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Las fascias, el secreto de la flexibilidad

Or Haleluiya y Álex Monasterio

La fascia es el tejido que, como una red, envuelve huesos, músculos y órganos, conectándolos entre sí. Estirarlo bien es crucial para no perder flexibilidad y mantener una buena postura.

 

 

Las fascias o sistema fascial abarcan una vasta extensión del organismo, compactándolo, dándole forma, compartimentándolo y estabilizando y sujetando todos los órganos. Cumplen una función crucial en el organismo, pero ¿qué son exactamente? ¿Cómo afectan a nuestra postura corporal? ¿Por qué tenemos que ocuparnos de ellas?

¿Qué son las fascias?

Las fascias son un tejido blanquecino que recubre el resto de tejidos de nuestro organismo: huesos, músculos y órganos. Su grosor y grado de densidad, resistencia y flexibilidad dependen de su ubicación y de los requerimientos mecánicos de la zona que envuelven.

Están repletas de receptores sensitivos (sensores biológicos) conectados cada uno a un nervio. La función de estos receptores es informar al sistema nervioso central, entre otros aspectos, acerca de las tensiones mecánicas que experimenta el tejido y, por extensión, las tensiones del cuerpo.

¿Para qué sirven?

  • Transmiten información sensorial: Al estar dotado de todos esos receptores, el sistema fascial es el mayor sistema sensitivo del organismo, por delante de la piel.
  • Colaboran con el sistema inmunitario: Las fascias suponen el principal tejido defensivo del cuerpo, ya que por su interior, a través de un fluido acuoso y blanquecino llamado "sustancia fundamental", viajan linfocitos y macrófagos (ambas células defensivas) para acudir allá donde es necesario mantener a raya bacterias y virus.
  • Transportan toxinas y nutrientes: A través de este fluido, transitan también otras sustancias. Por un lado, las toxinas que deben ser evacuadas por el sistema linfático. Por otro, los nutrientes que alimentan las células y que provienen de los vasos sanguíneos.
  • Mantienen los órganos en su sitio: El complejo sistema fascial cumple asimismo una importante función en la mecánica corporal. De hecho, podríamos decir que tenemos una sola fascia, que se extiende por todo el cuerpo envolviendo los órganos y las estructuras internas. Al mismo tiempo, el estómago, el hígado, los riñones, los vasos sanguíneos, los músculos… tienen su propia funda fascial. Estas fundas fasciales ayudan a mantener la estructura de los órganos. Pero además se expanden en diferentes direcciones para anclarlos al sistema óseo y a los órganos y estructuras adyacentes.
  • Sostienen el esqueleto: Esa misma fascia envuelve los huesos (periostio), en cuyos extremos se densifica formando los ligamentos. Hay autores (como Serge Paoletti) que incluso consideran el hueso como una especialización extrema de la fascia, en la que su tejido ha incorporado osteocitos y minerales para incrementar la densidad y dureza.
  • Sostienen y flexibilizan la columna vertebral: En la columna vertebral la fascia se encuentra literalmente tapizándola. Mantiene cohesionadas las vértebras y le otorga flexibilidad para realizar los movimientos cotidianos.
  • Protegen el sistema nervioso: Desde la columna vertebral, continúa expandiéndose para formar las meninges, es decir, el tejido fascial especializado que recubre y protege el sistema nervioso central (cerebro, cerebelo y médula espinal).
  • Nos mantienen erguidos: Finalmente, pero no menos importante, las fascias "empaquetan" los músculos y los conectan entre sí estableciendo, literalmente, líneas o franjas tensionales que sirven para mantener el cuerpo en una postura determinada y para optimizar los movimientos. Como veremos a continuación, la postura diaria afecta a estas líneas de tensión.

Por todo ello es importante mantener el tejido fascial bien hidratado y elástico. Las fascias necesitan algunas condiciones mínimas para poder realizar su función de la mejor manera.

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¿Por qué se vuelven rígidas?

Los músculos suelen trabajar agrupados en cadenas miofasciales ("mio" significa "músculo") a fin de mantener el cuerpo erguido. Sobre estas cadenas hay varios factores que pueden incidir aumentando la tensión y reduciendo la flexibilidad.

  • Cuando no hay una buena postura y el cuerpo está mal alineado puede que una cadena trabaje más de lo que le corresponde. Eso hace que esa cadena se tense y acorte. Esa tensión y ese acortamiento inciden, a su vez, en las cadenas con las que se relaciona.
  • Por otro lado, hay procesos patológicos que pueden alterar fácilmente la biomecánica del organismo y extenderse a través de las cadenas miofasciales. Por ejemplo, un esguince mal curado puede provocar disfunciones mecánicas en la rodilla, la cadera e incluso la columna vertebral. O una cicatriz puede desencadenar una tensión que traccione las estructuras adyacentes, como ocurre al pinzar una tela de araña: si se sujeta uno de sus extremos todo el sistema se deforma.
  • El estrés prolongado o las intolerancias alimentarias también pueden también endurecer y deshidratar el tejido fascial.

Cuando el tejido fascial se endurece y se deshidrata se reduce su capacidad tanto de aportar nutrientes a las células de la zona afectada como de evacuar los metabolitos (toxinas) de estas mismas células.

Esta densificación del tejido también reduce la flexibilidad y el rango de movimiento articular.

¿Cómo afecta el estrés al tejido fascial?

El tejido fascial responde a los influjos emocionales. El estrés le afecta porque incide en la postura y, por consiguiente, en la flexibilidad de las fascias.

Es sabido que una de las zonas en las que se somatiza el estrés es el vientre. ¿Quién no ha sentido presión e incomodidad en la boca del estómago ante una situación angustiante, triste o amenazadora?

Se producen múltiples reacciones físicas ante el estrés, por ejemplo un aumento de tono de los esfínteres del tracto intestinal, como el píloro (la válvula que hay al final del estómago), o de los músculos intestinales que desplazan el bolo fecal.

Muchas de las tensiones que se suelen experimentar en el abdomen pasan desapercibidas, pero las tensiones abdominales inciden en la estructura esquelética y la condicionan:

  1. Se da una tracción descendente que, a través de las cadenas viscerofasciales, se transmite de los órganos intrabdominales al diafragma.
  2. Del diafragma se transmite al pericardio
  3. Del pericardio la tracción llega a las vértebras torácicas y cervicales.
  4. El resultado es una tensión interna que nos hace encorvar la espalda, a adoptar lo que se conoce como una "postura hipercifótica".

La psicoterapia y el trabajo espiritual pueden ayudar a transformar la manera en que nos relacionamos con el estrés. Reconocer las fuentes que nos llevan a él resulta fundamental para mejorar tanto la actitud mental ante la vida como la postura física.

Cómo flexibilizar las fascias: reeducación postural y estiramientos

Es importante contar con un fisioterapeuta, osteópata o experto en método Mézières, RPG o Rolfing para detectar los núcleos de tensión y reducir su condicionamiento mecánico. El objetivo es que el cuerpo pueda expresarse físicamente con libertad.

También es imprescindible la reeducación postural en la vida cotidiana (delante del ordenador, en el coche, en el sofá, al caminar, etc.) y realizar ejercicio físico moderado habitualmente.

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Estirar los músculos es básico. Los músculos tienden a acortarse y contracturarse; al estirarlos regularmente se consigue mantener el conjunto miofascial libre.

Los estiramientos tradicionales inciden en la elastificación del sistema miofascial. No obstante, se pueden introducir prácticas específicas para estirar más eficazmente determinadas regiones fasciales, como las fascias viscerales o las fascias de la superficie corporal. Concretamente:

  • Para estirar mejor las fascias de la superficie corporal, durante el estiramiento puedes realizar sobre la piel una tracción de la piel firme pero suave con las palmas de las manos.
  • También puede ayudar acompañar el movimiento con la respiración, realizando una apnea de 3-5 segundos al final del tiempo respiratorio.

Según la zona del cuerpo puede ser más interesante enfatizar la inhalación (para la región anterior y posterior del tronco) o la exhalación (región anterior y lateral del cuello). En cuanto a las fascias viscerales:

  • Las fascias viscerales abdominales ganan flexibilidad con un ejercicio mantenido de extensión de la columna combinado con exhalación y apnea.
  • Las fascias viscerales intratorácicas ganan flexibilidad con la inhalación y una apnea.

La clave no es tanto la intensidad de los estiramientos como mantener el estiramiento durante un minuto o más. Si se fuerza el tejido miofascial, este tiende a mantener su rigidez para protegerse de una posible lesión, lo que hace más difícil extenderlo.

Estos ejercicios también pueden ayudarte a mantener más flexibilidad en tus fascias.

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