Logra el cambio que deseas

Sí puedes cambiar

Leocadio Martín. Psicólogo.

En el libro "La Felicidad: qué ayuda y qué no, psicología para entendernos", el psicólogo Leocadio Martín nos propone una caja de herramientas psicológicas para ayudarnos a entender qué ayuda y qué no a lograr la felicidad.

Si quieres cambiar algo en ti o en tu vida, te propongo una serie de pasos que te pueden ayudar a lograrlo. Identifica qué meta quieres alcanzar y persevera en conseguir tus logros, dándote valor y sin compararte con los demás. Así llegarás a ser la mejor versión de ti mismo.

Aprender lo que nos ayuda –y lo que no–, reconocer las barreras propias y ajenas que nos limitan, explorar en nuestras emociones, en nuestro interior, ayuda a cambiar y sacar la mejor versión de uno mismo.

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¿Quieres cambiar algo? Hazlo paso a paso

El viaje del cambio es el viaje de la vida

Tiene que ver con abandonar las perspectivas negativas que nos hemos creído y ser capaces de ver nuestra existencia de otra forma. Esta es la única manera en la que podemos vivir con verdadero significado, siendo conscientes de nuestro potencial y capacidades.

Es recomendable, cuando deseemos cambiar aspectos o conductas de nuestras vidas, que asumamos que es un trabajo que requiere tesón y tiempo y que, aunque un pequeño olvido en el proceso no tiene la mayor relevancia, la construcción de un cambio es un camino que requiere concentración por nuestra parte.

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¿Resistencia al cambio? ¡Véncela!

La comprensión del cambio resulta un aspecto esencial para entender qué es lo que está ocurriendo con nosotros y con nuestro estilo de vida.

La mayoría de pensamientos se suelen desarrollar en una especie de jaula invisible. Es preciso ser capaces de “pensar fuera de la caja”, es decir, dejar atrás este espacio del interior de la caja, que responde a un cierto esquema mental que no nos permite ver las cosas desde puntos de vista diferentes.

Debemos dejar de lado muchas de nuestras ideas previas, estructuras de pensamiento, y salir de la caja.

La idea de “pensar fuera de la caja” surgió en los años setenta en el ámbito de la creatividad publicitaria, y ha sido desde entonces una forma muy útil de referirse en psicología a ver las cosas desde un punto de vista distinto, novedoso o inesperado.

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¡Si tu cambias, todo cambia!

Se trata de plantearnos ideas imposibles o impensables y averiguar por qué lo son. Este proceso nos entrena para desarmar esquemas preestablecidos. Responde a la pregunta de “por qué no”.

Para nosotros, la caja está compuesta por nuestra historia vital y puede parecer inmodificable. Es un espacio mental en el que nos quedamos atrapados sin ser realmente conscientes de ello.

Nos decimos: “yo soy así”, “no puedo cambiar” o “es lo que me ha tocado vivir”. Se ve como preestablecido.

Nos han enseñado durante años para que pensemos que lo correcto está en ese espacio preestablecido. Que es ahí donde debe desarrollarse nuestra existencia, que no es posible el cambio. Desde dentro, la caja parece el lugar donde debemos estar.

Es esencial que nos entendamos, sin juzgarnos, para empezar a ver las cosas de forma diferente.

Para ir adquiriendo autocontrol, debemos conocer cuáles son nuestras creencias, nuestras expectativas y nuestros condicionantes, los reales y los imaginarios.

El cambio está en nosotros

El concepto sobre nosotros mismos es el pilar básico en el que sustentar el camino hacia el cambio que deseamos.

Es algo individual que puede apoyarse en otras personas, eventualmente, pero que nos debe poner al mando de nuestra propia vida con los menos intermediarios posibles.

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Crecer gracias a un fracaso

La clave del proceso de cambio está en que sea un trabajo propio e íntimo, en muchas ocasiones en contra de lo que otras personas opinan.

Exige determinación, perseverancia y compromiso, entre otras herramientas emocionales.

Una vez estemos en este proceso, empezaremos a reconocernos. ¿Somos personas con la mente abierta al cambio? Depende de nosotros hasta qué punto queramos ser protagonistas o espectadores de él. Cuando comencemos este camino, nos daremos cuenta de que lo realmente artificial es… ¡la caja!

El cambio forma parte indivisible de la naturaleza humana: desde los evidentes –y muchas veces combatidos– cambios que sobrevienen con la edad, hasta aquellos que vienen determinados por las circunstancias externas, las que no podemos controlar.

Pero, ¿estamos preparados para cambiar?

Si el cambio es algo natural, ¿por qué nos resistimos a él? La respuesta es sencilla: no nos educan para ello. Pensamos que todo va a permanecer, que nada se va a modificar y, en lugar de colocarnos en la cresta de la ola para navegarla, nos ponemos frente a ella para intentar detenerla. Así es como nos damos cuenta de que es imposible y de que, además, duele.

Para conseguir el cambio debemos adoptar una actitud orientada a la acción, en lugar de dejar que las circunstancias nos manejen. Además, os avanzo otras opciones:

1. Primer paso de este camino: un cambio es la consciencia.

Observar nuestros pensamientos distorsionados o automatizados es imprescindible para poder comenzar esta modificación de mentalidad.

Es un proceso de aprendizaje inverso y, en cierta forma, de desaprendizaje.

Se trata de conocer, paso a paso, cómo ocurrió; saber cuál es el principio de este; de poder reconocer cuál es el estímulo original que parece disparar nuestra respuesta automática y repetitiva, la que provoca que parte de lo que pensamos parezca inevitable.

2. Segunda etapa: reconocer nuestra capacidad y potencial

Lo peor que nos puede ocurrir es sentir que no somos capaces de manejar nuestra vida; que no podemos elegir. Esto a veces puede ser cierto en determinados contextos y situaciones.

Esa es otra parte del trabajo que nos toca hacer, además de reconocer también esas situaciones para aceptarlas, incorporarlas y seguir adelante. Al ser conscientes de cuándo y cómo podemos cambiar, vamos desarrollando la habilidad de hacerlo en cualquier situación.

Una persona que acepta los cambios transmite confianza a los demás.

3. El tercer escalón de este ascenso consiste en olvidar

Lo que tendríamos que olvidar en este caso son los “deberías”. ¿Cuál es el problema con esta palabra? Pues, simplemente que sugiere que solo hay una forma de hacer las cosas y no necesariamente la que nosotros pensamos que es.

Es un concepto sujeto a convencionalismos que rara vez deja espacio a la innovación, al cambio. “Siempre se ha hecho así” es otra frase sintomática de esta forma limitante de ver las cosas.

Sustituye esta forma de pensar por otra abierta a nuevas posibilidades.

4. Avanzar en el cambio poniendo el foco en lo positivo

Esta sería una visión sesgada de que lo que no funciona, que siempre está por encima de lo que sí. Quien no es agradable no nos deja ver a quien sí lo es, lo que no hemos conseguido oscurece lo que sí. Quien no nos ama no nos permite dar a quien sí,… y así indefinidamente.

Tenemos la tendencia, demasiado común, de ver la vida en negativo, de centrarnos más en las carencias.

Si nos centramos de forma consciente y nos fijamos en lo positivo, en los potenciales, que frecuentemente es mucho más extenso que lo negativo, incrementaremos nuestra sensación de confianza. El efecto sobre nuestra sensación de bienestar será inmediato.

Ser capaces de cambiar nuestra forma de ver las cosas, a veces no resulta sencillo. Esto es solo el comienzo.

Tenemos que ir a por todas

Cuando queremos cambiar, vamos a tener que ir a por todas. Si no, estaremos modificando, arreglando, maquillando o retrasando situaciones que nos superan. No pasa nada, pero no es el cambio que estamos buscando.

El cambio implica una decisisón porque, una vez lanzados, resulta difícil volver atrás.

En el hipotético caso de que quisiéramos hacerlo, nunca volveríamos al mismo sitio. No sería posible. Por este motivo es tan importante la determinación que tomemos, además de ser conscientes de cada paso que demos.

Cuando comenzamos en este camino de cambio, paradójicamente, descubrimos que estamos bastante más preparados de lo que pensábamos. Nos damos cuenta de que es como montar en bici. Simplemente estaba ahí pero no nos acordábamos.

Olvidamos que el cambio, la capacidad de adaptación, forma parte de las características innatas de nuestra especie. Con ese olvido caemos en la letanía de quien sigue proponiendo estabilidad, tranquilidad o sensatez como un antídoto del supuesto abismo que supone cambiar todo.

Es un recurso efectivo y lo recibimos desde el exterior (y desde nuestro interior) en forma de miedo.

Los cambios llegan cuando conseguimos centrarnos en los aspectos más sencillos de la vida. Porque, más allá de la intención de cambio, está la voluntad, el compromiso y el deseo sincero de conseguirlo.

En el libro La Felicidad: qué ayuda y qué no, psicología para entendernos (Ed. Desclée De Brouwer), el psicólogo Leocadio Martín nos propone toda una caja de herramientas psicológicas para ayudarnos a entender y atender ese cambio, identificar las metas, perseverar en los logros y aprender a valorarnos sin la necesidad de compararnos con los demás.

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