Estructura corporal

Cómo son las células: viaje a la esencia de la vida

El cuerpo humano adulto cuenta con 10.000 billones de células; cada una de ellas perfectamente capaz de cumplir con su función. Deberíamos agradecer su trabajo.

Todo empieza con una sola célula. La primera célula se divide para convertirse en dos, estas dos se convierten en cuatro y así sucesivamente. Justo después de 42 duplicaciones, tienes 10.000 billones de células en el cuerpo y estás listo para aflorar como ser humano.

Y cada una de esas células sabe perfectamente qué es lo que tiene que hacer para preservarte y nutrirte desde la concepción hasta tu último aliento. Pero, ¿cómo son las células? ¿por qué hay tantos tipos de células? Te invito a hacer un viaje a tu interior, ¿me acompañas?

Qué hacen las células: el secreto de la vida

Tú no tienes secretos para tus células. Saben mucho más de ti que lo que sabes tú. Cada una de ellas lleva una copia del código genético completo (el manual de instrucciones de tu cuerpo), así que sabe cómo hacer no sólo su trabajo sino también todos los demás trabajos del cuerpo.

Nunca en tu vida tendrás que recordarle a una célula que vigile tus niveles de adenosín trifosfato o que busque un sitio para el chorrito extra de ácido fólico que acaba de aparecer. Hará por ti eso y millones de cosas más.

Tus células forman un país de 10.000 billones de ciudadanos, dedicados cada uno de ellos, de forma intensiva y específica, a tu bienestar general. No hay nada que ellas no hagan por ti.

Te dejan sentir placer y formar pensamientos. Te permiten estar de pie y estirarte.

Cuando comes, extraen los nutrientes, distribuyen la energía y expulsan los desechos, pero también se acuerdan de hacer que sientas hambre antes y de recompensarte con una sensación de bienestar después, para que no te olvides de comer otra vez.

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Por ellas crece el pelo, hay cerumen en los oídos, ronronea quedamente el cerebro. Se ocupan de todos los rincones de tu cuerpo.

Saltarán en tu defensa en el instante en que estés amenazado. Morirán por ti sin vacilar, miles de millones de ellas lo hacen diariamente.

Por qué hay tantos tipos de células: necesaria diversidad

Las células varían enormemente en tamaño y forma, desde las células nerviosas, cuyos filamentos pueden extenderse más de un metro, a las células rojas de la sangre, pequeñas y en forma de disco, y a las fotocélulas en forma de varilla que ayudan a proporcionarnos la visión.

Adoptan una gama de tamaños de enorme amplitud, lo que es especialmente emocionante en el momento de la concepción, en que un solitario y esforzado espermatozoide se enfrenta a un huevo 85.000 veces mayor que él.

Las células también varían en cuanto a vivacidad. Las de la piel están todas muertas. Si eres un adulto de talla media, andas arrastrando por ahí más de dos kilos de piel muerta de los que se desprenden cada día varios miles de millones de pequeños fragmentos.

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Cómo son las células: caos y vida

Si pudieses visitar una célula, no te gustaría. Hinchada a una escala en la que los átomos fuesen del tamaño de guisantes, una célula sería una esfera de unos 800 metros de anchura, sostenida por un complejo entramado de vigas llamado citoesqueleto.

Dentro de ella van de un lado a otro, como balas, millones de objetos, unos del tamaño de balones, otros del tamaño de coches. En ese lugar sin arriba ni bajo no habría un sitio en el que pudieras estar sin que te aporreasen y te despedazasen miles de veces por segundo en todas las direcciones.

El interior de una célula es peligroso hasta para sus ocupantes habituales.

Cada filamento de ADN es atacado o dañado una vez cada 8,4 segundos (10.000 veces al día) por sustancias químicas u otros agentes, y cada una de esas heridas debe suturarse a toda prisa para que la célula no perezca.

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Algunos organismos tienen una organización celular que hace parecer al nuestro despreocupadamente simple. Disgrega las células de una esponja (haciéndolas pasar por un cedazo, por ejemplo), échalas luego en una solución y encontrarán el modo de volver a unirse y organizarse en una esponja.

Puedes hacerles eso una y otra vez y se reconstruirán obstinadamente porque, como tú, como yo y como todos los demás seres vivos, tienen un impulso imperativo: seguir siendo.

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