Atajar la pandemia

¿Tu edificio puede estar enfermo de coronavirus?

Claudina Navarro

Se pueden tomar medidas para reducir el riesgo que el edificio donde trabajamos o estudiamos se convierta en un foco de transmisión del virus de la COVID-19.

Las medidas de precaución para evitar el contagio con el coronavirus no solo afectan a las personas. Los edificios también pueden enfermar, en el sentido de que pueden cobijar el virus y facilitar el contagio de las personas.

El virus SARS-CoV-2 puede permanecer sobre las superficies durante días y puede ser desplazado por las corrientes del aire acondicionado. Su capacidad para infectar depende además de la ventilación, la humedad y los sistemas de filtración.

Todas estas variables dependen de la arquitectura, el mantenimiento y el uso de los edificios, ya sean comunidades de vecinos o empresas. El doctor, Joseph Allen, director del programa Edificios Saludables en la Escuela T.H. Chan de Salud Pública en la Universidad de Harvard, recuerda que los "edificios son muy eficientes a la hora de propagar enfermedades".

Cómo se propaga el virus en los edificios

Un estudio publicado en Emerging Infectious Diseases relacionó el contagio de 10 personas en un restaurante con las corrientes creadas por el aire acondicionado. La persona transmisora estaba sentada en una mesa y sus virus llegaron a comensales que estaban en otras dos mesas, alguno a más de 4 metros de distancia.

Otro estudio publicado en la misma revista describe un caso en que una persona infecta a 94 compañeros de trabajo en un "call center". El doctor Allen pone otro ejemplo, el de los cruceros, que son esencialmente edificios flotantes, donde se han propagado los virus de tal manera que se prohibió desembarcar a los pasajeros.

En el caso del Diamond Princess, de 3000 pasajeros, al menos 700 contrajeron el nuevo coronavirus, lo que representa una tasa de infección superior a la de Wuhan en los peores momentos.

Allen considera que la Organización Mundial de la Salud y la mayoría de autoridades sanitarias nacionales se están equivocando al atacar exclusivamente la transmisión mediante las gotitas respiratorias cuando se tose, se estornuda o se habla.

De este enfoque se deducen las tres medidas esenciales de prevención: aumentar la distancia social, lavarse las manos y llevar mascarillas (aunque hay que recordar que tanto la OMS como los países europeos consideraron equivocadamente durante semanas que no eran necesarias para las personas sin síntomas).

Sí, el virus puede difundirse por el aire

La realidad es que las personas no solo expulsan gotas que pueden llegar a tres metros de distancia antes de caer al suelo, sino también partículas más pequeñas denominadas "núcleos de gotas" o aerosoles, que pueden permanecer en el aire hasta tres horas y transportarse alrededor de los edificios. Y estas gotas pequeñas pueden ser especialmente contagiosas porque penetran más fácilmente hasta los pulmones, que es donde el virus SARS-CoV-2 anida y hace más daño.

Por otra parte, tanto las gotas grandes como las pequeñas acaban depositándose sobre las superficies donde pueden mantenerse viables durante días. En general, cuanto más pulida es la superficie, más tiempo permanece. Se han detectado virus viables después de 4 horas sobre superficies de cobre, de 24 horas en cartón y hasta 2-3 días en plásticos y acero inoxidable.

Por tanto, los sistemas de aire de acondicionado y los protocolos de ventilización e higiene en los edificios deben estar muy bien establecidos teniendo en cuenta las características del nuevo coronavirus. Si lo hacemos bien, podremos volver a oficinas y escuelas con tranquilidad.

4 medidas para que el edificio no sea un foco de enfermedad

1. Ventilar todo lo posible

Los responsables de mantenimiento deben olvidarse del dogma según el cual hay que mantener la estanqueidad del edificio para que el funcionamiento del aire acondicionado sea eficiente. Sería una receta para el desastre, afirma Allen.

En situación de pandemia hay que ventilar, hay que abrir las ventanas todo lo que se pueda para reducir la concentración de virus y, de paso, de contaminantes. Nada de recircular el aire. Además la ventilación deficiente favorece la transmisión de otros agentes como los norovirus del resfriado o de la gripe común, y reduce las habilidades cognitivas.

Un estudio publicado el año pasado descubrió que garantizar niveles mínimos de ventilación del aire exterior reduce la transmisión de la gripe tanto como vacunar del 50 al 60 por ciento de las personas en un edificio.

Esta pandemia puede servir para promover la arquitectura bioclimática, que logra ventilar y climatizar la atmósfera interior sin aparatos de aire acondicionado.

Para ello se levanta el edificio con la orientación adecuada en relación al sol y se le dota de cubiertas vegetales, toldos y conductos de ventilación, entre otros sistemas.

2. Filtros apropiados y en buen estado

La mayoría de edificios con sistemas de aire acondicionado utilizan filtros de bajo grado que podrían capturar menos del 20 por ciento de las partículas virales.

En cambio, los mejores hospitales usan un filtro con calificación F2 o F3 (nomenclaturas de otras normas: MERV 13 o EU7 o superiores), que capturan más del 80 por ciento de las partículas virales. Estos serían ahora los adecuados en las empresas.

En las áreas de alto riesgo, los purificadores de aire portátiles también pueden ser efectivos, siempre que incorporen filtros de calidad HEPA que capturan el 99.97 por ciento de las partículas.

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3. Humedad por encima del 40%

En las regiones mediterráneas esta variable no va a representar un problema en los próximos meses. No obstante, hay que tener cuidado, de nuevo, con el aire acondicionado porque tiende a resecar los ambientes. En invierno la calefacción es un auténtico problema.

Existen sistemas de calefacción y ventilación capaces de mantener la humedad en el rango óptimo del 40 al 60 por ciento, pero la mayoría no están preparados. En ese caso, los humidificadores portátiles pueden aumentar la humedad en las habitaciones, particularmente en el hogar.

4. Limpieza de superficies

El coronavirus nos amenaza desde las superficies contaminadas: manetas de puertas, teclados de ordenador, teléfonos móviles, barras para agarrarse en transportes públicos, botones de ascensores, mesas....

La limpieza frecuente de estas superficies de alto contacto es imprescindible. En los hospitales se recurre a productos con ingredientes desinfectantes, pero esto no es necesario en lugares de trabajo y hogares.

Es suficiente con un buen detergente ecológico, pues los ingredientes tensioactivos son capaces de destruir el virus (por eso lavase las manos con jabón también es suficiente).

Si se quiere un acabado desinfectante, en lugar de productos agresivos como la lejía o el amoníaco se pude recurrir al agua oxigenada al 3% (tal como se vende en droguerías y farmacias) o al alcohol diluido al 70% en agua).

Otro medida obvia es aumentar las distancias entre los personas también dentro del edificio, en todos los espacios, incluidos los ascensores. Para ello habrá que separar las mesas (un mínimo de dos metros) y tomar las medidas necesarias para mantener las distancias.

Referencias científicas:

Zhicong Yang et al. COVID-19 Outbreak Associated with Air Conditioning in Restaurant, Guangzhou, China, 2020. Emerging Infectious Diseases.

Eun Kyeong Jeong et al. Coronavirus Disease Outbreak in Call Center, South Korea. Emerging Infectious Diseases.

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