Fomentar la autorregulación

Cómo potenciar tu salud innata

Dr. Pablo Saz (médico naturista)

Nuestro organismo tiende de forma natural al equilibrio. Respetar y estimular esa inteligencia intrínseca constituye la base de la salud frente a la enfermedad.

La tendencia a la salud es intrínseca, está en primer lugar, y luego viene la enfermedad. Estar sano significa ser completamente natural, es decir, con el cuerpo y la mente sincronizados.

Pero esta sincronización para mantener la salud supone un estilo de vida, una forma de ser y de pensar o meditar, que se elabora a diario a nivel personal, social y ambiental.

Si el equilibrio se rompe, de forma natural se buscará volver a él y en ese reequilibrio aparecerá la enfermedad, a veces como una forma de adaptación o de intentar recuperar y mantener la salud y la vida el mayor tiempo posible.

Enfermar para corregir

El planteamiento es sencillo pero ante la realidad del enfermo que nace con alteraciones genéticas o el paciente que sufre grandes dolores o trastornos, ¿cómo le explicas que esa misma enfermedad forma parte de la respuesta de su organismo ante el ambiente para resolver los problemas lo mejor posible?

Hay personas que nacen con algunos trastornos, o que sufren otros de tipo crónico. ¿Se puede considerar que ese es también un estado de salud en el que el organismo está buscando el equilibrio?

Lo que unos pueden ver como una alteración genética o enfermedad, para otros es una oportunidad que brinda la naturaleza para reaccionar con nuevas adaptaciones, o avisarnos de que algo se está realizando mal.

Un ejemplo radical serían las contaminaciones ambientales que producen malformaciones fetales: la enfermedad nos muestra en este caso que hay que cambiar ciertos comportamientos.

Sucede igual con algunas enfermedades crónicas. Aparecen como una adaptación a un estilo de vida: sedentarismo y abundante comida producen obesidad, diabetes y gota. Y esto no cambia hasta que se modifica el estilo de vida.

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La tendencia al equilibrio: un mecanismo inteligente

Las constantes que mantienen los organismos vivos no son estáticas. Se trata de estados de equilibrio dinámico, por cuanto los seres vivos son sistemas abiertos, sometidos a intercambios continuos de materia y energía con el medio externo.

El cuerpo mantiene sus constantes con un equilibrio interno que a su vez depende del externo. Todo ello funciona como un gran mecanismo inteligente, cuya tendencia es a mantener la armonía entre el caos y el orden.

Ejemplos de autorregulación se encuentran en:

  • El pecho de la madre adaptándose a las necesidades vitales del niño.
  • La adaptación del cuerpo al esfuerzo, a la profundidad, a la altura.
  • La adaptación de la piel a la luz solar.
  • La osificación después de una fractura.
  • La capacidad de adaptación del ojo humano.
  • La adaptación al frío o al calor: en la termorregulación o con la fiebre.
  • Los mecanismos contra la infección: fiebre, astenia, anorexia, aumento de las secreciones mucosas, tos, vómito, diarrea.
  • El dolor, la impotencia funcional.
  • El efecto placebo y los mecanismos en los que intervienen las endorfinas.

Los síntomas de la enfermedad se presentan con reacciones orgánicas que intentan restaurar un equilibrio perdido.

Conocer a fondo los signos y síntomas, las reacciones orgánicas, la biología, la fisiología, la patología y, en general, los mecanismos de la salud y la enfermedad, y las reacciones que los remedios, las plantas y los medicamentos tienen en el cuerpo, en la salud y en la enfermedad, ayuda a ser mejor médico y paciente.

Por otro lado, conocer y respetar un mecanismo o la yatrogenia de la intervención (el estado, la enfermedad o la afección que causa), puede llevar a médicos y pacientes a adoptar una u otra actitud ante la enfermedad.

No se trata de confiar en una vis medicatrix mágica y desconocida, sino de creer en lo que conocemos e intentar descubrir o aprender lo que desconocemos. Y, ante el desconocimiento, actuar con humildad y respeto ante el enfermo y ante quienes pueden saber más que nosotros (aunque nos lo tendrán que demostrar convenciéndonos racionalmente, enseñándonos).

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¿Cómo favorecer el equilibrio saludable?

Ante todo esto surge cómo conocer y poner en marcha estos mecanismos de autorregulación, cómo entrenarlos y aumentar su capacidad. La terapia naturista tiene una función importante, siempre que se intenten técnicas que ayuden a estos mecanismos autorreguladores o técnicas de higiene de vida y costumbres que mantengan en buen estado la capacidad vital del organismo.

Para ello es bueno diseñar hábitos saludables: ejercicio, alimentación, reposo adecuado, contacto con los elementos naturales; en definitiva, todas las actitudes que favorezcan la capacidad del cuerpo de responder ante las modificaciones que se le presenten.

Algunas medidas sencillas potencian la capacidad innata del organismo para protegerse de las enfermedades, recuperarse por sí mismo de los trastornos y enfermedades, y mejorar el estado de salud en general.

Reconocer la salud fundamental de la mente

Chögyam Trungpa, en su libro Nuestra salud innata. Un enfoque budista de la psicología, defiende que todos nacemos con una bondad y una salud básicas. Desde la perspectiva y la práctica budistas se experimenta la mente como esencialmente pura, esto es, sana y positiva.

Tenerlo en cuenta ayuda a ver los problemas de otra manera: se consideran oscurecimientos temporales y superficiales.

En palabras de Chögyam Trungpa, "este punto de vista no significa tanto 'quitarse de encima' los problemas, como cambiar el enfoque que uno posee de ellos". Pasan a verse en un contexto mucho más amplio de salud: "Uno empieza a dejar de aferrarse a su neurosis y a superar las obsesiones y su identificación con ellas".

Al comprender la naturaleza de la mente, ya no se pone énfasis en los problemas en sí, sino en la base de las experiencias. Cuando se observan los problemas de este modo, disminuye el miedo. "En lugar de verlos como una amenaza, se convierten en situaciones de las que podemos aprender, en oportunidades para descubrir más cosas sobre nuestra mente y avanzar así en el camino."

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Tomar las riendas de nuestra salud

Esto implica ser responsables de las capacidades genéticas que hemos heredado para nuestra propia curación. También del medio ambiente que nos rodea y que es parte de esa misma salud, y, así, recuperar un estilo de vida saludable.

Cuidar el cuerpo, seguir una dieta adecuada, estar en contacto con la naturaleza, meditar, orar… aprender a conectar con la inteligencia del cuerpo y la mente, aprender a escucharlos y a respetar sus necesidades y ritmos, estimular sus mecanismos de autocuración y prevención.

Reconocer que todo lo que ayuda a mantener la salud ayuda también en la enfermedad: la dieta, el ayuno, el ejercicio, el reposo, la limpieza, el contacto con el agua, la tierra, el aire limpio y el sol, la concentración y la atención sobre nuestras fuerzas vitales, la meditación… Todo esto mejora la fuerza vital y ayuda en la enfermedad.

Las normas higiénicas, el cuidado del medio ambiente, el control mental positivo… siguen siendo una parte básica del tratamiento de la enfermedad.

Librarnos no solo de la comida basura, sino también de la basura mental

La meditación puede convertirse en un aprendizaje para la salud: ayuda a descubrir que nacemos gozando de un buen estado de salud mental y que siempre podemos disfrutar de él, sea cual sea nuestra confusión. Permite experimentar la salud inherente de la mente. "Descubrimos que las raíces de nuestros problemas no son tan profundas y que podemos llevar a cabo progresos reales".

El potencial para conseguir ser felices está en nosotros mismos, pero hay que buscar cada día ese fondo, contactar con él. Es importante apreciar el cuerpo y la mente, y familiarizarse con la noción de la bondad fundamental que hay en cada uno de nosotros.

Como seres humanos, poseemos una base capaz de dignificar nuestra existencia y levantar el ánimo. No se trata de ignorar los problemas sino de ver también nuestro potencial para solucionarlos.

Más allá del ego

La perspectiva de bondad y salud inherentes proviene de la experiencia de la ausencia de ego. Significa que uno puede desprenderse de sus pautas habituales y abrirse a una realidad más amplia.

La tarea del terapeuta consiste en ayudar a sus pacientes a restablecer el contacto con su salud y su bondad fundamentales, encaminarles hacia la experiencia del espacio esencial de salud que existe en ellos.

Volviendo a Trungpa, "podríamos pensar que esto es mucho pedir, sobre todo cuando se trabaja con alguien que posee un largo historial de problemas, pero la salud de la esencia de la mente está en realidad en nuestras manos y podemos experimentarla y fomentarla con facilidad».

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