Comprender las causas

Dolor de espalda: causas físicas y emocionales que puede haber tras esta alteración

Ir más allá de los síntomas para identificar el origen del dolor permite establecer hábitos preventivos y saber qué terapia es la más adecuada en cada caso.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Manuel Núñez
Manuel Núñez

Periodista especializado en salud y ecología

Casi la mitad de la población española sufre algún episodio de dolor de espalda a lo largo del año. Y cuatro de cada cinco personas lo experimentan varias veces a lo largo de su vida.

A menudo desaparece sin tratarlo, pero uno de cada cuatro pacientes que acuden a la consulta de un médico por este motivo se ve incapacitado para trabajar o para desenvolverse con normalidad.

Lo peor es que la mayoría no encuentra un tratamiento eficaz que resuelva definitivamente su problema y se conforma con el alivio que proporcionan analgésicos y antiinflamatorios que no están libres de efectos secundarios. Tampoco es extraño que se sometan a operaciones quirúrgicas innecesarias y a menudo ineficaces.

Sin embargo, no es tan difícil liberarse del dolor por completo, rápidamente –en menos de tres meses– y sin recurrir a medidas drásticas. Solo hace falta un tratamiento que aborde la verdadera causa del problema.

Causas del dolor de espalda físicas y emocionales

Josef Schadhauser es el fisioterapeuta más reconocido de Alemania. Acuden a él deportistas de élite, como Boris Becker o los futbolistas del Bayem de Munich, así como personalidades célebres.

Su éxito en el 90% de los casos le lleva a afirmar con rotundidad que nadie debe resignarse a su dolor de espalda. Es una convicción avalada por sus conocimientos sobre la espalda y la experiencia de haber tratado a más de 30.000 pacientes a lo largo de 30 años.

El tratamiento de Schadhauser no es mágico. Se basa en detectar la auténtica causa del dolor en lugar de tratar sólo los síntomas. Pero hallar la causa no es fácil.

El estilo de vida que domina en la actualidad atenta contra la salud de la espalda. El sedentarismo, el sobrepeso o el estrés contribuyen a sobrecargarla. Pero, sabiéndolo, es responsabilidad de cada persona poner remedio.

  • Abuso de las sillas. La mayoría de la población, incluyendo los niños y jóvenes estudiantes, pasa sentada de 4 a 8 horas diarias, lo que favorece las alteraciones en la postura y otros problemas. El sedentarismo debe contrarrestarse realizando actividad física el resto del día.
  • No saber relajarse. La tensión psicológica se traduce en contracturas y desequilibrios músculo-esqueléticos. El problema es que muchas personas tampoco se relajan en su casa o durante el tiempo libre. A menudo se eligen actividades que mantienen o incluso aumentan la tensión.
  • Demasiada vagancia. Al menos dos tercios de los españoles se mueven menos de lo que necesitan y realizan menos de 30 minutos de deporte dos veces por semana. Uno de cada tres niños hace menos de la hora diaria de actividad física intensa recomendable.
  • Kilos de más. El sedentarismo favorece los dolores de espalda, así como la obesidad (un lastre extra para la columna) y problemas de salud. Se comen demasiados alimentos ricos en azúcares de asimilación rápida y en grasas. Pero siempre se está a tiempo de iniciar una dieta sana.
  • Incorrecciones posturales, tanto al andar como al permanecer de pie, y también al recoger o transportar pesos y al correr. Son movimientos comunes en la vida diaria que poca gente realiza bien. El problema es que la mayoría de personas no han adquirido una cultura física suficiente. Las disciplinas que enseñan a moverse con conciencia (yoga, taichi, chikung, Pilates) pueden ayudar a corregir estas deficiencias.

Hace tiempo que sabemos que nos movemos poco y que tenemos demasiado estrés. Quizá nos sobran kilos y no nos encontramos a gusto con nuestro cuerpo. Debemos ser coherentes e introducir hábitos más sanos en nuestras vidas.

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Por qué es tan difícil identificar la causa del dolor

Cuando una persona con dolor de espalda acude a la consulta del médico, éste suele ofrecerle un diagnóstico, a veces después de haber hecho una radiografía o alguna otra prueba.

Enseguida asegura que la culpa es de la artrosis, de una hernia discal, de un problema muscular o de un pinzamiento nervioso. La verdad es que los médicos se equivocan en la mitad de los casos por lo menos.

Dos radiografías donde se aprecie una artrosis idéntica pueden corresponder a una persona con dolor y otra sin. Es fácil echarle la culpa a la artrosis, pero no siempre la tiene. En cualquier caso es una oportunidad para no seguir buscando el auténtico motivo del dolor. Lo mismo puede decirse de las hernias discales.

Los especialistas no tienen siempre éxito porque sólo resuelven los casos que tienen que ver con los conocimientos parciales que han adquirido.

Por tanto un buen terapeuta de la espalda debe atreverse a afrontar tanto problemas de origen psicológico como físico, óseos y musculares, adquiridos e innatos. Además, resulta imprescindible que conozca a fondo la mayor cantidad posible de recursos terapéuticos, sean convencionales o alternativos.

Las manos de un terapeuta o un masajista con experiencia son más eficaces en el diagnóstico y en el tratamiento que las máquinas más sofisticadas.

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Los especialistas convencionales suelen utilizar para el diagnóstico y el tratamiento de la espalda todo un arsenal de tecnología médica, comenzando por las radiografías y los escáneres, y terminando por complicadísimas máquinas para manipular la columna.

Las radiografías aportan información relevante solo en el dos por ciento de los casos. En la gran mayoría no se puede distinguir nada de interés en relación con el dolor. Schadhauser está convencido de que lo más importante para un terapeuta son sus ojos y sus manos.

Un buen terapeuta puede ser capaz de percibir el origen del problema viendo cómo se desviste su paciente. La postura que adopta para quitarse una prenda puede resultar muy reveladora. También la manera de caminar, de sentarse o de estar simplemente de pie.

A continuación el terapeuta debe realizar una exploración a fondo con las manos. Éstas son capaces de detectar los déficits musculares, las alteraciones en la colocación de la pelvis o los problemas de movilidad con mucha más eficacia que ninguna tecnología.

Los expertos en masaje tradicional tailandés y en rolfing suelen dominar esas técnicas. Sin embargo, está de moda creer que las máquinas y sobre todo el bisturí funcionan mejor que unas manos expertas.

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