La cúrcuma es una especia de uso milenario, especialmente en las medicinas tradicionales china y ayurvédica, que la han empleado como tratamiento para las afecciones inflamatorias (artritis y dolor crónico). De color amarillo anaranjado, se utiliza ampliamente en la cocina para dar color, condimentar y conservar los alimentos. En la Unión Europea está autorizado su uso como colorante alimentario con el código E100.

En la cúrcuma se han identificado más de 200 componentes químicos, principalmente compuestos fenólicos y terpenos, entre los que destaca la curcumina, el polifenol más abundante y activo de la familia de los curcuminoides.

6 beneficios de la curcumina

La curcumina es el ingrediente activo principal de la cúrcuma, con numerosas propiedades biológicas. En las últimas décadas ha despertado el interés científico y numerosos estudios coinciden en aceptar sus propiedades. Se la considera una sustancia quimiopreventiva por su acción antioxidante, antiinflamatoria y antimicrobiana.

Su biodisponibilidad queda garantizada en presencia de piperina (un compuesto de la pimienta negra) y en un medio graso. Los actuales complementos farmacéuticos la recomiendan como analgésico y complementan sus fórmulas con pimienta negra, imitando su uso tradicional en la cocina en forma de curry o mezcla de diversas especias disueltas en algún aceite vegetal.

1. Favorece una buena digestión

La Agencia Europea del Medicamento (EMA, 2018) y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS, 2020) aprueban su uso para incrementar la secreción biliar en el tratamiento de la indigestión: sensación de plenitud, flatulencia y digestiones lentas.

Favorece la digestión, ya que estimula al estómago para que segregue más ácido gástrico. También favorece el buen estado de la microbiota, mejora la permeabilidad intestinal, reduce las infecciones de la mucosa gástrica y la inflamación del intestino. Hoy en día se usa contra el intestino irritable y en la enfermedad de Crohn.

2. Posee efectos antioxidantes y antiinflamatorios

La curcumina tiene la capacidad de interceptar y neutralizar los principales agentes oxidantes (superóxidos, peroxilos, radicales hidroxilos, óxido nítrico...), y aumenta la biodisponibilidad de las vitaminas antioxidantes A y E. También protege contra la inflamación derivada de enfermedades y del estrés.

Sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias parecen retardar la propagación de numerosas líneas tumorales e inhibir las metástasis. Parece incrementar la eficacia de la quimio y proteger las células sanas frente a la radioterapia.

3. Se utiliza contra el dolor

Su capacidad antioxidante reduce la inflamación y la rigidez de las articulaciones en personas con artritis reumatoide, artrosis, fibromialgia y gota. En la misma línea, se utiliza como analgésico para aliviar el dolor muscular.

4. Protege contra las enfermedades cardiovasculares

Protege contra la arterioesclerosis, disminuye el colesterol malo LDL, ayuda a reducir la presión arterial, inhibe la agregación plaquetaria y aumenta las concentraciones de coenzima Q10, lo que beneficia al corazón.

5. Ayuda a cuidar el hígado

Mejora la función hepática, pues sus propiedades antioxidantes evitan el exceso de grasas y toxinas que sobrecargan el hígado. Es apropiada para personas con hígado graso o que necesitan tomar medicaciones fuertes habitualmente.

6. Es efectiva frente a las enfermedades neurodegenerativas

Sus demostrados efectos antioxidantes de amplio espectro, convierten a la curcumina en un gran protector contra las placas seniles, con la ventaja añadida de que tampoco causa ninguna sobrecarga gastrointestinal o hepática.

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Otras indicaciones terapéuticas

Se considera un inhibidor de la fibrogénesis, mejora los tejidos en las fibrosis renal, pulmonar, intestinal y hepática. En la diabetes, parece optimizar los niveles de glucosa y la actividad del páncreas. Puede aliviar los síntomas premenstruales.

¿Cuál es la cantidad de curcumina recomendada?

Aunque la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria fija una ingesta diaria de cúrcuma de unos 210 mg, las dosis terapéuticas suelen ser muy superiores: 400-600 mg tres veces al día (60 g de raíz fresca o 15 g de cúrcuma en polvo).

En cualquier caso, no es tóxica, aunque por encima de los 8 g diarios puede causar molestias digestivas: náuseas, dolor abdominal, flatulencia, irritación gástrica y diarrea. Está contraindicada en el embarazo y si se toman medicamentos anticoagulantes.