Secretos de los sueños

¿Cuántas horas se necesitan dormir?

El dormir desempeña muchas funciones fisiológicas y siempre se ha dicho que requerimos 8 horas de sueño. Sin embargo, ¿es cierto esto en todos los casos? En realidad, las necesidades de descanso varían según la persona y la situación.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Dormir es esencial para el buen funcionamiento del organismo. Durante el sueño el cerebro se aísla y no procesa más que de una manera muy elemental las señales que recibe. Y este aislamiento diario es necesario para que este órgano vital funcione correctamente. Sin embargo, ¿cuántas horas necesitamos dormir? ¿por qué es necesario hacerlo?

¿Por qué necesitamos dormir?

Al dormir se cortan algunos de los canales sensoriales. Se cierran los ojos, por ejemplo. Esto, evolutivamente, podría ser un contratiempo, puesto que durante el sueño no podemos actuar sobre el mundo exterior y defendernos de los peligros, sino únicamente cambiar de posición de vez en cuando.

Sin embargo, si no tenemos "párpados en las orejas" es porque hemos de mantener abierto un canal de alerta, y el umbral de percepción auditiva se eleva. Además, el cerebro no deja de funcionar ante los estímulos sensoriales susceptibles de advertir de un peligro.

La necesidad fisiológica del sueño es evidente y para explicarla han surgido distintas teorías.

  • Para darle un respiro al organismo. El sueño es una estrategia para conservar energía y reducir el consumo de alimentos; un periodo de restauración fisiológica, neurológica y psicológica; la oportunidad del cuerpo para restablecerse e invertir sus energías en segregar hormonas especiales como la del crecimiento y, al mismo tiempo, reducir la producción de serotonina y norepinefrina, que contribuyen a transmitir impulsos nerviosos en el cerebro.
  • Para "organizar" nuestros conocimientos y habilidades. El sueño desempeña una función importante en la consolidación de la memoria y el perfeccionamiento de ciertas habilidades practicadas durante el día.
  • Para reparar el cerebro. Se dedica primariamente a las actividades esenciales de reparación y reorganización en el cerebro. Otros órganos y tejidos pueden ser reparados y reorganizados mientras se está despierto, durante periodos de descanso o baja actividad.

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El sueño ha ayudado al hombre a adaptarse al entorno. Duerme en las horas de oscuridad, cuando siglos atrás era más vulnerable al ataque de sus depredadores. Los homínidos, durmiendo a resguardo y estableciendo la vigilancia entre los miembros más viejos y experimentados del grupo, aumentaron sus posibilidades de supervivencia.

Las variaciones considerables que se experimentan en el sueño a lo largo de la vida son consecuencia de esta adaptación para sobrevivir.

De lo anterior se deduce que, al abordar la duración del sueño, deben tenerse en cuenta factores como la edad y los estados sensibles de cría, enfermedad o minusvalía.

La cantidad de 7-8 horas por noche no es más que una media aritmética de las horas que duermen los muchos grupos que se han estudiado, pero las necesidades individuales son muy variadas.

Las crías desprotegidas tendrán un sueño lábil y llorarán para avisar a la madre del peligro; la madre, durante la lactancia, tendrá un sueño especial, y los ancianos serán más sensibles al ruido y precisarán dormir menos.

Además, la necesidad de sueño de cada uno puede ir variando noche tras noche, según las circunstancias.

Con todo, son muchas las personas que sufren algún trastorno del sueño. El más habitual es el insomnio, la incapacidad para disfrutar de un sueño correcto y suficiente, por la imposibilidad de conciliar el sueño, por despertarse pronto y ser incapaz de seguir durmiendo , o porque se ti.ene un sueño perturbado que deja sensación de haber dormido poco.

Algunas personas tienen la sensación de que no duermen nunca, pero en realidad entran sin darse cuenta en pequeños periodos de descanso, llamados "microsueños", que les permiten superar la jornada.

10 claves para prevenir el insomnio

Desde la temperatura de la habitación a la dureza de la cama, pasando por los horarios y hábitos de higiene... son muchos los factores que influyen en la calidad del sueño. Tenerlos en cuenta es básico para dormir bien.

  • Higiene. Acostarse limpio ayuda a dormir mejor. Por eso conviene, antes de meterse en la cama, realizar tareas de aseo general, incluyendo las vías altas respiratorias.
  • Baño caliente. Darse un baño caliente por la noche, de al menos diez minutos, ayuda a conciliar el sueño.
  • Habitación. En la habitación el mobiliario ha de ser solo el necesario. Conviene evitar la acumulación de objetos.
  • Temperatura. El frío y el calor dificultan el sueño. Para conciliar el sueño y dormir sin despertarse durante la noche, la temperatura óptima de la habitación es de entre 16 y 20 ºC.
  • Ropa de cama. Es preferible que sea de algodón y solo la suficiente, para que no dé demasiado calor.
  • Pijama. Debe ser cómodo y de tejidos suaves. Un pijama ligero facilita los movimientos durante la noche. El algodón es lo más aconsejable. Puede ser adecuado llevar calcetines si se tienen los pies fríos.
  • La postura correcta. A la hora de dormir sirven todas las posturas. Lo importante es buscar la que resulte más cómoda. Si la cama es amplia, el cuerpo se irá moviendo durante toda la noche y es bueno que así sea. El cambio postural hace que el cuerpo descanse sin permanecer demasiado tiempo apoyado en un sitio concreto.
  • Cama. Un colchón semirrígido facilita el apoyo de la columna vertebral. La almohada conviene que sea baja y blanda, para no forzar el cuello.
  • Regularidad. Hay que mantener ritmos fijos de acostarse, y primordialmente de levantarse, incluso los fines de emana, para lograr un ritmo vigilia-sueño constante. Mejor levantarse siempre a la misma hora, pero acostarse solo cuando se sienta somnolencia.
  • Evitar trasladar las preocupaciones a la cama. Si esto ocurriese es preferible levantarse y realizar alguna actividad, y volver a la cama solo cuando se sienta sueño.

Libros para dormir mejor

  • Aprender a dormir bien; Chris Idzikowski. Ed. Oniro
  • Recetas para dormir bien; Eduard Estivill y Mirta Averbuch. Ed. Plaza & Janés
  • El poder curativo del sueño; Sheila Lavery. Ed. Oniro

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