Cuidado del pecho

Cómo prevenir el cáncer de pecho y otras patologías benignas

Son muchas las dolencias que pueden afectar a los pechos, la más temida el cáncer de mama. Pero las tasas de curación son elevadas si con un diagnóstico precoz.

La función principal de los senos es producir leche para la lactancia. Sin embargo, a lo largo de la historia se ha considerado la parte del cuerpo que más ha identificado a la mujer: símbolo de maternidad y protección, inspirador de obras de grandes artistas, de fantasías eróticas y, sobre todo, en una sociedad en la que prima la estética, elemento que marca la belleza de la silueta femenina.

Así las cosas, se justifica que toda mujer se sienta orgullosa de sus senos, al margen de su tamaño. Pero, más allá de estos criterios, lo que es importante es su salud.

En la mente de una mujer planea a veces el miedo a padecer cáncer de mama pero hay que tener en cuenta que hoy, gracias al diagnóstico precoz y a tratamientos cada vez más individualizados y con menos efectos secundarios, puede llegar a curarse.

Es posible haber padecido cáncer de mama sin haber sufrido una mastectomía o, en el caso de haberla sufrido, someterse a una reconstrucción mamaria inmediata o diferida (después de meses o incluso años) que devuelven a la mujer su figura.

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La mama es una de las zonas más delicadas del cuerpo y que más cuidados exige. Está compuesta por tres tipos de tejidos: el adiposo (o grasa), el conectivo-fibroso y el glandular.

Dentro de los senos se hallan unas estructuras llamadas lobulillos, encargadas de producir leche. De ellos nacen 15 o 20 conductos mamarios, denominados galactóforos, cuya función es conducir la leche al pezón.

Los lobulillos y conductos mamarios se encuentran en un tejido denominado estroma. En él cohabitan los vasos sanguíneos y los linfáticos.

Estos últimos drenan a los ganglios linfáticos axilares, determinantes en la diseminación del cáncer pues a través de ellos las células cancerígenas se extienden a otras zonas del organismo. Por ello, el ganglio linfático que se sitúa más cerca del tumor, llamado ganglio centinela, es importante para conocer el pronóstico del cáncer.

¿Son frecuentes las alteraciones benignas en el pecho?

Cerca del 60% de las mujeres experimenta algún dolor en las mamas a lo largo de su vida, sin que eso signifique que padezcan una patología grave. De hecho, la mayoría de estas dolencias están relacionadas con el ciclo menstrual y la acción de las hormonas (estrógenos y progesterona).

La mayoría de los bultos de seno que requieren una biopsia, por ejemplo, resultan ser benignos. Se les denomina "trastornos benignos de la mama" pero aunque suelan ser inofensivos los especialistas recomiendan acudir al ginecólogo en cualquiera de estos casos:

  • Si se detecta un bulto sospechoso que no desaparece con la regla o resulta atípico.
  • Si el dolor es persistente.
  • Si se da una secreción anormal.
  • Si el pecho o la areola cambian de tamaño, color o sensibilidad bruscamente.
  • Si aparece algún hoyuelo, hundimiento o relieve, sobre todo con aspecto de piel de naranja.

Normalmente los dolores mamarios suelen tratarse con anticonceptivos (si hay desequilibrios hormonales) y con unas medidas higiénico-dietéticas adecuadas, pero se puede recurrir a la homeopatía, la fitoterapia y otros tratamientos naturales, como el aceite de prímula y el de onagra, que pueden aliviar las molestias leves.

En los problemas mamarios influyen el estrés y los estados anímicos negativos, que provocan bloqueos energéticos en el pecho. Algunas técnicas de respiración pueden ser útiles.

Los trastornos benignos de la mama más frecuentes son los siguientes:

1. Mastalgia

El dolor en los pechos puede o no asociarse al ciclo menstrual. Normalmente aparece durante la ovulación y desaparece con el periodo. Puede ser apenas perceptible o tan severo que la mujer no pueda utilizar ropa ajustada ni incluso tolerar el contacto.

Aunque se trata de una molestia incómoda suele ser inofensiva y rara vez se debe a una afección tumoral. De hecho, si así fuera, sería benigna y de tipo quístico.

Si no guarda relación con el ciclo menstrual, lo habitual es que tenga su origen en algún trauma o golpe en el seno. También puede deberse a un dolor artrítico en la cavidad del pecho y la nuca que se irradia hacia la zona inferior de las mamas.

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2. Nódulos benignos

Se trata de una de las afecciones más comunes entre las jóvenes, cuyas mamas suelen ser más fibrosas. Al palparlas, pueden presentar pequeñas zonas nodulares (o bultos) que aumentan su tamaño con la regla y desaparecen después de la menstruación.

Los dos tipos más frecuentes de nudos son los quistes y los fibroadenomas:

  • Quistes. Tienen el aspecto de un pequeño saco lleno de líquido que se desarrolla en el tejido de la mama y a menudo causan dolor e hinchazón. A pesar de que raramente son malignos, es conveniente acudir al ginecólogo para su revisión. Normalmente se identifican con una simple exploración física, aunque en algunos casos el especialista puede realizar una ecografía o una mamografía para confirmar su tamaño y consistencia, y una punción-aspiración para conocer su naturaleza y extraer el líquido del quiste, colapsarlo y hacerlo desaparecer.
  • Fibroadenomas. Cuando los nódulos son sólidos, lisos y firmes se trata de fibroadenomas, unos tumores benignos debidos a la acción de los estrógenos. Suelen aparecer entre los 20 y 35 años y pueden aumentar de tamaño así como disminuir durante la menopausia. También en las mujeres que están sometidas a la terapia hormonal sustitutiva estos fibroadenomas pueden agrandarse. Normalmente solo se recurre a la extirpación si el fibroadenoma causa muchas molestias, aumenta de tamaño considerablemente, el especialista tiene alguna sospecha o causa mucho nerviosismo en la paciente.

3. Mastopatía fibroquística

Suele estar muy ligada al ciclo menstrual y casi todas las mujeres pueden sufrirla a partir de los 30 años. Hay mujeres con mamas muy fibrosas que presentan esta dolencia en edades más tempranas, como a los 20 años.

Existen varios tipos, la mastopatía fibroquística compleja o adenósica, por ejemplo, presenta más problemas al especialista puesto que corresponde a mamas muy densas, leñosas, provoca más dolor en la mujer y viene acompañada por la frecuente aparición de quistes.

4. Mastitis

Se refiere a una infección en el seno, aunque también puede corresponder a una inflamación. Los senos se ponen duros, enrojecidos, se calientan y duelen.

La mastitis de la lactancia es la más común. Durante esta etapa, los pezones de la mujer se agrietan y facilitan la entrada de una bacteria presente en la boca del bebé, que a través de los conductos se multiplica rápidamente en la leche. También puede producirse por una obstrucción del conducto de leche.

El tratamiento debe determinarlo un médico. Puede prescribir compresas tibias y masajes para intentar eliminar la obstrucción y antibióticos y antiinflamatorios para combatir la infección, bajar la inflamación y tratar el dolor.

¿Y si es cáncer de mama?

Las dolencias tratadas hasta aquí no suponen un peligro para la salud de la mujer. La que más riesgos entraña es sin duda el cáncer de mama.

La supervivencia media relativa del cáncer de mama tras cinco años es del 89.2% de forma global, según la SEOM. El avance se ha debido al diagnóstico más precoz y a tratamientos médicos más eficaces.

Las causas del cáncer de mama son desconocidas. Aun así, algunos factores pueden aumentar el riesgo de padecerlo. El más común es la edad: a mayor edad, mayor riesgo. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado notablemente la incidencia en mujeres jóvenes. Por ello, los programas preventivos y de detección precoz se han rebajado a los 40 años.

"Se piensa que el cáncer de mama afecta cada vez más a mujeres jóvenes, fundamentalmente por factores exógenos adversos muy evidentes en los últimos años en los países industrializados: estrés, cambios en los ritmos biológicos, un tipo de alimentación cada vez más grasa y con sustancias no naturales, medicaciones inadecuadas y posiblemente retrasos en la primera gestación", explica el doctor Armando Tejerina, presidente del Centro de Patología de la Mama (Fundación Tejerina).

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La larga exposición a las hormonas por menstruación precoz o por menopausia tardía, los anticonceptivos orales, el alcohol o la obesidad también son factores de riesgo. Al igual que contar con antecedentes familiares de cáncer de mama. Sin embargo, tener uno de ellos o todos no significa que se vaya a padecer la enfermedad.

Por otro lado, se ha dicho que la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) oral y en dosis altas, para tratar algunos de los síntomas asociados a la menopausia, puede aumentar la incidencia de cáncer de mama. Por eso es importante que las mujeres que se someten a esta terapia no descuiden sus revisiones mamarias.

¿Cómo afrontar el diagnóstico?

Aunque la mayoría de los nódulos mamarios son benignos, ante un diagnóstico de cáncer la paciente se ve arrastrada a una especie de montaña rusa en la que los sentimientos de miedo, frustración y confusión son los protagonistas.

Sin embargo, es importante recordar que intentar tener una actitud positiva es vital. Para sobreponerse, resulta útil:

  • No tener miedo a pedir toda la información que se necesite.
  • Apoyarse en la familia y amigos.
  • Recurrir a asistencia psicológica a través del propio centro o de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).
  • Mantenerse activa y cuidar el aspecto físico.

Hay que convencerse de que es una batalla que se suele ganar y de la que se sale fortalecida. Hay razones de sobra para sentirse optimistas.

Por otra parte, no todos los cánceres de mama son iguales. Las opciones terapéuticas varían considerablemente atendiendo al tamaño del tumor, al número de ganglios afectados y a si se ha producido metástasis o no. Asimismo, toda mujer tiene el derecho a solicitar una segunda opinión y toda la información necesaria a su médico.

Es importante saber, por ejemplo, que se pueden paliar los estragos físicos de la quimioterapia, tales como la pérdida de cabello (tanto de la cabeza como de cejas y pestañas), la sequedad de la piel, la erosión de las uñas...Sentir que no se ha perdido atractivo o incluso que se ha ganado en autenticidad es un arma muy valiosa para enfrentarse a la enfermedad.

Asimismo, la AECC pone a disposición de las pacientes y familiares apoyo psicológico gratuito y talleres o actividades físicas adecuadas, como técnicas de relajación.

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Sin duda, si algo ha contribuido a cambiar el modo de enfrentarse a la enfermedad ha sido la reconstrucción mamaria y, sobre todo, la inmediata, pues la pérdida de la mama puede provocar trastornos serios en el estado anímico e incluso desencadenar una depresión.

En nuestro país gran parte de las intervenciones en los centros avanzados optan por la cirugía conservadora de mama (no se extirpa en su totalidad). Aun así, alrededor de 8.000 mujeres pierden cada año una mama y serían posibles candidatas a una reconstrucción. Muchas de ellas no quieren ni oír hablar de volver a entrar en un quirófano y se resignan a vivir con un seno amputado.

"Estoy seguro de que muchas de ellas, habrían accedido a ser reconstruidas en el mismo momento en que se les extirpó el pecho si se les hubiera ofrecido esa posibilidad", afirma el doctor Jorge Fernández Delgado, coordinador de la Unidad Funcional de Reconstrucción Mamaria Inmediata en el Hospital La Paz.

Son varios los métodos que se emplean para la reconstrucción de la mama: con tejidos propios o con implantes similares a los que se utilizan en la cirugía de aumento de pechos. Los tejidos propios ofrecen menos riesgo de rechazo y son más naturales pero la operación es más compleja.

Prevenir es curar

En cualquier caso, lo importante es prevenir. Y esto empieza por llevar una dieta sana, en la que abunden frutas y verduras, y se incluyan cereales integrales y legumbres.

Los estudios parecen confirmar que las variaciones en la distribución mundial de la incidencia del cáncer de mama están estrechamente ligadas a las diferencias en el modo de vida, lo que incluye el tipo de alimentación. La magnitud de las diferencias a veces es sorprendente; por ejemplo, en países como China y Japón la incidencia de cáncer de mama es casi diez veces menor que en Estados Unidos.

Evidentemente entran en juego varios factores, pero hay una relación estrecha entre el hecho de no consumir frutas y verduras y la probabilidad de desarrollar un cáncer.

La ingesta regular de sojase relaciona con un menor riesgo de padecer algunos tipos de cáncer dependientes de las hormonas, como el de mama. La soja contiene isoflavonas, que son estrógenos vegetales, con un núcleo muy similar a los estrógenos humanos, la hormona femenina por excelencia.

Durante el periodo fértil de la mujer, la exposición prolongada a los estrógenos humanos constituye uno de los factores de riesgo para desarrollar cáncer de mama, así como cualquier otro tipo de cáncer que depende de las fluctuaciones hormonales. Si estas hormonas humanas están presentes en niveles demasiado elevados, pueden provocar la división de las células, seguida de un crecimiento incontrolado que podría dar lugar a la aparición de un tumor maligno.

Los fitoestrógenos poseen una acción mucho más débil que los estrógenos humanos (unas 200 veces inferior) y suelen inhibir su acción. El interés que ha despertado la soja se debe, por lo tanto, a la posibilidad de que los fitoestrógenos sean susceptibles de reducir el riesgo de una división celular descontrolada.

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Pero una dieta sana y equilibrada no basta para preservar la salud del pecho. El ejercicio físico resulta fundamental. De hecho, según indican las últimas investigaciones, las mujeres que lo practican de forma regular parecen reducir el riesgo de cáncer mamario hasta un 30%.

Cualquier deporte es válido para gozar de una buena salud mientras implique pequeñas dosis de actividad aeróbica. Basta con adquirir el hábito de caminar, correr o ir en bici.

Lactancia materna, una buena prevención

Si se da el pecho correctamente, no tienen por qué doler los pezones ni producirse infecciones o inflamaciones. Al contrario, varios estudios sugieren que la lactancia materna reduce el riesgo de contraer cáncer de mama.

El posible efecto protector de la lactancia materna podría deberse al cese temporal de la producción de hormonas en los ovarios, lo que reduce la exposición de las mujeres a los estrógenos y la progesterona.

Sin embargo, existe otra teoría, controvertida, que señala que la secreción de leche podría eliminar los carcinógenos de los conductos mamarios. Por otra parte, con la lactancia se consigue asimismo la disminución del volumen glandular mamario y, por tanto, también del riesgo de anomalías en la estructura de la glándula.

Entre las complicaciones más habituales que se pueden producir durante el amamantamiento se encuentran la hipogalactia (o escasez de leche), la inflamación mamaria, las grietas en los pezones o las mastitis. En el bebé, las consecuencias suelen ser una alimentación insuficiente, irritabilidad y pérdida de peso.

Para dar de mamar y evitar complicaciones se aconseja:

  • Al inicio de la toma, poner el cuerpo del bebé de cara al pecho y el pezón a la altura del labio superior. Así se permite que el pequeño mame con el cuello recto, que su lengua quede por debajo de la areola y que el pezón se encuentre en la parte superior de su boca.
  • Cuando el bebé tenga la boca muy abierta se ha de sujetar contra el pecho firmemente.
  • Se sabe que el niño está mamando correctamente cuando las primeras succiones son rápidas, superficiales y sus mejillas se abomban. Este primer contacto estimula la secreción de oxitocina (la hormona que favorece la secreción de la leche).
  • Asimismo, a medida que la leche fluye, las succiones se vuelven más lentas e, incluso, se pueden producir algunas pausas. Se puede observar un movimiento en la parte posterior de la mandíbula y las orejas del bebé.
  • Cuando el pequeño esté saciado, soltará el pecho espontáneamente.

¿Cómo hacerse una autoexploración mamaria?

Conocer la forma y la textura de los propios senos es fundamental para poder detectar cambios inesperados, ante los que hay que consultar al médico de inmediato. Basta con adquirir el hábito de examinarlos regularmente.

Las visitas periódicas al ginecólogo sirven, entre otras cosas, para que este realice una exploración física de las mamas que permita detectar precozmente si existe algún bulto que haga sospechar la presencia de una lesión maligna. Incluso puede pedir una ecografía mamaria, que no entraña los riesgos de la radiación de una mamografía.

Pero además de las revisiones, resulta muy aconsejable que la mujer se realice autoexploraciones mamarias de forma regular. El momento más propicio para ello es dos días después del fin del ciclo menstrual, después de la ducha o antes de vestirse. Para realizar una autoexploración correcta:

  1. Frente a un espejo y de pie, con los brazos en jarras, observa tus pechos, tanto de frente como de lado. Fíjate en la textura de la piel, su aspecto y su coloración.
  2. Coloca los brazos detrás de la cabeza y vuelve a examinarlos. Busca posibles protuberancias, rugosidades o cambios en la piel y la textura.
  3. Con los brazos en alto, observa los pezones y comprueba si su aspecto es normal. Aprieta el pezón para detectar posibles secreciones.
  4. Túmbate y coloca el brazo de la mama que vas a examinar debajo de la cabeza. Presiona con los dedos contrarios toda la mama, desde el pezón hacia fuera en movimientos circulares. Continúa desde la base de la mama hasta el pezón. Posteriormente, puedes dividir imaginariamente el pecho en ocho partes y palpar todas las zonas del exterior al interior.
  5. Cuando hayas realizado este movimiento palpa toda la zona de la mama, examinando también las axilas, con movimientos de arriba abajo y de abajo arriba. Repite la misma exploración con la otra mama.

También puedes realizar los movimientos anteriores en la ducha, puesto que la piel se reblandece y es más fácil detectar posibles alteraciones. No te olvides de observar también las axilas.

Para más información

  • Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer; Christiane Northrup, Ed. Urano
  • Dieta para la prevención del cáncer de mama; Bob Arnot, Ed. Urano
  • La curación del cáncer. Métodos naturales; M. Murray et al., Ed. Robinbook

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