Un invento genial

Cómo iniciarse en la bicicleta en tres pasos y empezar a ganar salud

Iban Yarza

Tanto si vives en ciudad como en zonas rurales la bicicleta es un excelente medio de transporte: es saludable y te permite disfrutar del paisaje. ¿Cuál elegir? ¿Debemos usarla para ir al trabajo? ¿Es adecuada para los niños? Resolvemos tus dudas

La bicicleta se ha convertido en el nuevo tótem de la política verde de las ciudades, los sistemas públicos de préstamo de bicicleta se multiplican con la misma velocidad que los nuevos ciclistas urbanos dispuestos a entregarse a los placeres diarios del pedal.

Son ya legión los que han descubierto que viajar a la velocidad de la bici no solo acentúa nuestra percepción del mundo que nos rodea. La bicicleta, con sus partes móviles y nuestras piernas dibujando círculos mientras avanzamos en línea recta, fomenta ese estado que el psicólogo y escritor Mihály Csikszentmihályi denomina fluir. Te contamos cómo empezar a utilizar al bicicleta en tres pasos y cómo sacarle provecho para mejorar la salud.

Primer paso: cómo elegir tu bicicleta

En el mercado actual hay una variedad cada vez mayor de bicicletas, ¿cuál elegir? Dado el desembolso que supone una bicicleta comprada para durar muchos años, conviene hacer un ejercicio importante de reflexión previo a la compra e informarse lo suficiente.

A grandes rasgos, hay que pensar si la bicicleta va a servir para un fin lúdico o deportivo (ya sea en carretera o montaña) o bien para un fin utilitario. En las primeras, nos concentraremos en elegir los componentes que puedan proporcionar más placer y libertad en el ejercicio de la actividad, que a veces requerirá de componentes y partes específicas.

Por ejemplo, una bicicleta de carretera tiene que ser razonablemente ligera (hace años que los cuadros de carbono se han impuesto en las gamas altas, mientras que el aluminio sigue siendo el más popular en las gamas medias y bajas).

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Una mountain bike pensada para el descenso estará dotada de buenas suspensiones para aguantar las irregularidades del terreno y ruedas muy resistentes. Pero si las bajadas vertiginosas no son nuestra pasión y en cambio valoramos circular tranquilamente por pistas forestales o caminos de herradura, a menudo en familia, bastará con una mountain bike más sencilla.

Numerosas personas han experimentado cierta incomodidad yendo en bicicleta. Existen unas pautas básicas que muchas veces se pasan por alto al elegir una bicicleta o al regular y usar la que se tiene.

  • Tamaño de la bicicleta. Al igual que la ropa, la bicicleta viene en tallas. Aunque parezca algo obvio, es fácil ver a personas que se afanan en pedalear en una bicicleta que les queda pequeña o grande. Hoy en día muchos fabricantes suelen usar un sistema de tallas similar a la ropa (S, M, L, XL), así que encontrar una talla no difiere mucho de probarse una chaqueta; siempre hay que exigir una prueba de pedaleo, y hay que notar si esa bici se adapta a nuestro cuerpo. La talla correcta es esencial; posteriormente se podrán hacer ajustes para afinar la postura, como subir, bajar o desplazar el sillín, o cambiar la potencia (la barra que une el manillar con el cuadro), pero la bici tiene que responder a nuestra anatomía.
  • Puntos de apoyo. La manera de relacionarnos, disfrutar y (por desgracia a veces) sufrir en una bicicleta se transmite únicamente a través de tres puntos: el sillín, el manillar y los pedales. Estos son los puntos en que nuestro cuerpo entra en contacto con la bicicleta, es esencial que estén bien elegidos y regulados (en altura y profundidad) para que no vayamos encogidos o demasiado estirados y acabemos adquiriendo una postura que resultará negativa. Conviene dejarse asesorar por especialistas que conozcan muchos modelos y fabricantes y saber transmitir las preferencias personales. Pero en un asunto tan delicado, nada sustituye a la experiencia ni al hecho de probar varios modelos distintos.

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Paso dos: pensar para qué la necesitamos

En una bicicleta que sirva para llevarnos al trabajo diariamente primará la comodidad, la fiabilidad y el disponer de complementos para la vida cotidiana, ya que su uso será independiente de que un lunes haga frío o llueva, o de que la vuelta del trabajo sea de noche. Tendrá que contar con un portaequipajes que permita acarrear bultos, unos guardabarros para proteger la ropa de diario de las salpicaduras y un buen juego de luces.

En este tipo de bicicletas tal vez podría ser útil montar neumáticos antipinchazos (demasiado pesados para una carrera, pero ideales para los baches y arcenes sucios de una ciudad). También hay que pensar que a veces usamos por costumbre o inercia cosas totalmente inapropiadas: unos neumáticos gruesos y con tacos de goma son estupendos para ir por caminos o monte, pero nos penalizarán en el asfalto porque son pesados y lentos. Por eso incluso existen ahora cubiertas delgadas de tipo carretera que pueden montarse en llantas de bicicleta de montaña, lo que permite avanzar con menos esfuerzo en recorridos por asfalto.

Del mismo modo, el aire contenido en los neumáticos es la primera y más básica de las suspensiones, así que para muchos trayectos en la ciudad, una superbicicleta con doble suspensión realmente no será la más efectiva.

Los ciclistas urbanos que no disponen de un gran espacio donde guardar la bicicleta, o bien aquellos que viajan a menudo y quieren transportar su bici con gran facilidad, no han de olvidar que las bicicletas plegables han dado un salto asombroso de calidad y versatilidad en los últimos años. Hoy en día se encuentran fácilmente bicicletas que uno no solo usaría en una ciudad, sino que se las llevaría al fin del mundo, con una gran gama de cambios, complementos y calidades.

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Por último, un tipo de bicicletas que ha ganado adeptos en los últimos años son las de piñón fijo (conocidas también como fixies). Se trata de las bicicletas más elementales, con un mecanismo muy rudimentario (no tienen marchas, muchas no tienen ni frenos), por el cual sencillamente si la rueda trasera gira, los pedales giran a su vez, como la rueda delantera del triciclo de un niño.

Los mensajeros las sacaron hace unos años de los velódromos (su hábitat natural desde que se impuso la rueda libre en las bicicletas de uso común hace un siglo) y hoy en día son miles de personas las que disfrutan de la pureza de pedalear con una sola marcha en un movimiento infinito que no cesa nunca, ni en curva, ni cuesta abajo; muchos llegan a hablar casi en términos espirituales de una comunión mística con la bicicleta y del estado de fusión máxima que se alcanza con una máquina tan pura.

Aparte de estas ideas básicas, no hay que olvidar que hoy en día muchas marcas tienen amplias gamas de bicicletas diseñadas especialmente para el cuerpo de la mujer, con sillines también más apropiados. Por último, existe un importante condicionante estético; algo que muchas veces se omite en los catálogos de bicicletas y que ningún mecánico reconocerá: una bici bonita y con la que uno está a gusto, se diría que va más ligera y rueda mejor.

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Paso tres: El mantenimiento de tu bici

Una de las grandes ventajas que puede aportar la bicicleta en el uso cotidiano, para ir al trabajo, para escapadas de fin de semana o incluso para ir de viaje en vacaciones, es sin duda la satisfacción personal.

A diferencia de los coches, que cada vez cuentan con una mecánica más basada en la electrónica, la bicicleta sigue siendo un artefacto con un funcionamiento sencillo de comprender. De algún modo, la base del funcionamiento no ha cambiado mucho desde que los mecánicos de bicicleta más famosos del mundo, los hermanos Wright, trascendieron las dos ruedas e inventaron el avión.

El mantenimiento básico de la bici no solo puede ayudar a ahorrar unos euros, sino a forjar un vínculo único entre máquina y ciclista. Aunque pueda parecer un arcano ignoto, para muchas operaciones básicas solo hace falta un juego de llaves Allen, una llave inglesa y unos alicates. Un sencillo manual ilustrado servirá para realizar esos pequeños ajustes que consigan que la bici vaya redonda día a día.

Complementos esenciales

La vida está compuesta de pequeños detalles, y en la bicicleta pequeños objetos e instrumentos pueden marcar una gran diferencia. En la memoria de los que no han usado una bicicleta a diario desde el siglo pasado, muchas veces las bicicletas son cachivaches pesados e incómodos, que suenan y tienen unos mecanismos un tanto rústicos. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho.

  • Hoy en día, una bicicleta de gama media cuenta con cambios de marcha de una fiabilidad asombrosa, un funcionamiento silencioso y un acceso rápido y sencillo a decenas de marchas sin despegar las manos del manillar.
  • El recuerdo del soniquete de una vieja dinamo sonando al rozar con el flanco de la cubierta nada tiene que ver con los modernos bujes dinamo, en los que la dinamo va encerrada en el buje delantero, dentro de la propia estructura de la rueda, sin que notemos apenas fricción, y acciona poderosas luces de tecnología LED (sin bombillas, con una vida útil mucho más larga que las lámparas tradicionales).
  • Los neumáticos también han mejorado notablemente y en muchos casos están equipados con sistemas antipinchazos de asombrosa eficacia que garantizan kilómetros y kilómetros sin problemas, e incluso estos pueden repararse al instante con una sustancia en aerosol si sobreviene un percance.
  • Quien recuerde las viejas bicicletas de tipo holandés con sus vetustos cambios internos se sorprenderá al conocer los modernos modelos, que ofrecen las marchas necesarias para dar la vuelta al mundo. Se trata de mecanismos muy sofisticados que van encerrados en el interior del buje de la rueda trasera, a resguardo del polvo y las inclemencias del tiempo.
  • Incluso los candados y sistemas de seguridad han cambiado; hoy en día hay en el mercado candados a prueba de los cacos más recalcitrantes (sobre todo los candados rígidos en forma de U), que se combinan con cierres codificados que aseguran las partes más apetecibles para los amigos de lo ajeno, como el sillín o las ruedas.

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Ir al trabajo el bicicleta: ¿sí o no?

Seguramente todo el mundo tiene un amigo, familiar o conocido que acude diariamente en bicicleta al trabajo. Hace no demasiados años, sobre todo en las grandes ciudades, eran unos pioneros que casi se jugaban la vida en un acto político de rebeldía. Hoy, la cruda realidad del petróleo, el aumento del precio del transporte público, la comodidad, o incluso la moda, han hecho que esta tendencia esté en aumento. Y es que tiene muchos beneficios:

  • Ir al trabajo en bicicleta ayuda en muchos casos a llegar antes y más satisfecho y relajado.
  • Contribuye según numerosos estudios a mejorar el estado general de forma, combate el sobrepeso, ayuda a liberar el estrés por su naturaleza de ejercicio suave, cíclico y repetitivo, y es beneficioso en el control del colesterol y la hipertensión.
  • Por si esto no fuera suficiente, mucha gente está descubriendo que los trayectos se ven distintos desde el sillín: uno parece apropiarse de las calles y avenidas, y genera una relación especial con ellas, del mismo modo que un paseante crea un vínculo único con el paisaje.

El ejemplo máximo de la comunión entre la bici y la ciudad se da cada mes en la mayoría de las capitales bajo el nombre Masa crítica. Se trata de un recorrido no competitivo por las calles de las ciudades en el que los ciclistas urbanos se reúnen para reivindicar el papel de la bicicleta como medio de transporte y reclamar más visibilidad por parte de los demás usuarios de la vía (especialmente automovilistas), disfrutando de un ambiente lúdico y de camaradería.

Son ocasiones excepcionales para ponerse al día de las mejores rutas a fin de evitar aglomeraciones, las calles más tranquilas o los atajos más convenientes para ir en bicicleta.

Aunque España esté algo por detrás, en otros países europeos existen diversas iniciativas que están contribuyendo a multiplicar el número de personas que optan por la bicicleta como medio de transporte diario.

Por ejemplo, el programa Cycle to work británico es una iniciativa en la que participan el empleador, el empleado con ganas de ir en bici al trabajo y la hacienda pública, para facilitar una bicicleta ostensiblemente más barata (rebaja que se consigue suprimiendo los impuestos) y que el empleado puede hacer suya a través de cómodos sistemas de financiación.

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Bicicletas y niños

Ahora que los entretenimientos digitales parecen lo único capaz de colmar las ganas de diversión de un niño, la bicicleta puede recuperar más que nunca su papel como catalizador de los deseos y aptitudes de los más pequeños.

Un niño con una bicicleta es un niño que hará ejercicio y satisfará su curiosidad natural descubriendo el mundo que le rodea. Además de ser un importante elemento en la formación de los valores (esfuerzo y constancia en el ejercicio, responsabilidad sobre el vehículo y su uso adecuado) la bicicleta permite reforzar las nociones de respeto por el entorno.

En la vida familiar, la bicicleta puede ser un comodín muy útil. Pasar una tarde hinchando las ruedas y ajustando los frenos antes de salir de excursión puede fomentar un importante vínculo entre padres e hijos, ser el poso de recuerdos indelebles y crear una notable sensación de complicidad.

No debemos olvidar además que, al enseñar a los más pequeños la necesidad de atención cuando se está al manillar y el respeto por el resto de usuarios de la vía, estamos sembrando las semillas para crear al futuro peatón, ciclista y conductor de las calles y carreteras del mañana.

Viajar en bicicleta: un testimonio

Alicia Urrea y Álvaro Martín han recorrido medio mundo en bici y lo explican en su libro: Viajar en bici. Manual de cicloturismo de alforjas (Ed. Desnivel). También crearon un blog, Rodadas, donde cuentan sus viajes en bicicleta. Entre viaje y viaje, Alicia respondió a las preguntas de Cuerpomente.

–¿Cómo, cuándo y por qué empezasteis a usar la bicicleta para viajar?
–Cuando era pequeña quería viajar por el mundo, conocer a los tuaregs, visitar monasterios budistas, subir montañas y ver glaciares... Si recuerdo esa infancia me doy cuenta de que en mi cabeza nunca estuvo sacarme una foto junto al Taj Mahal, pues cuando me imaginaba mi viaje siempre me visualizaba como una exploradora moderna. Quería conocer a la gente de la calle y entenderlos.

–¿Qué diferencia a un viaje en bici de uno, digamos, convencional?
En mi opinión uno viaja en bici no porque le guste la bici sino porque le gusta viajar. En bicicleta cubres menos extensión pero la ves, la hueles y la sientes como si fuera tuya. Los países dejan de ser ciudades o lugares aislados con una cultura común para convertirse en experiencias continuadas, mucho más intensas. La parte física también desempeña un papel a nivel emocional. Cualquier paisaje es más bello porque has tenido que esforzarte para llegar a él, cualquier comida sabe más intensa.

–¿Hay que ser una gran deportista para viajar en bici?
–Yo era de las que suspendía siempre educación física en el instituto, tengo sobrepeso y además aprendí a montar en bicicleta en mi primer viaje, con 19 años. Creo que eso responde a la pregunta.

–¿Qué es lo que no te puede faltar y lo que nunca hay que llevar en un viaje en bicicleta?
–Lo que no te puede faltar es la cabeza. Te hará falta tenerla bien puesta sobre los hombros varias veces al día. Lo que no se debe llevar son prejuicios. Hay quien dice que la prudencia y los prejuicios van de la mano, pero nos hemos dado cuenta de que también pueden y deben viajar separados.

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