Naturaleza y taichí

Ejercicio de taichí para practicar al aire libre

Manuel Núñez
Manuel Núñez

periodista especializado en salud y ecología

El contacto con la naturaleza potencia esta forma de meditar en movimiento. Como es una actividad física poco exigente, el taichí es ideal para el verano.

Las horas menos calurosas del verano brindan una ocasión magnifica para practicar taichí al aire libre.

Ya sea en la playa, en la mon­taña o incluso en un parque urbano, las coreografías senci­llas y elegantes de esta disci­plina de origen chino parecen desplegarse en perfecta armo­nía con la naturaleza.

Ejecutado a un ritmo que aúna lentitud y fluidez, con­centración y relajación, el tai­chí infunde calma.

Su suavi­dad, el hecho de que se rea­lice sin un foco externo de atención y de que no cultive la fuerza aeróbica ni la resis­tencia del fitness pueden ser las claves de su creciente popu­laridad en Occidente.

El taichí es un sistema de en­trenamiento físico y espiritual no competitivo: no persigue logros, ni la comparación con los demás, ni grados ni cintu­rones.

Se distingue por la sen­sación de presencia y poder que emana cada uno de sus pasos y gestos silenciosos.

Taichí para cultivar la armonía mental

No se trata de una disciplina puramente física para mante­nerse en forma y fortalecer el cuerpo sino también de una manera de conservar la armo­nía mental y espiritual.

Reali­zado con sensibilidad permite sentir instintivamente el flujo de la energía en cada movi­miento, así como acceder a un estado meditativo.

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El lenguaje simple y nada exigente del taichí ayuda a de­saprender modelos de com­portamiento estresantes y a re­cuperar el contacto con par­tes olvidadas de uno mismo.

En su forma, consiste en una serie de movimientos que sue­len ejecutarse a una velocidad lenta, que permite estar total­mente atento a cada parte del cuerpo.

Con los pies bien en­raizados y los músculos rela­jados (no flojos), el cuerpo ha de actuar como una unidad y fluir lenta e ininterrumpida­mente. La respiración ha de ser suave, no forzada.

Practicando la retirada del mono

La larga secuencia de la "retirada del mono" constituye una ayuda valiosa para lograr equilibrio, estabilidad y coor­dinación cuando se retrocede.

En general, se utiliza cuando el brazo extendido está en contacto con un supuesto adversario. De este modo, lo mantiene a raya para poder realizar una retirada y crear un espacio para el contraataque.

El contacto con el suelo a través de los pies es esencial en esta secuencia.

Para llevarla a cabo, abre las piernas y adelanta el pie izquierdo, apoyando tu peso sobre los dedos de los pies, doblando ligeramente las rodillas.

Gira el tronco ligeramente hacia la derecha, y extiende los brazos a la altura del ombligo, con las palmas mirando hacia el frente.

Dibuja un movimiento circular con tu brazo derecho, moviendo la mano hacia abajo y hacia atrás primero. Continúa este círculo hasta llevar la mano detrás de la oreja, y después estira el brazo hacia delante, con la palma aún mirando el frente, hasta que vuelve a estar a la misma altura que la mano izquierda.

Finalmente, repite el movimiento con el brazo izquierdo, mientras te apoyas en la pierna derecha.

Conforme tengas más práctica, puedes sincronizar este movimiento de brazos con pasos hacia delante y hacia atrás para practicar el equilibro.

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