Practica yoga estival

Cómo y por qué practicar yoga en verano

Una práctica de yoga adecuada potencia la energía, la flexibilidad y la paz interior. Conoce posturas apetecibles para realizar cuando hace calor al aire libre.

Mercedes de la Rosa

Profesora de Yoga

Al igual que los distintos momentos del día o los ciclos lunares tienen diferentes efectos en nosotros, las estaciones afectan de manera diversa tanto al organismo como al ánimo y las emociones.

El verano es la estación de la luz, los días largos, la energía y el calor. Es un periodo de comunicación y creatividad en el que se puede experimentar fácilmente la energía, el gozo y la alegría, potenciar la desintoxicación del cuerpo y la flexibilidad, así como asegurar el correcto funcionamiento de numerosas funciones orgánicas.

La práctica de yoga trabaja el cuerpo, la mente y el espíritu de manera global. No obstante, en cada estación se aconseja poner más atención en ciertos órganos que se encuentran más vulnerables y en las emociones predominantes, para ofrecerles mayor protección y equilibrar las energías internas.

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Así por ejemplo, según la medicina china, en verano la emoción que debe ser equilibrada es la alegría, y los órganos más expuestos, el corazón y el intestino delgado.

Beneficios del calor para practicar yoga

El calor puede ser muy beneficioso en la práctica del yoga, puesto que facilita la flexibilidad de los tejidos y permite la eliminación de residuos tóxicos a través del sudor.

Cuando el organismo siente calor, la sangre se vuelve menos densa y circula mejor; el metabolismo se acelera y el sistema cardiovascular se activa.

Hay que tener cuidado con las prácticas de yoga demasiado dinámicas, pues aumentan en exceso la temperatura interna.

También si se llevan a cabo en horas del día en las que hace demasiado calor pueden provocar apatía, decaimiento, mareos o emociones negativas.

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Según la medicina ayurvédica, el verano representa la estación del dosha conocido como pitta (fuego).

En nuestro cuerpo, pitta está asociado a los meridianos relacionados con el corazón y el intestino delgado, y es responsable de acciones como la transformación y la digestión.

Es la fuerza que controla la luminosidad de la piel, los procesos enzimáticos, la visión, el metabolismo, la desintoxicación y la habilidad para digerir comida, pensamientos y emociones.

El sol y el calor del verano tienden a aumentar nuestro fuego interno y, por consiguiente, a potenciar la energía pitta.

Un exceso de fuego puede causar un desequilibrio emocional, así como aumentar la irritabilidad, la rabia, los celos o la impaciencia.

A nivel fisiológico, puede ocasionar problemas digestivos y respiratorios, subidas de presión, inflamaciones, exceso de calor, así como rojeces y problemas en la piel.

El yoga debería ser practicado en comunión con la naturaleza y el tiempo estacional.

Cuando la energía ya es intensa y calurosa de por sí, es recomendable realizar una práctica que enfríe y calme la temperatura interior, a base de técnicas de meditación, pranayamas (ejercicios de respiración) y asanas (posturas físicas).

La finalidad es potenciar las energías y los doshas contrarios a pitta, que son hapha (agua) y vata (aire).

Cuando los tres están equilibrados, es posible acceder a la fuerza interior, se activa la circulación, se asimilan mejor los alimentos y se da una apertura en el corazón que hace posible una comunicación más fluida, clara, creativa y amorosa con el entorno.

Yin yoga: quietud y profundidad

Las prácticas de yoga recomendadas para los meses de calor no tienen por qué ser ligeras. Muy al contrario, a veces gracias al calor y al tipo de práctica, se logra trabajar niveles más profundos.

El llamado yin yoga, por ejemplo, es una buena opción para equilibrar las energías, trabajar y refrescar el interior cuando las temperaturas son altas.

El verano rebosa de energía yang, que es luz, expansión, actividad. La energía yin representa sus contrarios: quietud, receptividad, calma.

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Este estilo de yoga recoge las enseñanzas más antiguas del yoga tradicional y se basa en mantener un tiempo prolongado las asanas con el objetivo de lograr una relajación física y mental, una sensación placentera de paz interior.

En una primera aproximación, el yin yoga puede parecer una práctica pasiva o poco exigente pero, al contrario, se trata de un tipo de yoga meditativo e intenso.

En el plano físico, estimula y amplía el rango de movimiento de los tejidos más profundos del cuerpo: ligamentos, tendones y articulaciones.

Al tratarse de tejidos plásticos, precisan de un tipo de presión más continuada para poder alargarse y fortalecerse. Esa presión les permite ganar, al mismo tiempo, elasticidad y estiramiento.

El calor fomenta la flexibilidad, por lo que en verano el alcance del movimiento es todavía mayor y las probabilidades de lesionarse, menores. Además, esta práctica permite que el cuerpo se libere del calor interno y que vaya perdiendo rigidez.

Al mantener la postura de forma prolongada y relajada, la mente también tiene la oportunidad de concentrarse, liberarse de tensiones y calmarse, lo que permite que ocurran en nuestro interior sensaciones y cambios profundos.

Como en otros estilos de yoga, el objetivo del yin yoga es sentir el "aquí" y el "ahora". Se trata de una práctica tranquila, que permite disfrutar del momento y del lugar en el que uno está, más allá de adonde uno quiere llegar.

Esta sensación permite relajarse y enfría la energía yang frente al calor externo, que puede ser motivo de distracción y molestia en otras actividades practicadas en verano.

Prácticas de yoga dinámicas

El yin yoga se contrapone a estilos de yoga más dinámicos, como el vinyasa flow o el ashtanga, enfocados a crear calor interno o energía yang.

No es que este tipo de yogas no se puedan practicar en la estación estival, pero hay que tener cuidado con no excederse aumentando el calor interno.

Es recomendable que, si se practican, sea a primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no ha salido o no está muy alto; o bien a última hora de la tarde, cuando se va.

Se deberían evitar las prácticas dinámicas cuando las temperaturas son muy elevadas o si se sufre algún problema de salud, como presión alta o problemas respiratorios.

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Las mismas recomendaciones sirven para otros estilos, más nuevos en Occidente, como el hot yoga o bikram yoga, que se practica en salas a 42 ºC con un 40% de humedad, precisamente para aprovechar los beneficios que el calor provoca en el organismo: potenciar la flexibilidad y liberar toxinas.

El hot yoga se basa en que, al calentar los músculos, es posible trabajar más en profundidad en un periodo más corto de tiempo, lo que permite ver antes los resultados.

El creador de este estilo de yoga, Bikram Choudhury, descubrió tras lesionarse la rodilla que el calor aplicado al yoga resulta beneficioso en la recuperación: mejora el trauma causado por una distensión muscular (por un estiramiento excesivo), cura y previene las lesiones, y agiliza la eliminación de toxinas.

Ideó una secuencia de 26 posturas para ser practicadas durante una hora y media en circunstancias parecidas a las del clima indio.

En Occidente no estamos acostumbrados a realizar actividades a estas temperaturas. Por ello no es recomendable iniciarse en variantes de yoga dinámico en verano.

Es un hecho que, con el calor, la flexibilidad aumenta, pero hay que ir con cuidado de no sobreextender y sobrepasar los límites naturales de cada uno.

¿Dónde, cómo y cuándo hacer yoga?

Además de optar por un tipo de yoga adecuado para el verano, también es importante elegir bien una secuencia de asanas y pranayamas.

No hace falta reducir la práctica a pocas posturas ni que estas sean estáticas; se puede incluir una gran variedad –incluidos los "saludos al sol"– pero hay que escoger bien la ropa con la que se practica y el momento, y conocer qué efectos pueden provocar.

Se recomienda realizar sesiones más dinámicas antes de la salida del sol, cuando el cuerpo todavía no está demasiado caliente y puede activar su propia energía. Una vez el sol está alto, mejor realizar un yoga más yin o calmado. En cuanto a la vestimenta, es más agradable practicar con poca ropa y con tejidos de algodón, que absorbe el calor.

Tradicionalmente, en India los "saludos al sol" (Surya Namaskar) se hacían al aire libre, al amanecer, en dirección al este.

Surya significa sol y namaskar, adorar. Mediante ellos se honoraba al sol, símbolo del alba, de la conciencia y de jnana, término sánscrito que alude al "conocimiento espiritual".

En muchas culturas la luz ha sido un símbolo de iluminación y de conciencia, y se consideraba beneficioso empezar la práctica de yoga en dirección hacia ella.

En Occidente, en general cuesta practicar los "saludos al sol" a esas horas por las bajas temperaturas y la falta de luz, pero en verano resulta mucho más fácil llevarlos a cabo y sentir la energía que proporcionan.

Si el cuerpo no está habituado se puede empezar poco a poco e ir incrementando el número de saludos. La cadena puede alargarse hasta 10 o 15 saludos para que el cuerpo active su energía, siempre que no se tenga demasiado calor.

Asanas para hacer en verano

Se puede iniciar la secuencia con "saludos al sol" (sin saltar), siempre que no haga mucho calor, y continuar con cualquier flexión hacia delante, ya sea de pie, sentado o tumbado.

Al tratarse de posturas de "rendición", que llevan hacia dentro la atención, harán posible el enfriamiento del calor interno. Algunas opciones son:

  • Padangusthasana: inclinación hacia delante agarrando los dedos gordos del pie.
  • Prasarita Padottanasana: flexión hacia delante con las piernas separadas.
  • Paschimottanasana: flexión hacia delante sentado en el suelo.
  • Janu Sirsasana: flexión llevando la cabeza a la rodilla.

También las posturas que enraízan en el suelo, tanto de pie como sentado, ayudan a equilibrar el exceso de calor.

Para finalizar, es recomendable realizar alguna postura invertida. Las más efectivas para disminuir el calor son:

  • Viparita Karani: piernas apoyadas hacia arriba en la pared.
  • Salamba Sarvangasana: postura sobre los hombros.
  • Ardha Matsyendrasana: torsión suave de la columna vertebral.

La práctica yin de las posturas consiste en su ejecución sin forzar los músculos, dejando que el propio peso del cuerpo sea la fuerza que empuje.

Sea cual sea la práctica o sesión que se escoja, es recomendable acabarla con savasana (postura del cuerpo muerto), para permitir que el cuerpo y la mente se relajen y enfríen.

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