El trabajo no lo es todo

Los efectos psicológicos de vivir solo para trabajar

No podemos volcar toda nuestras energías en el trabajo. Encontrar un equilibrio entre la vida laboral y la particular nos ayuda a tener una mejor salud emocional.

Ramón Soler
Ramón Soler

Psicólogo

En esta sociedad ultra competitiva, en la que prima la productividad por encima de todo, las empresas premian a los empleados que son capaces de trabajar bajo grandes cargas de presión.

De hecho, en las pruebas de selección de muchas empresas, los candidatos son sometidos a altos niveles de estrés y, a los que no parecen estar preparados para soportarlos, se les descarta.

Este modelo de producción resulta muy positivo para las empresas, pero no lo es tanto para la salud emocional de sus empleados. El que no puede trabajar bajo presión es desechado y, al que sí que le es posible seguir el ritmo, se le sobrecarga de tareas.

¿Qué efectos psicológicos puede tener mucha carga de trabajo?

El efecto psicológico para estos trabajadores es devastador en un doble sentido:

  • Pueden ocurrir crisis de ansiedad. Los trabajadores, en este contexto, van acumulando tensión hasta llegar un punto de saturación insostenible que les puede acarrear graves crisis de ansiedad o, incluso, algún problema físico derivado del estrés.
  • La vida personal puede verse deteriorada. Al estar centrados únicamente en su trabajo, estas personas dejan de lado otros aspectos de su vida que son más necesarios para un buen equilibrio emocional (la familia o el cuidado personal).

Artículo relacionado

como-influye-trabajo-en-felicidad-y-estado-de-animo

Así influye el trabajo en la felicidad y estado de ánimo

Testimonio de una persona que sufrió un colapso por trabajo

Os voy a contar el caso de Raúl, un joven que en una ocasión acudió a mi consulta. Era un joven perfectamente adaptado a las exigencias de la empresa tecnológica en la que trabajaba, pero que había caído en una crisis existencial por no atender los demás aspectos de su vida personal y familiar.

Me comentaba en nuestras sesiones que, desde pequeñito, se había acostumbrado a trabajar bajo presión. Confiaba tanto en sus capacidades que, cuando tenía que estudiar o entregar una tarea, invariablemente, lo dejaba todo para el último momento.

En estas ocasiones, tenía que realizar un esfuerzo contrarreloj, pero el resultado siempre era sobresaliente.

Más adelante, en la Universidad, seguía acostumbrado a esa urgencia constante y a la sensación de la adrenalina recorriendo su cuerpo por la presión de una fecha de entrega. Se sentía cómodo en estas situaciones. De alguna forma, me decía, se había convertido en un adicto a la presión. El estrés le servía de estímulo y le ayudaba a sacar adelante su trabajo.

Gracias a este patrón de trabajar muy bien bajo presión, se había adaptado perfectamente a su empresa, una pequeña startup con escaso personal y una prisa constante por terminar los proyectos.

Obviamente, Raúl era el que mejor resolvía este tipo de situaciones, por lo que sus jefes, además de utilizarlo de ejemplo frente a los demás compañeros, siempre le daban trabajo de más.

El problema para Raúl surgió cuando comenzó a sentir una apatía progresiva que no le dejaba disfrutar de las pequeñas cosas que antes le alegraban.

Artículo relacionado

síndrome de estocolmo laboral

Síndrome de Estocolmo laboral: qué es y cómo identificarlo

Señales de que se sufre sobrecarga laboral

La vida laboral de Raúl marchaba muy bien, pero no ocurría lo mismo en otros aspectos de su vida.

  • Había desatendido a su pareja, a su familia y, también, había dejado de lado algunas aficiones que le estimulaban.
  • El joven se notaba desganado y sin energía, incluso, había comenzado a aburrirse en su trabajo y estaba comenzando a perder el empuje que sentía antes para centrarse y avanzar en los proyectos de la empresa.

Aunque el cuerpo y la mente posean un enorme potencial y mucha capacidad de aguante, si se exprimen hasta el máximo, tarde o temprano, la energía se agota.

Raúl había dedicado tanto esfuerzo en su trabajo que había consumido todas sus reservas de energía y su cuerpo le estaba pidiendo a gritos un descanso.

En situaciones como esta, muchas personas terminan sufriendo una crisis de ansiedad o, incluso, alguna enfermedad física que les obliga a parar en seco y replantearse toda su vida. Por suerte, Raúl pidió ayuda antes de llegar a ese punto y pudimos trabajar para evitar llegar a este punto tan crítico.

Cómo combatir el estrés laboral

Para equilibrar la balanza entre su estresada vida laboral y su abandonada vida personal, trabajamos, de forma gradual, ambas partes.

En su trabajo, comenzó a delegar algunas tareas para descargar su nivel de tensión. También, aprendió a organizarse mejor el tiempo para poder avanzar de forma más lineal y no tener que depender del esfuerzo del último momento.

Por otra parte, fue reservando pequeños momentos del día para disfrutar con su pareja y su familia. La nueva consigna era dejar a un lado el trabajo para poder cuidar esos otros aspectos de su vida que había desatendido durante tanto tiempo.

Al cabo de unas semanas, Raúl logró recuperar su equilibrio emocional. Él me lo describió de esta manera: “vuelvo a ver el brillo y los colores de las cosas”.

Además, se percató de que, cuidando su vida personal, se sentía mucho más pleno, más feliz, y era mucho más productivo en su trabajo que antes.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?