Prepárate para la primavera

8 propuestas para reconectarte con tu cuerpo

Eva Mimbrero

El invierno va llegando a su fin y anuncia una nueva primavera. Es el momento de desperezarse y redescubrir el lenguaje sabio y sutil del cuerpo, al que por lo común prestamos poca atención.

El cuerpo te habla siempre y no solo lo hace como instrumento de los sentidos, también te transmite un sinfín de sensaciones y apetencias diversas, o puede alertarte de que algo va mal, con síntomas como la fatiga, el dolor o la fiebre.

Debes escuchar a tu cuerpo

Pero a veces no lo escuchas como se merece, te centras demasiado en tus pensamientos y poco en la información que obtienes a través de él.

La mente, incluso, "utiliza los músculos para permitir o inhibir la expresión de las emociones", asegura Ricard Montseny, terapeuta psicocorporal, en su manual Integración cuerpo-mente. Idea que ilustra con el siguiente ejemplo: "un niño que quiera reprimir su sentimiento de tristeza tendrá que contraer los músculos del pecho y la garganta, así como contener la respiración para no llorar. [...] Si el niño no relaja más tarde o más temprano los músculos acortados, la tensión se torna crónica y deja de sentir la tristeza".

Reconectar con el cuerpo de forma consciente puede ayudarte a recuperar sus mensajes. No hay que olvidar que nada de lo que piensas o sientes le es ajeno. Por eso, si aprendes de nuevo a interpretar sus señales, puede convertirse en un instrumento del que valerte como guía.

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Pero... ¿por qué te cuesta tanto sentir el cuerpo? La división histórica entre cuerpo y mente es una de las principales razones para Luis Carbajal, psicólogo y especialista en terapias corporales. En esta división, "sin lugar a dudas, el cuerpo ha sido el más perjudicado la mayor parte de las veces: cultura y religión han hecho del cuerpo, en ocasiones, el origen de los males del mundo", explica.

A este motivo añade otro: nos recuerda nuestra caducidad. "Ante esto no es de extrañar que durante siglos nos hayamos empecinado en intentar acallar al principal recordatorio de nuestra decadencia personal. Y la mejor manera ha sido relegar al cuerpo a simple envoltorio de algo más grande", afirma Carbajal.

Esta concepción del cuerpo como simple materia ha provocado un error muy común, tal y como explica Beatriz Fernández, terapeuta de rebirthing. "Más que poca atención, creo que le prestamos una atención equivocada. Estamos muy pendientes de su aspecto, principalmente, y queremos conservarnos siempre jóvenes sin tomar conciencia ni responsabilizarnos del milagro que es nuestro cuerpo", sostiene.

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¿Como darle voz a mi cuerpo?

Aprovechar la recta final del invierno para intensificar tu relación con el cuerpo parece muy adecuado si tienes en cuenta la sabiduría ancestral de medicinas tradicionales como la china.

Durante la primavera que está a punto de llegar el elemento que predominará será la madera, conforme el sol caliente la tierra y en esta haya agua disponible.

Al igual que el tronco y las ramas de los árboles se están preparando para sostener las nuevas hojas, flores y frutos que cobrarán vida en los próximos meses, tus músculos y articulaciones pueden hacerlo también para dotarte del movimiento y la expansión de los que podrás gozar en los días cálidos que vendrán.

Por esta razón, cuidar y potenciar el contacto con tu propio cuerpo puede ser especialmente beneficioso ahora y en los meses venideros.

Aprende que no tienes un cuerpo, sino que eres un cuerpo

1. Cierra los ojos

La vista es tu principal ventana al exterior. Si estas muy pendientes de observar lo que pasa afuera, puedes descuidar la escucha activa de lo que te ocurre dentro. Cerrar los ojos mientras llevas a cabo actividades cotidianas es una sencilla manera de conectar con tu cuerpo.

Masticar poco a poco y con los ojos cerrados, por ejemplo, ayuda a focalizar la atención en los cambios que este proceso provoca en tu organismo (aumento de la salivación, percepción de los olores, activación del sentido del gusto…), y a escucharlo, por lo tanto, más atentamente.

También puedes tenderte en el suelo, cerrar los ojos y sentir los diferentes puntos de apoyo, el latido del corazón, el vaivén rítmico de los pulmones, incluso a veces cómo fluye la sangre, hormigueante, hacia un rincón entumecido del cuerpo. Son sensaciones sutiles que, a poco que prestes atención, percibirás.

Fijarte en cómo experimentas físicamente determinadas emociones (cuando sientes miedo, alegría o tristeza…) es otra buena forma de potenciar el diálogo con tu cuerpo.

Conviene que te preguntes: ¿qué has sentido?, ¿cómo ha cambiado mi voz?, ¿cómo me he expresado?, ¿he notado palpitaciones o presión en el pecho?, ¿he percibido calor o frío?, ¿he tenido temblores, náuseas, mareos?

Todas las emociones se manifiestan a través del cuerpo, donde pueden permanecer y dejar huella. Hablan un lenguaje complejo y escucharlas es escucharse a ti mismo.

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2. Sal a caminar

El ritmo actual te hace ir de aquí para allá a diario sin prestar atención al cuerpo mientras caminas, moviéndote a menudo de forma mecánica.

Pasear tranquilamente por la montaña, la playa o un parque urbano en los días cada vez más agradables de finales de invierno, sintiendo el contacto de la planta de los pies con la tierra o el impulso de las piernas llevándote a avanzar ligera puede ayudarte a reconectar con tu cuerpo. Si caminas descalza, notarás la frescura de la hierba o cómo la arena de la playa ejerce un suave masaje.

Empiezas a desprenderte de capas de ropa y debajo aparece tu cuerpo, que agradece el reencuentro con los elementos. Camina de forma relajada, sintiendo tu propio ritmo, eso te permite también disfrutar del entorno, observar, sentir. Y es también una de las formas clásicas de meditar en movimiento.

3. Respira con conciencia

"La respiración es lo que más directa y rápidamente nos conecta con nuestro cuerpo", asegura Beatriz Fernández. Para esta terapeuta de rebirthing, un método que se basa precisamente en desbloquear la forma en la que se respira, practicar la respiración consciente hace posible que el cuerpo se reequilibre y se relaje, al mismo tiempo que se aquieta la mente.

Técnica de respiración "20 conectadas"

Para conseguirlo propone un sencillo ejercicio. Se llama "20 conectadas" y requiere menos de un minuto. Consiste en llevar a cabo 20 respiraciones seguidas. Empieza respirando cuatro veces de forma rápida y enérgica (no superficial) y, a continuación, lleva a cabo una espiración larga y profunda, soltando el aire relajadamente.

Esta secuencia debes repetirla cuatro veces. "La respiración se realiza sin pausa entre inhalación y exhalación (tampoco después de la exhalación larga), de modo que se utilice toda la caja torácica, si es posible, y con el vientre y los hombros relajados. Al terminar, observa las sensaciones que percibes en el cuerpo", aconseja Beatriz.

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4. Haz ejercicio regularmente

"Cuando el cuerpo se para, la mente se dispara", afirma el doctor Karmelo Biz­karra en su libro Cuidarte para curarte. El ejercicio, además de relajar mentalmente, ayuda a sentir el cuerpo con mayor intensidad.

Mientras corres o vas en bicicleta puedes percibir cómo tu corazón bombea más rápido, cómo trabajan tus músculos y articulaciones, cómo se incrementa tu ritmo respiratorio…

Para muchos, el cansancio corporal tras el ejercicio es, en cierta forma, agradable, y gran parte de este bienestar viene precisamente de activar músculos que no utilizas en el día a día. Es como si, con este cansancio gustoso, te dieran las gracias por ponerlos en movimiento y no olvidarte de ellos.

Al ejercitarlo y darle descanso, puedes llevar el cuerpo a un estado de ligereza en que lo sientes aplomado pero leve, con una energía que lo recorre de punta a punta y lo tensa lo justo para poder moverte.

En determinadas disciplinas que implican un movimiento más consciente, como el yoga o el taichí, se potencia aún más este diálogo entre cuerpo y mente.

5. Date un masaje

El organismo podría compararse a una pieza de barro en la que las tensiones, el dolor y las emociones reprimidas van moldeando la escultura final.

Las manos expertas de un masajista pueden liberar esas tensiones y bloqueos, conectándonos con nuestro cuerpo y con lo que en él se esconde, y ayudándonos a entender mejor su importancia y complejidad. Los masajes, además, proporcionan alivio y bienestar y aumentan el equilibrio entre el cuerpo y la mente.

Estos beneficios no son exclusivos de un masaje profesional: todos tenemos capacidad para dar masajes y podemos experimentarlos con nuestra pareja. Basta con seguir el instinto y preguntar siempre que sea necesario.

El masaje también puede dárselo uno mismo, presionando y friccionando los pies, las manos, el rostro… Un automasaje en las zonas con las que más descontentos estamos a nivel físico (tal vez el abdomen o las caderas) sirve, además, para aumentar la autoestima y hacer las paces con nosotros mismos, enviándonos un mensaje de amor.

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6. Agradécele su función

El cuerpo humano es un ente incomparable que, en segundos, lleva a cabo innumerables actividades y funciones sin que nos demos cuenta.

Reconocer la indispensable labor de sus órganos, tejidos y sistemas, y agradecerles que trabajen sin pausa y nos permitan disfrutar, por ejemplo, de un paseo en un día soleado, una cena en familia o una tarde leyendo un buen libro, nos acercará a nuestro organismo y nos ayudará a verlo como el mejor de los aliados, una obra extraordinaria de la naturaleza de la que nos servimos.

Sentir y observar el latir del corazón o cómo el tacto de nuestras manos nos acerca a la suave piel de un bebé o a la fortaleza y serenidad de un árbol centenario nos ayudará a ganar conciencia de la unión indisoluble que formamos con nuestro organismo.

7. Expresate con él

Baila sin el control de la mente, moviéndote con libertad. Eso genera un canal de diálogo constante entre tu cuerpo y las emociones. Tanto es así que para Luis Carbajal el principal objetivo de la expresión corporal debe ser "conseguir exteriorizar aquellos sentimientos de lo más profundo de nosotros mismos a través de nuestro cuerpo", como afirma en su libro Hablar con el cuerpo.

Para conseguirlo puedes ayudarte de técnicas como la danza libre desarrollada por François Malkovsky, basada en sencillos movimientos inspirados en la naturaleza, en objetos cotidianos y también en emociones con los que el cuerpo, poco a poco, se va soltando.

Las danzas creativas, en las que no hay reglas ni movimientos preestablecidos, son otra de las maneras de potenciar esta unión corporal y expresiva. Incluso existen meditaciones dinámicas que utilizan la energía creadora del movimiento para lograr, al finalizar la meditación, una mayor armonía.

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8. Aprender a escucharlo

El cuerpo habla siempre, en la salud y también en la enfermedad. Los síntomas pueden considerarse señales de alerta que reclaman tu observación y atención, el hilo del que estirar para llegar hasta la madeja o causa de ese malestar, que a veces puede ser inconsciente.

El problema, tal y como plasman Rüdiger Dahlke y Thorwald Dethlefsen en La enfermedad como camino, una obra de referencia desde su publicación a principios de los años 80, puede ser tu empeño por acallar los síntomas sin escuchar lo que podrían decirte.

"Un síntoma te reclama atención, lo quieras o no. Esta interrupción de la vida normal que te parece que llega de fuera te produce una molestia y desde ese momento no tienes más que un objetivo: eliminar la molestia. El ser humano no quiere ser molestado, y ello hace que empiece la lucha contra el síntoma", señala la obra.

Pero si reaprendes a interpretar el malestar, si dejas espacio a tu sabiduría corporal innata –que provoca, por ejemplo, que lleves la mano de forma inconsciente hacia la rodilla que te acabas de golpear–, el diálogo con tu cuerpo se potenciará y mejorará.

Cultivar una actitud atenta te permitirá profundizar en el origen del malestar. "El cuerpo, mediante síntomas, te indica dónde está el desequilibrio, la tensión, y qué cambios necesitas en tu actividad-descanso, alimentación, emociones, pensamientos y actitudes para que él mismo recupere su salud", afirma al respecto la terapeuta Beatriz Fernández.

En paz contigo mismo

Redescubrir la sabiduría del cuerpo puede ser el primer paso, incluso, para solucionar problemas que permanecen en tu inconsciente. Así, por ejemplo, Dahlke y Dethlefsen relacionan los trastornos de garganta con la angustia, o los síntomas en los pies con emociones como la comprensión, la firmeza, el arraigo o la modestia.

En definitiva, tal y como recuerda Luis Carbajal, "la cuestión no es tanto aprender a escuchar a tu cuerpo, sino recuperar todo tu conocimiento corporal, reaprender la escucha y entender que el cuerpo es un claro reflejo de lo que eres. Solo así es posible que puedas hacer las paces y no matar al mensajero que, simplemente, te está hablando de ti misma".

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