Dar más vida a los años

Envejecer con salud

Dra. Carme Valls-Llobet

La esperanza de vida en Occidente ha aumentado estas décadas. Es importante que estos años se vivan con calidad, entendiendo que el envejecimiento es natural.

En todos los países del mundo, las mujeres tienen una esperanza de vida mayor que los hombres –unos diez años más−, aunque la media varía mucho según el desarrollo económico de los países: oscila entre los 50 años en el África subsahariana y los 85-90 años en Japón.

En España, las últimas estadísticas sitúan la media de esperanza de vida de las mujeres en los 85 años y la de los hombres en los 79.

La mayor longevidad se asocia a la nutrición variada, con predominio de la utilización de aceites vegetales para cocinar los alimentos, como el aceite de oliva en los países mediterráneos o el de soja en Japón. Sin embargo, que las mujeres vivan más tiempo que los hombres no significa que esos años vayan acompañados, en general, de una buena calidad de vida: en los países desarrollados, los años de vida sin incapacidad son casi los mismos en mujeres y hombres.

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Dado que ni la medicina ni las ciencias sociales podían prever la longevidad que estamos alcanzando, no se han desarrollado estrategias de prevención para evitar las discapacidades. Eso sí, los avances científicos nos han permitido “poner parches” en los sentidos o en las extremidades, donde la vida y el desgaste han hecho estragos: las prótesis de cadera y de rodilla se implantan de forma habitual en los países desarrollados, se realizan sofisticadas intervenciones oculares que permiten resolver la pérdida de agudeza visual...

Aun así, síntomas predominantes como el dolor o la sensación de depresión no pueden corregirse de este modo. Presentan una distribución clara: aumentan a medida que avanza la edad, sobre todo entre las clases sociales bajas y en las zonas donde hay mayor depresión económica, más paro entre los hombres y menor nivel educativo entre mujeres.

Trastornos comunes

  • Es evidente que cuantos más años se viva, más desgaste tendrá nuestro sistema musculoesquelético, porque las articulaciones habrán tenido que sostener todo el cuerpo durante más tiempo, sobre todo las caderas, las rodillas y la columna vertebral. Pero, la mayoría de las veces, este es un problema que no depende de la naturaleza sino de unas condiciones de trabajo no ergonómicas; por lo tanto, corregirlo es posible.
  • A medida que avanza la edad pueden aparecer otros problemas de salud, como la hipertensión o algunas enfermedades del corazón.
  • Incluso el riñón tiene más dificultades para fabricar vitamina D de forma eficiente (su producción disminuye hacia los 50 años en las mujeres y hacia los 60 en los hombres).
  • La edad también favorece la aparición de más enfermedades autoinmunes, que pueden causar dolor en músculos y articulaciones. Si la autoinmunidad se produce contra las glándulas endocrinas, como la tiroidea, avanza la tiroiditis autoinmune. El hipotiroidismo resultante ocasiona cansancio, pérdida de memoria y dolores musculares.

Todos estos problemas no los sufre toda la población por igual, pero su aparición puede estar relacionada con la nutrición incorrecta, el exceso de sal en las comidas o el consumo de tabaco, y cierta predisposición genética en las enfermedades autoinmunes.

Los cambios de hábitos pueden mejorar muchos de los problemas cardiovasculares, y el diagnóstico diferencial correcto en los centros de atención primaria puede detectar los problemas metabólicos que son causa de dolor, osteoporosis o deficiencia de la hormona tiroidea.

Escuchar nuestro cuerpo

Un gran número de investigaciones están buscando una medicación que retrase el envejecimiento celular, que ahora sabemos que depende de las alteraciones de una parte de los cromosomas –los telómeros– y del exceso de radicales libres que se forman en el proceso de formación de energía de las células.

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Pero no hay soluciones mágicas, y tomando solamente vitaminas antioxidantes (A, C y E) no se han conseguido mejorías con evidencia científica. Todo lo contrario, se han publicado estudios que demuestran que un exceso de vitamina E no solo no sirve para prevenir enfermedades, sino que incluso puede ser tumoral.

Se está investigando el poder de los derivados de la uva para frenar el envejecimiento celular con resultados prometedores pero no concluyentes todavía.

También se está estudiando el papel de la hormona DHEA (dehidroepiandrosterona), una hormona producida por las glándulas suprarrenales y las gónadas (ovarios y testículos) que es la responsable del cambio de la pubertad y cuyos niveles disminuyen con la edad (hacia los 80 años, un 90%). No se han hecho suficientes estudios epidemiológicos pero, al parecer, su disminución es más frecuente entre las mujeres y es responsable de la sensación de cansancio y la tendencia a la obesidad.

Esta hormona tiene una acción estimulante de la inmunidad y podría ser clave en los procesos inflamatorios. En el cerebro tiene un efecto protector contra el cortisol como hormona del estrés. Pero solo se puede usar bajo supervisión médica: su presencia en la sangre debe ser controlada antes de la administración, ya que la dosis dependerá de los niveles hormonales previos.

Hábitos y alimentación

Teniendo en cuenta que el endurecimiento de las arterias y los vasos sanguíneos y la formación de placas en las arterias del corazón y del cerebro son la primera causa de mortalidad en las mujeres, toda mejoría en el equilibrio de la nutrición y en la disminución de las grasas nocivas para la salud será positiva.

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Por tanto, potenciar el consumo de pescado azul, rico en omega 3, constituye una forma de prevención de riesgos cardiovasculares a medida que las mujeres y los hombres envejecen. En general, es necesario seguir una nutrición equilibrada, evitando grasas y equilibrando proteínas e hidratos de carbono, sin olvidar que uno o dos vasos de buen vino al día tienen un efecto vasodilatador positivo.

Para cuidar nuestro cuerpo debemos planificar los placeres, dosificarlos... pero no prescindir de ellos ni un solo día de nuestras vidas.

En cuanto a otros hábitos, es importante respetar las horas de descanso nocturno, evitando dar vueltas a las preocupaciones en las horas previas a conciliar el sueño. Tomar alguna tisana tranquilizante después de la cena puede ayudar a que el sueño sea más reparador. En personas que tengan más dificultades para dormir, también puede ayudar tomar melatonina media hora antes de acostarse.

El ejercicio físico regular –media hora de paseo diario a un ritmo suave y sin correr, o hacer natación varias veces por semana– puede mantener el cuerpo en forma.

Diagnósticos adecuados

Existe la tendencia a atribuir todos los síntomas que se pueden presentar al envejecer (dolor de manos y pies, cansancio...) a la menopausia. O, directamente, se culpa a la edad.

Estos falaces diagnósticos engañan y limitan la visión de la salud, porque promueven la resignación e impiden que tanto los profesionales como las mujeres y los hombres que piden ayuda al sistema sanitario obtengan un diagnóstico adecuado a sus dolencias y, consecuentemente, nuevos caminos para dar vida a los años que les quedan por vivir.

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Un buen ejemplo: la carencia de vitamina D

Con la edad, los cambios de la piel y el uso de protección solar dificultan que la insolación de los meses de verano consiga producir los niveles de vitamina D adecuados para pasar los inviernos. Así, es frecuente que se produzcan alteraciones del funcionamiento de la glándula paratiroides, que puede causar malestar muscular generalizado y en los puntos de inserción de los tendones, favoreciendo el dolor en los dedos, tendinitis, deformación de las extremidades...

Se puede confundir con otras enfermedades reumáticas, pero su tratamiento es fácil si se compensa el déficit de vitamina D.

Por otra parte, los cambios que sufre la mucosa intestinal con la edad y la administración de diuréticos para compensar la hipertensión pueden provocar carencias de magnesio, vitamina B12, ácido fólico y hierro. Recuperar los niveles adecuados también puede mejorar el cansancio y el dolor.

Falsos mitos de la menopausia

Muchas mujeres están convencidas de que tiene consecuencias funestas para su salud; algo completamente falso. Si no se determinan las causas reales, se invisibiliza el sufrimiento de las mujeres y se las convierte en víctimas del sistema sanitario.

  • La menopausia solo significa el cese de la función hormonal del ovario y solo está relacionada con el aumento de sequedad de la piel y las mucosas, entre ellas la vaginal.
  • La osteoporosis está más vinculada a factores genéticos y a hábitos adquiridos en la juventud, como el tabaquismo. Solo un 30% de las mujeres tendrán osteoporosis, y de ellas muchas ya la tenían en edades jóvenes.
  • A partir de los 50, el cansancio o las pérdidas de memoria existen porque se ha vivido. El cuerpo es el de antes, pero está sobrecargado.

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