Ejercicio para relajar la mandíbula y aliviar el dolor

La tensión en la mandíbula se refleja en todo el cuerpo y a la inversa, por lo que cuidarla es cuidar de tu salud entera. Este ejercicio para relajarla te ayuda.

Ejercicio para la mandíbula

Mientras se abordan las causas del bruxismo o dolor de mandíbula, una buena opción para amortiguar el problema y evitar que se desgasten los dientes, son las placas de descarga en el maxilar inferior (aunque no tanto en el superior, pues al articulado puede frenar el ritmo craneal y favorecer las cefaleas o migrañas). Sin embargo, hacer ejercicios para relajar la mandíbula también ayuda a liberar las tensiones que se acumulan en esta zona.

Te propongo a continuación un ejercicio para movilizar y relajar la mandíbula. Después profundizaremos en las relaciones de la mandíbula con otras partes del cuerpo, para que puedas ver cómo puedes contribuir a proteger tu mandíbula con diferentes tipos de cuidados.

Ejercicio para la mandíbula

Este ejercicio te permite tomar conciencia de la movilidad de tu mandíbula, activar diferentes músculos y ligamentos y luego relajarlos.

  1. Puedes hacerlo de pie o sentándote cómodamente en el suelo, con la espalda lo más recta posible. Apoya ambas manos superpuestas sobre el pecho y toma contacto.
  2. Una vez lista, ejerce con las manos una presión y una tracción hacia los pies (en dirección caudal) a la vez que extiendes lenta y progresivamente la cabeza.
  3. Luego desplaza la mandíbula hacia delante (haciendo lo que se conoce como "protusión mandibular") sin perder el contacto establecido con el maxilar superior. En este movimiento intervienen varios músculos y ligamentos de la zona.
  4. A continuación, sin perder la extensión de la cabeza ni la tracción de las manos, haz movimientos laterales con la mandíbula varias veces.

Qué especialista trata el dolor de mandíbula

Seguramente, si has sufrido tensión en la articulación temporomandibular o has notado dolor en la mandíbula, te habrá costado decidir a qué especialista acudir. Lo mismo si te has dado cuenta de que aprietas los dientes por la noche y sufres bruxismo.

La primera opción en la que se suele pensar ante un problema de tensión o dolor de mandíbula es en el odontólogo, o quizás un fisioterapeuta u osteópata, por su relación con la postura. Como a menudo la mandíbula se fuerza a causa del estrés, puede que incluso pensemos en el psicólogo como otro de los especialistas que podrían ser adecuados para ayudarnos. Ahora bien, como la relación que tienen la salud bucal y la salud gastrointestinal es tan directa, también un digestólogo podría abordar esta parte del cuerpo.

Es normal dudar, ya que la boca está relacionada con tantos sistemas y mecanismos que, de hecho, se debe abordar desde una perspectiva holística, es decir, desde múltiples perspectivas.

3 consejos para cuidar la mandíbula

Para conocer mejor la complejidad que tiene esta parte de nuestro cuerpo –boca, dientes y mandíbula– y poderla cuidar como es debido, es importante comprender la relación que se genera entre la salud de esta zona y la del resto del cuerpo.

1. Vigilar la higiene dental

Hay que destacar, en este sentido, que las primeras bacterias que adquirimos como recién nacidos proceden de la boca de nuestra madre a través de un sistema común de mucosas. Uno de los primeros factores negativos para la futura inmunidad del bebé es que la madre tenga una periodontitis (inflamación de las encías), que se produce por una bacteria proteolítica llamada Porphyromona gingivalis, y que puede hacer que el niño al nacer tenga más probabilidad de tener piel atópica y eccemas, y en edad adulta una enfermedad autoinmune como la artritis reumatoide.

Otro de los problemas asociados derivados del mal cuidado bucal es el de la enfermedad cardiovascular (ECV). Estudios recientes han contrastado la relación directa entre las patología periodontales y los problemas coronarios. Aquí se establecen dos posibles causas: directas, por bacterias periodontopatógenas como la anteriormente citada, que estimula la producción de mediadores proinflamatorios favoreciendo el desarrollo de aterosclerosis; e indirectas, por un aumento de citoquinas proinflamatorias que favorecen la migración de leucocitos a las lesiones ateromatosas, lo que activa las células presentadoras de antígenos del sistema inmunitario.

2. Cuidar las emociones

La relación del bruxismo y del dolor de mandíbula con las emociones es un ejemplo claro de cómo influyen las emociones en la salud y el buen funcionamiento de la zona de la boca.

De hecho, casi todo el mundo conoce a alguna persona con bruxismo que, de forma inconsciente, y sobre todo por la noche, aprieta la mandíbula y rechina los dientes. En muchas ocasiones, son personas que drenan por la noche la agresividad o la impotencia no manifestada durante el día.

3. Prestar atención a la postura corporal

En la evolución, el cráneo del Homo sapiens favoreció el desarrollo del encéfalo, pero redujo el tamaño de las mandíbulas. Cada vez tenemos menos espacio para las muelas del juicio, lo que puede dificultar la movilidad de la articulación temporomandibular, como se conoce ala articulación de la mandíbula.

Esto, a su vez, puede causar alteraciones posturales. El cuerpo se va adaptando constantemente hasta que se desequilibra nuestra base de sustentación, la pelvis. Con el tiempo puede incluso surgir una hernia discal.

No me gustaría dejar de lado la relación de la boca y nuestros dientes con los diferentes órganos. Por ejemplo, nuestros incisivos están relacionados con el terreno urogenital (vejiga, funciones renales, capacidad hormonal, impotencia, esterilidad, miedos, tristeza, ira, depresión…).

No deberíamos olvidarnos de esforzarnos por mantener en buen estado estos dientes si estamos intentando ayudar a nuestro cuerpo con alguna de estas sintomatologías y signos clínicos.

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