Cansancio o falta de energía, insomnio, ansiedad, depresión, dolores crónicos, migrañas, desarreglos menstruales, úlceras, alergias, eczemas, gases o hinchazón abdominal son algunas de las señales que nos manda nuestro cuerpo para avisarnos de que algo no anda bien en nuestra salud.

Para detectarlo, debemos entender que muchos de estos problemas están relacionados con el segundo cerebro: nuestro intestino. ¿Sabías que el intestino y los microorganismos intestinales tienen un papel vital en la conducta y las emociones, así como en los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino, ya que mantienen la salud o provocan enfermedades que dependen de su desequilibrio? 

La relación entre el cerebro, el sistema inmunitario y el comportamiento, la importancia de seguir e interpretar nuestros ritmos circadianos, las reacciones adversas a los alimentos, o la limpieza cerebral y las estrategias para aumentar esa función glinfática básica para la salud son solo algunos de los temas que trata en su nuevo y completo libro Xevi Verdaguer. Después del éxito de Transforma tu salud y Cuídate, el psiconeuroinmunólogo, nutricionista y fisioterapeuta publica Tu salud empieza aquí (Editorial Grijalbo), un ensayo que nos da todas las claves para mejorar nuestra salud digestiva y mental.

-Da mucha importancia a los pedos. Empecemos por ahí. ¿Por qué debemos fijarnos en ellos? ¿¿Cómo podemos detectar un problema de salud en ellos?
-Sabemos, desde hace algunos años, que hay una relación directa entre el primer cerebro, que es el del intestino, y el cerebro que está en el cráneo. Cuando alguien ha perdido la salud, notas que en ambos cerebros algo no va bien. Por eso, siempre le digo a la gente: "mira con qué frecuencia vas al baño y qué consistencia tienen tus cacas y cómo son tus gases, porque eso será el reflejo de cómo funciona tu intestino. Hablo de ello en el capítulo del libro que se llama “el tipo de caca que haces predice el futuro de tu salud”. Lo normal y esperable es hacer churros alargados que se hunden, pero si siempre flotan o tienes estreñimiento, o siempre son pastosos y vas al baño cuatro veces al día, hay algo que está alterado. 

-Entonces, vemos que la consistencia y la frecuencia de las heces son importantes. ¿Qué hay de los gases?
-Lo normal es tener gases con olor y sin olor. Pero si tienes muchos gases sin olor, que eso es hidrógeno de metano, o muchos gases malolientes, que suelen ser derivados del azufre, podemos saber que hay un desequilibrio de las bacterias y eso hace que las personas se encuentren con más problemas de alergias, migrañas, cansancio, problemas para perder peso, dolor crónico o colon irritable. Estos son los síntomas para saber si tienes exceso de metano en el intestino. Si tú identificas que las cacas te flotan, que te sientes bajo anímicamente, que tienes rinitis… Entonces, es posible que tengas exceso de metano; te haces el test del aliento y lo compruebas. Y lo mismo para las personas que tienen las heces pastosas o diarrea. 

-¿Cuáles son los factores que inflaman el intestino?
-Yo siempre digo: mira cómo haces caca y así sabrás cómo está el primer cerebro. Si esto está alterado, puede haber inflamaciones por desequilibrios de las bacterias del intestino, por alimentos que han dañado el intestino, por no dormir bien o por estrés crónico…  Estos son los cuatro factores más importantes que inflaman el intestino. 

-¿Hay alguna otra forma de detectarlo ?
-Sí, a través del otro cerebro. Enseguida lo que nota la gente es cansancio. Cuando hay sustancias inflamatorias que se fabrican en el intestino, lo primero que notamos es niebla mental, cansancio, sentimos que nos falta energía, que nos falta líbido, y podría ser que tuvieras irregularidades de la regla si eres mujer. Si hay gente que se siente identificada, yo les diría: seguro que sabes que duermes mal o que tienes estrés crónico, o bien tienes patógenos en el intestino o hay algún alimento que te está haciendo daño. Escuchando a los dos cerebros, podemos saber que algo no está bien.

-En la mayoría de los casos, esto no sucede, se tratan estas patologías por separado…
-Sí, lo curioso es que hay gente que para los gases y para el estreñimiento se toma unas infusiones y unas pastillas; y al que le falta energía se toma vitaminas o antidepresivos, y nadie se ocupa de arreglar el origen sin tomar fármacos. Lo más frecuente en la consulta es que la gente nos pida ayuda porque se sienten inflamados; dicen que están todo el día cansados y que les falta energía. Hay que ver esos síntomas, cómo son las heces, y cómo está esa niebla mental. Cuando estamos con todos estos síntomas es que tenemos neuroinflamación, es decir, que hay sustancias inflamatorias en el cerebro que no permiten que tengas foco… 

-Por lo que dices algunos síntomas que asociamos a la salud mental se podrían solucionar mirando bien la salud intestinal, ¿no es así?
-Antes tratábamos problemas de ansiedad y depresión fijándonos en el cerebro; ahora vemos que no solo hay que mirar hacia allí. Porque cuando uno tiene una infección tenemos tendencia a no querer socializar, preferimos estar en casa, no queremos hacer deporte, dormimos mal, tenemos menos hambre. La gente suele quejarse de que está cansada durante el día, pero luego, cuando va a dormir, no descansa del todo. Tenemos más necesidad de apego, pero a la vez discutimos más (y somos más exigentes) con la pareja, los padres, con los cuidadores… El caso opuesto es cuando estás bien y no necesitas tanta proximidad de tus seres queridos.

-¿Hay cambios con respecto al sexo en este sentido? ¿Se experimenta distinta la inflamación si eres mujer u hombre?
-Sí, las chicas sienten que están desconectadas socialmente y echan de menos estar más con la gente. Mientras que los chicos no se sienten desconectados socialmente, sino que no se sienten en el rango social en el que creen que deberían estar. Por ejemplo, esto pasa en hombres con hipertensión, en diabéticos o disbiosis en el intestino, o que hacen apneas y roncan por las noches. La conducta les lleva a obsesionarse con tener más. Esto lo vemos cada día en la consulta. 

-¿De qué tipo de enfermedades hablas cuando te refieres a inflamación?
-Hablamos de SIBO, de un Epstein Barr reactivado, o la bacteria del estómago…cualquier bicho que genera inflamación va a causar estos síntomas: tristeza, falta de autoestima… Por eso los nutricionistas tienen que trabajar con los psicólogos. De mi equipo los psicólogos yo siempre digo que son raros, porque piden analíticas de heces y de aliento para tratar las dos cosas. 

-¿Entonces propones un tratamiento conjunto, un tratamiento integrativo?
-Sí, hemos visto que los problemas digestivos altos, es decir, gastritis y reflujo, están muy relacionados con el descanso nocturno, gente que ronca, que hace apneas, que duerme poco…

-Por tanto, el descanso está directamente relacionado con los problemas digestivos. ¿Qué es dormir bien o mal y qué provoca?
-Lo normal es dormir entre 7 y 8 horas. Cuando duermes bien te despiertas descansado, sientes que has tenido un sueño reparador. Los que duermen mal tienen piernas inquietas, se despiertan y van al baño y beben agua; otros roncan, o hacen apneas , o se van a dormir a la una y se despiertan a las seis... Estos tendrán problemas digestivos seguro, porque dormir mal da gastritis o reflujo. Si no se duerme bien, ni las dietas ni el omeprazol te van a quitar los problemas. Si duermes mal, hay que revisar el estómago.

-¿Qué hay de los problemas más relacionados con los intestinos?
-También están el intestino delgado y el colón, la parte baja digestiva, claro. Sentirse hinchada, o distendida, y tener a veces estreñimiento o hacer caca pastosa, está más relacionado con la serotonina, con depresión o ansiedad. Los problemas de la parte de arriba del estómago está más relacionada con los el descanso, y los de la parte baja más con la parte emocional. Si alguien tiene colon irritable con estreñimiento, hay que ver qué es lo que le estresa crónicamente, y si alguien tiene colon irritable con diarrea, puede haber más ansiedad; hay que mirar qué pasa con la histamina y con las hormonas del estrés. Unos triunfan con la dieta baja en histamina y los otros mejoran con una dieta más rica en triptófano para aumentar la serotonina. 

-Tú le dedicas un capítulo extenso al SIBO. ¿Qué nos está queriendo decir nuestro intestino en estos casos? 
-El SIBO es un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (la parte baja digestiva). Muchas veces el problema es que el sistema nervioso simpático está más activo que el parasimpático: estrés. Pero muchas veces el SIBO no es el problema; a veces lo que ocurre es que hay parásitos, hongos, virus o simplemente la gente duerme mal o tiene estrés crónico. Dar antibióticos para un SIBO todos sabemos hacerlo, dar un antifúngico para hongos, pues también, pero la cuestión es: ¿por qué a unos les vuelve a aparecer el SIBO y a otros no? ¿Por qué la gente tiene que hacer dietas interminables sin histamina o sin FODMAP? Esto es lo que no debería pasar. 

-¿Tú qué propones entonces?
-En mi libro dedico un capítulo a la limpieza del intestino delgado y otro a la limpieza del cerebro. Las personas a las que les empiezan las inflamaciones en el intestino delgado, tienen que saber cómo ayudar a este proceso de limpieza del propio intestino. El cerebro tiene todas las noches un proceso de limpieza de tóxicos, porque se sobrecarga a lo largo del día.

Si tienes SIBO, debes saber que necesitas respetar esos procesos de limpieza para que no vuelva a repetirse. Dos horas después de comer, empieza un proceso de limpieza hasta llegar al colon donde eliminamos los gases y las bacterias a través de las heces, pero si tú en este proceso ingieres de nuevo alimentos (picar entre horas), no vas a dejar que ese proceso se lleve a cabo y eso provoca que se repita el SIBO. Es bueno que, entre la cena y el desayuno, se dejen 12 horas de descanso. 

-Hay un punto en el libro en el que hablas de mirarnos al rostro para saber si estamos o no enfermos. ¿Qué señales debemos tener en cuenta?
-Cuando uno está enfermo, los labios están más pálidos, los mofletes también y los párpados caídos hasta el límite de las pupilas. Cuando ves un rostro así, aunque no tengas tiempo de pensar nada, tu sistema inmune ya actúa, sabe identificar a través de la vista y del olfato que esa persona podría hacerte enfermar. Hará que tú no quieras estar con esa persona. La cara cuando estás enfermo cambia, para protegernos entre nosotros. Por ejemplo, si tú tienes a alguien enfermo en casa y se ha pasado todo el día en la habitación, verás que tiene un olor distinto. Ese olor es el que el cerebro sabe identificar.

Yo lo que hago, cuando veo a una persona así, es me acerco y le digo: “¿Te puedo hacer tres pregunta: ¿duermes bien? ¿vas bien al baño? ¿has estado enfermo?”. Y así confirmo esto.