Yoga para niños: una herramienta para la vida

Los beneficios del yoga para niños son muchos. A través del juego y la imaginación, no solo aprenden posturas básicas. También aprenden a escucharse y cuidarse.

Yoga para niños: una herramienta para la vida
Yan Krukov (Pexels)

Cada vez más centros de yoga y escuelas ofrecen clases de yoga para niños, y cada vez más padres se animan a hacer yoga en casa con los niños. Es mágico observar cómo de pronto niños de 3 años se ponen a hacer el perro boca abajo o se concentran para intentar mantener el equilibrio en la postura del árbol. O como niños de 6 o 7 años se relajan en la postura del niño.

Tal vez no sean conscientes de que están estirando la espalda, fortaleciendo sus músculos o trabajando el equilibrio y la concentración, pero lo están haciendo. Están haciendo eso… y mucho más.

Sin duda, conocer los múltiples beneficios del yoga para los niños nos puede animar a introducirlos desde pequeños en esta práctica, sea en casa o apuntándolos a una clase de yoga infantil. También a los niños más mayores, pues el yoga puede ser una valiosa práctica en la preadolescencia y la adolescencia.

Pero ¿cómo es el yoga infantil? ¿Existen posturas de yoga para niños? ¿O se trata de adaptar las posturas para hacerlas más sencillas? ¿Cuáles son las más adecuadas para ellos? ¿A qué edad pueden empezar? ¿Cómo se les guía y se consigue mantener su atención? ¿Podemos también hacer con ellos posturas de yoga o ejercicios de relajación en casa?

Beneficios del yoga para niños

Los beneficios del yoga para niños son numerosos y cada vez más estudios los corroboran, desde beneficios físicos como una mayor flexibilidad, una mejor postura y una mayor conciencia corporal a beneficios emocionales y mentales como una relación más sana con el estrés o una mayor capacidad de concentración.

"Lo más importante es que el yoga les ayuda a establecer la conexión cuerpo-mente-emociones, les ayuda a darse cuenta de que todo se refleja en el cuerpo y que es un camino de dos direcciones", comenta Elena Ferraris, profesora de yoga y fundadora del Centro de Yoga Elena Ferraris. "Si me siento como en una nube, o como si tuviera un nubarrón encima, o me siento muy cerrado, puedo trabajar desde el cuerpo, puedo respirar ampliamente, para centrarme, para sentirme mejor, para despejarme… "

En este centro de yoga, situado en el barrio madrileño de Chamberí, ofrecen talleres y clases para niños y adolescentes, así como talleres de yoga en familia y sesiones en escuelas. Patricia de Santos, profesora especializada en yoga infantil y yoga para familias, destaca también el autoconocimiento y el respeto al propio cuerpo como uno de los beneficios más profundos que puede tener el yoga a edades tempranas.

"Todos pasamos a veces por eso de que me duele la tripa y no pasa nada, yo sigo, o me piden que le dé un beso a mi tía y no quiero darle un beso… Con el yoga nos centramos en sentir cómo está tu cuerpo, qué te está pidiendo. En los niños más pequeñitos se trata de fomentar lo que ya tienen, de valorárselo, y con los que van creciendo, de ayudarles a recuperar eso que están perdiendo, el respeto hacia su propio cuerpo", explica Patricia.

Esta mayor conciencia corporal puede ser una valiosa herramienta en los momentos difíciles. Para Mamen Duch, profesora de yoga para niños en el centro Yogui Kids de Barcelona y autora de varios libros de yoga para niños, este es uno de los aspectos más importantes. "Con el yoga no solo les ayudas a centrarse, a tomar conciencia de su cuerpo y de su respiración, sino que les ayudas a descubrir en su interior herramientas para poder volver a la calma o la concentración en momentos complicados de estrés o de nervios."

Posturas de yoga para niños

Ni hay unas posturas de yoga específicas para niños, ni todo son posturas en el yoga para niños. Pero vayamos por pasos.

En general, los niños realizan las mismas posturas que los adultos, salvo las posturas sobre la cabeza en el caso de los niños más pequeños, pues sus cervicales aún se están formando. "En esencia es lo mismo, solo que las posturas pueden estar simplificadas en algunos casos y no les hablas en sánscrito, sino utilizando los nombres más descriptivos, los nombres de animales o de elementos de la naturaleza", explica Mamen Duch.

"Yo siempre les cuento la historia de que en la India a la gente les gustaba mucho la naturaleza y que veían un árbol y se ponían a ser como un árbol: igual de fuerte, pero de flexible. O que veían un perro y querían ser como él, así que se ponían a estirar la espalda como él y esas cosas. Y que de ahí salen las posturas de yoga, de la observación de la naturaleza y de la conexión con la naturaleza".

De todas formas, sí hay posturas que son más habituales en las clases de yoga para niño, precisamente las que se inspiran en animales y elementos de la naturaleza, pues a los niños les resultan divertidas y fáciles de entender. Algunas, por ejemplo, son:

  • El árbol: los más pequeños se pueden apoyar en la pared, luego se pueden apoyar el uno en el otro...
  • La cobra: si se acompaña de sonidos es ideal para trabajar la respiración.
  • La postura del niño o de la hoja plegada: es ideal para relajarse y se le puede dar un masajito en la espalda mientras la hacen.
  • El perro boca abajo: se les puede preguntar cómo se movería el perro, o cómo haría pipí, para que levanten la pierna...
  • El gato: una gran postura para desperezarse por las mañanas y que resulta muy fácil de entender.
  • El león: si se acompaña de un rugido, ayuda a sacar el enfado, y puede ser de gran ayuda en caso de rabieta. Se puede también practicar por parejas mirándose uno a otro, lo que puede ser muy liberador y acabar en risas.
  • El avión: una buena postura de equilibrio, muy divertida, aunque difícil para los más pequeños.
  • El guerrero: en sus diferentes variantes, ideal para que sientan la fuerza y exploren cómo les hace sentir.
  • El saludo al sol: un buen trabajo físico que resulta divertido y que trabaja la conexión con la naturaleza y el agradecimiento, ideal también para hacer en casa por las mañanas, mirándose uno a otro, para que puedan seguir las posturas por imitación.

Por supuesto, hay muchísimas más y existe una gran cantidad de recursos con posturas de yoga para utilizar tanto en clase como en casa (tarjetas de yoga, cubos de posturas, pósters...). La diferencia estriba básicamente en cómo se suelen realizar:

  • Se entra en las posturas a través del juego, por ejemplo contando un cuento en el que se van representando los animales y elementos de la naturaleza que van apareciendo. O utilizando tarjetas o dados de yoga con las posturas que pueden ir eligiendo a su gusto.
  • Se mantienen poco rato, menos cuanto más pequeños son los niños.
  • La precisión no importa: no se corrige la postura, especialmente en los primeros años.
  • Se puede animar a hacer las posturas emitiendo sonidos, a rugir como un león, a hacer un sonido sibilante en la cobra... Es una forma de trabajar la respiración en la postura sin decirlo.
  • Se ofrecen imágenes que apelan a su imaginación y les ayudan a entender mejor la postura, como en la postura del gato hablar de hacer el "gato enfadado".

Más allá del trabajo con las posturas a través del juego, en las clases de yoga para niños se hacen también tomas de contacto al principio de las sesiones, relajaciones, visualizaciones... y muchas otras actividades que, aunque a priori puedan parecernos otra cosa, también son yoga.

"El yoga está muy conectado con los elementos y los ciclos de la naturaleza", explica Patricia de Santos. "En las clases, por ejemplo, podemos hacer celebraciones en los cambios de estación: una ceremonia de bienvenida a la primavera, al otoño, al invierno… y podemos trabajar cómo tu cuerpo, tu emoción y tus hábitos se van adaptando a esto."

"Tanto a la hora de hacer una clase de yoga como de intentar llevar el yoga a casa con los niños, si entendemos que el yoga es algo muy global, no es solo las posturas, tenemos muchas posibilidades. Podemos usar las tarjetas para las posturas pero podemos hacer muchas cosas más".

Cómo se enseña yoga por edades

Uno puede creer a priori que con los niños lo único que se puede hacer es una versión simplificada o descafeinada del yoga, pero el yoga para niños puede tener tanta profundidad como el yoga para adultos y, en la práctica, va mucho más allá de la simple realización de posturas de yoga sencillas para que se vayan acostumbrando ellas.

El yoga para niños es simplemente un yoga que se desarrolla de forma diferente, un yoga en el que se tienen en cuenta las necesidades de los niños a cada edad y en el que se recurre al juego y a la creatividad para motivarlos y guiarlos.

A través de cuentos, juegos, retos e incluso manualidades, marionetas o instrumentos musicales… los niños se van introduciendo poco a poco en una práctica que les divierte, les cuida y les ayuda a conocerse mejor. Pero no es lo mismo el yoga para niños de 3 o 4 años que el yoga para niños de 6, 12 o 15 años...

1. Yoga con bebés: vínculo e imitación

Aquí las clases son para las madres o padres con los niños y son los adultos los que hacen las posturas, tratando de integrar en ellas al bebé o al niño. El bebé no está propiamente haciendo yoga, pero sí es una manera de reforzar el vínculo madre-bebé.

De todas formas, a medida que el bebé crece y gana movilidad empieza muchas veces a imitar a los padres y a participar más, por lo que puede ser una forma de empezar a introducirlo en las posturas y el ambiente de calma que se respira en las clases de yoga.

"Cuando las mamás con bebés consiguen mantener la práctica un tiempo, vemos cómo luego esos bebés, al crecer, empiezan a imitar a las mamás haciendo el perro boca abajo, la cobra… Es muy bonito y una prueba de que, si queremos que los niños hagan yoga, lo ideal es que empecemos a hacer yoga nosotros, y que lo hagamos juntos", apunta Elena Ferraris.

2. Niños de 3 a 6 años: juego y dinamismo

A partir de los 2 o 3 años el yoga sigue siendo ideal que se practique con los padres, también en las clases. La creatividad y el dinamismo son la clave.

"Con los más chiquititos todo es a través del juego. Las posturas se introducen muchas veces con cuentos, historias... incluso canciones", explica Patricia de Santos. "Y se trabaja poco tiempo, de forma más dinámica y lúdica, porque los más pequeños no pueden mantener las posturas mucho tiempo: se distraen más".

La precisión en las posturas es lo de menos. Y, sorprendentemente, a veces los niños más pequeños son capaces de realizar algunas posturas con bastante facilidad. "Hacer yoga con ellos es, en realidad, colaborar con lo que ya son, acompañarlos", señala Patricia. "El yoga es algo orgánico y natural, está en todos. Y si observas a los niños, ves que cuando empiezan a moverse lo hacen con movimientos de yoga. ¡Es algo increíble!"

Para trabajar la respiración en los niños pequeños y no tan pequeños se pueden utilizar recursos sencillos y lúdicos de lo más variados: soplando molinillos, velas, hojas secas en otoño, bolitas de fieltro…, haciendo burbujas, colocando un peluche sobre la tripa y viendo cómo sube y baja…

Educación consciente

LECTURA RECOMENDADA

Educar desde el corazón

3. Niños de 6 a 8 años: pequeños exploradores

Los niños ya no solo mantienen más tiempo las posturas y la concentración, sino que están más preparados para acercarse al yoga con una nueva curiosidad. El juego sigue siendo fundamental y la vía por la que entran en las posturas y se mantiene su atención, pero pueden irse introduciéndose nuevos elementos.

"A esta edad entran en clase muchas veces como exploradores. Ya puedes empezar a hablarles de los beneficios de una postura, de concentración, de relación con el otro…", señala Patricia de Santos. Se sigue manteniendo el enfoque lúdico, pero teniendo en cuenta sus necesidades de exploración y conocimiento del mundo externo.

​Según Mamen Duch, de Yogui Kids, a partir de esta edad los niños ya pueden empezar a hacer yoga solos en clase, aunque el acompañamiento de los padres sigue siendo muy recomendable. "Si se hace con los padres es precioso, porque se crea un vínculo muy bonito y aparte los padres pueden luego trabajar en casa lo que se ha trabajado en clase", afirma.

También es "el momento de ir creando una rutina, de que no se quede todo en practicar solo un día a la semana", comenta la actriz experta en yoga infantil.

Jugar con los hijos

LECTURA RECOMENDADA

¿Sabes jugar con tus hijos?

​4. Niños de 9 a 12 años: conciencia postural

A medida que los niños crecen las necesidades de exploración y conocimiento van aumentando. También la capacidad para mantener las posturas y la concentración.

"En los niños de 9, 10 u 11 años, la postura corporal viene ya marcada por las mochilas, por el tiempo que pasan en el cole, por las actividades físicas que realizan…", explican Patricia de Santos y Elena Ferraris. "Lo importante es que aprendan a ser conscientes de su cuerpo. Que puedan distinguir cómo y cuándo colocan su cuerpo de determinadas maneras, y cómo cambia su cuerpo en cada situación."

Para estas profesoras de yoga, en general con los niños no es recomendable corregir las posturas, pero esta edad es ya una buena edad para empezar a dar algunas unas instrucciones de alineación y hacer alguna pequeña corrección. Los cuerpos están cambiando y reflejan a menudo las actividades y el deporte que hacen, con lo que trabajar la alineación cobra más importancia:

  • Con el fútbol, por ejemplo, se acorta mucho la flexibilidad de las piernas, algo que se puede trabajar con yoga.
  • Muchas niñas que hacen gimnasia rítmica o artística tienen muy desarrollada la flexibilidad y la elongación, la apertura, pero suelen tener una hiperextensión de la columna; con ellas se puede trabajar la parte posterior del cuerpo, el sentir la respiración en las costillas, la fuerza…
  • En ballet se trabaja mucho con los pies hacia fuera, y es importante que tomen conciencia de ello, que se den cuenta de que el cuerpo no tiene por qué estar colocado igual cuando llevan la mochila que cuando están en clase, haciendo un examen o practicando ballet.

Por otro lado, a esta edad empiezan "a poder aplicar esa conciencia corporal que les da el yoga a su día a día, a darse cuenta de cómo se colocan, cómo se sientan, cómo se mueven…", explica Elena Ferraris. "Y se empiezan a comprobar cómo influye eso en su actitud, ante un examen, en una conversación… Si me encojo, se cierra el diafragma; si me abro, tengo más espacio para respirar… Esa toma de conciencia empieza ya ahí a esa edad."

5. Adolescentes: el trabajo con las emociones

La adolescencia es una época muy cansada, muy compleja a nivel emocional. "Son edades en las que los jóvenes, en general, están muy desconectados del cuerpo", explica Patricia de Santos. "Aquí lo importante es ir manteniendo el clima del grupo, ofreciendo lo que necesitan, que es mucha relajación, mucha visualización y mucho autoconocimiento del cuerpo."

En el Centro de Yoga Elena Ferraris, que organiza talleres de yoga para adolescentes en escuelas, la experiencia les ha demostrado que los adolescentes, que a veces se muestran un poco reticentes al principio, encuentran en las sesiones de yoga un espacio de confianza donde verbalizar sus inquietudes y enseguida se enganchan.

"Si se menciona, por ejemplo, que una postura va bien para la menstruación, eso da pie a hablar sobre ello. Están con las orejas abiertas, porque no hay tantos espacios en los que se les hable de la menstruación, de las sensaciones que puedan tener en el cuello, de cómo una respiración demasiado alta te puede tensar el cuero cabelludo… Todo eso les fascina y permite hacer un gran trabajo con ellos", explican.

"En la adolescencia es muy importante conectar con las emociones", comenta Mamen Duch, que además de ser fundadora de Yogui Kids es actriz de teatro y trabaja mucho con adolescentes. "A través de la respiración o de las posturas pueden observar cómo se sienten y comprobar cómo pueden cambiar la emoción".

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?