata de aceptarlo y abrirse a él.

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10. Una respiración contra el calor

La respiración es una gran aliada en este proceso de adaptación y apertura al calor. Si se pasa de la respiración automática a la consciente incluso se pueden tener sensaciones de frescor físico y despeje mental.

A través de la inspiración se oxigena el organismo. Con la espiración se eliminan productos de desecho, pero también vapor de agua. Hay que tenerlo en cuenta cuando el calor se dispara, en las sesiones de ejercicio o en las salidas a la naturaleza.

Los efectos beneficiosos de una respiración profunda, lenta y consciente son inmediatos. Casi al instante, uno se siente mejor, se sitúa en el momento presente y le es más fácil conectar con el interior y con el entorno. Esta respiración se halla en la antesala del descanso y la meditación. Se puede respirar todo lo bueno que hay ahí fuera si la mente acompaña la inspiración en un acto de quietud voluntaria.

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Con la espiración eliminamos lo que sobra. Por ejemplo: respirar el calor, espirar el bochorno; respirar los colores del verano, espirar los grises de la ciudad; respirar el aroma del mar, espirar el ambiente cargado a humanidad; respirar la ternura, espirar el rencor; inspirar la flexibilidad, espirar la rigidez o los bloqueos...

Con una respiración atenta cualquier anécdota del verano puede transformarse en pura creación festiva. Existen técnicas de respiración consciente que permiten controlar el movimiento automático de los pulmones a fin de modular el estado de ánimo. Son fáciles de probar por uno mismo.

La medicina tradicional china propone la "respiración de olfateo", que aporta una dosis extra de serenidad. Consiste en realizar una inspiración en tres fases, sin espiraciones, de manera que los pulmones se llenen al máximo de aire. Luego se realiza la espiración lo más lenta y sostenida posible y se vuelve a empezar.

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