Perder peso puede no ser sano

¿Es siempre necesario adelgazar?

¿Es cierto que unos kilos de más pueden ser garantía de salud? Las investigaciones en nutrición parecen sugerirlo y cuestionan los actuales dictados de la moda.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Manuel Núñez
Manuel Núñez

Periodista especializado en salud y ecología

Es el gran tópico de la medicina preventiva y lo repiten sin cesar los medios de comunicación: el sobrepeso y la obesidad implican un riesgo para la salud. Por tanto, conviene adelgazar.

Esta idea se suma al patrón estético imperante e influye enormemente en la población: quien no está intentando perder kilos se preocupa por no ganarlos o bien se entristece por tenerlos.

Sin embargo, las investigaciones más recientes afirman que es posible tener unos kilos de más y gozar de más salud y de mejores expectativas de mantenerla que con un peso ligero.

Los actuales prejuicios médicos contra las curvas corporales hacen que la siguiente escena sea común en los centros de atención primaria:

Una mujer de mediana edad entra en la consulta para tratar una molestia puntual. Una vez resuelto ese tema, el doctor le pide que se suba a la balanza y le indica que está obesa y que le convendría hacer dieta porque corre riesgo de sufrir alguna enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer y otros trastornos.

Da igual que la mujer sea activa o sedentaria, se alimente de manera equilibrada o sea adicta a la comida rápida, se sienta bien consigo misma o no.

Sin embargo, las claves de la salud podrían residir más entre estos otros factores que en el propio peso.

¿Son compatibles obesidad y salud?

Se puede estar "oficialmente gordo" y en forma. Es la provocadora conclusión que se extrae de estudios publicados recientemente.

Ofrecen evidencias de que personas con exceso de peso presentan perfiles metabólicos perfectos, idénticos a los de individuos con menos peso y ningún riesgo cardiovascular.

Más concretamente, el 52% de las personas con sobrepeso estudiadas a lo largo de seis años mantuvieron los niveles de colesterol, presión arterial, triglicéridos, glucosa y proteína c-reactiva dentro de lo saludable. Y el 32% de los considerados obesos también mostraban parámetros metabólicos normales.

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Los datos llevaron a afirmar a la directora del estudio, Rachel Wildman, profesora de epidemiología y salud pública en la facultad de Medicina Albert Einstein, de la Universidad Yeshiva de Nueva York, que "los riesgos que se asocian al sobrepeso no son tan grandes como creíamos".

Otra conclusión es que personas con idénticos niveles de grasa corporal presentan perfiles metabólicos muy diferentes, lo que hace pensar que el riesgo reside en otros factores.

¿Existe un IMC de riesgo?

Después de analizar las causas de fallecimiento de 2,3 millones de personas, la Dra. Katherine Flegal, de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades del gobierno de los Estados Unidos, sostiene que el riesgo de morir por ciertas enfermedades (trastornos cardiaco y renal, diabetes y cánceres de mama, páncreas y colon) no aumenta hasta que no se sobrepasa un índice de masa corporal (IMC) de 30.

Esto significa, por ejemplo, que una mujer de 1,60 m de altura debería tener un peso superior a 77 kg. Por tanto, si se lleva un estilo de vida sano, las razones para adelgazar cuando no se supera esta barrera no son tan urgentes.

Por supuesto, es obvio que cuesta menos esfuerzo moverse con unos cuantos kilos menos, que el corazón y el sistema respiratorio deben realizar un esfuerzo menor y, sobre todo, que las rodillas y los tobillos sufren menos.

Las personas con artrosis, dolor de espalda, trastornos cardiovasculares u otros problemas de salud se pueden beneficiar de perder unos kilos, siempre que lo hagan sin caer en la trampa de las dietas rápidas.

Un ligero sobrepeso ayuda a tus defensas

Robert Eckel, profesor de medicina en la Universidad de Colorado y expresidente de la Asociación Americana de Cardiología, afirma que "el sobrepeso no puede ser asociado con ningún riesgo de enfermedad cardiaca".

Es más, unos cuantos kilos de más aumentan la posibilidad de sobrevivir a enfermedades de tipo infeccioso. Según el estudio dirigido por Flegal, en las personas con ligero sobrepeso disminuye un 40% el riesgo de morir de neumonía, enfisema, heridas e infecciones en general.

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En el pasado, cuando las dolencias infecciosas eran una de las causas principales de muerte, quizá tenían razón las abuelas con aquello de que las "reservas" ayudaban a afrontar mejor la enfermedad.

Investigadores de Statistics Canada y de las universidades de Portland y Oregon McGill, han concluido, después de computar los historiales médicos de 11.326 personas a lo largo de 12 años, que las personas con sobrepeso son más longevas que las de peso óptimo, mientras que las que se hallan en mayor riesgo de morir prematuramente son tanto las extremamente obesas como las exageradamente delgadas.

Cómo se distribuye la grasa es clave para la salud

Los expertos consideran que la cuestión de la grasa corporal es más complicada de lo que parecía.

Hay muchas variables que no se han tenido en cuenta. Por ejemplo, la ubicación del tejido graso es mucho más importante que la cantidad.

Las personas que tienen un índice de masa corporal normal, pero poseen una circunferencia de cintura grande debido a la grasa visceral abdominal, presentan desequilibrios metabólicos más frecuentemente que los individuos con un índice mayor y con la grasa ubicada en las nalgas y las piernas, por ejemplo.

Investigadores de la Universidad de Tubinga (Alemania) midieron mediante resonancias magnéticas la proporción de grasa en el hígado, el tejido subcutáneo y los músculos de 314 personas obesas. También calcularon la sensibilidad a la insulina mediante tests de tolerancia a la glucosa.

El análisis de los datos permitió concluir que los obesos con una sensibilidad a la insulina correcta (es decir, sin niveles altos de azúcar ni otros síntomas de prediabetes), que tienen generalmente el hígado y los músculos libres de exceso de grasa, no corren un riesgo cardiovascular añadido.

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Las apariencias engañan

Por otra parte, a pesar de las apariencias, más de la mitad de las personas con peso normal poseen un elevado porcentaje de grasa corporal.

Aunque el peso esté dentro de lo óptimo según las tablas de IMC, una proporción de grasa por encima del 20% en los hombres y del 30% en las mujeres representa cierto riesgo.

Según el Dr. Francisco López-Jiménez, cardiólogo de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota (Estados Unidos), "muchas de estas personas sufren anormalidades metabólicas, como colesterol elevado y niveles elevados de leptina, una hormona que se encuentra en la grasa y otros tejidos y que tiene que ver con la regulación del apetito".

En consecuencia, controlar el peso no es la mejor forma de protegerse contra una variedad de problemas de salud, entre ellos las enfermedades cardiacas, la diabetes y el síndrome metabólico.

"El peso es un instrumento bastante impreciso. No es un indicador fiable para valorar la salud a nivel individual", afirma el Dr. David L. Katz, director del Centro de Investigación Preventiva de la facultad de Medicina de la Universidad de Yale.

La realidad es que la salud de todos, sin que importe el peso, depende de factores genéticos, ambientales y, sobre todo, del estilo de vida.

Las investigaciones indican que las personas rellenitas que eligen alimentos sanos, no fuman, se mueven y gozan de bienestar emocional corren menos riesgos que las personas con una figura perfecta y un estilo de vida descuidado.

Este hecho lleva a plantearse una pregunta esencial: si una persona está realmente obesa e incluso tiene alterados dos o más indicadores metabólicos (tensión arterial, triglicéridos, glucosa sanguínea, colesterol...), ¿adelgazar debe ser la prioridad, o debería intentar otras estrategias antes?

La respuesta parece sencilla: como las personas con peso ajustado, pero con valores sanguíneos alterados y hábitos insanos también están en peligro, el tratamiento es el mismo en ambos casos: hábitos más sanos.

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¿Cuándo se puede decir que una persona está obesa?

Todo el mundo parece saber cuándo a una persona le sobran kilos, sin embargo la ciencia no lo tiene tan claro. Existen diferentes métodos para evaluar la idoneidad del peso personal y su repercusión sobre la salud.

El método más utilizado por los profesionales de la salud consiste en aplicar el Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene dividiendo el peso en kilos por el cuadrado de la altura en metros. Por ejemplo, si se mide 1,75 metros y se pesan 70 kg, el índice será: 70 / (1,75)² , lo que supone 22,8. Cuando este índice supera el número 30 se pasa del sobrepeso a la obesidad.

El IMC ha sido cuestionado porque no tiene en cuenta la constitución individual. Aplicando la fórmula a rajatabla, resultaría que los jugadores de baloncesto profesionales y otros atletas en perfecta forma son obesos.

La causa es que el IMC no distingue el músculo de la grasa. Por supuesto, tampoco diferencia dónde está ubicado el tejido adiposo, el dato más relevante para la salud, según indican las investigaciones más recientes.

El cardiólogo Valentí Fuster y otros expertos han popularizado la medida de la cintura como valor alternativo. También existe una fórmula que relaciona la cintura con la altura: se divide la circunferencia de la cintura (en cm) por la altura (en cm). Un valor de 0,5 o mayor es indicativo de peligrosa adiposidad abdominal.

Sin embargo, ningún índice ni medida de las proporciones corporales actualmente existentes tiene en cuenta el estilo de vida individual. Es decir, el efecto sobre la salud del tipo de alimentación, los hábitos en relación con el ejercicio y el descanso o las adicciones.

Cada vez más, los expertos abogan por observar la evolución de ciertas tasas metabólicas como indicadores más eficaces. Son el colesterol, la presión arterial, los triglicéridos, la glucosa y la proteína c-reactiva. Una alteración de dos o más variables indica un riesgo aumentado y la necesidad de hacer cambios en los hábitos cotidianos, sea cual sea el peso de la persona.

El ejercicio físico es bueno para todos

Varios estudios demuestran que la actividad física es una variable más decisiva para la salud que el peso. Andar con paso rápido durante 45 minutos es suficiente para protegerse de las enfermedades, sin necesidad de perder peso por el camino.

Adelgazar de manera duradera mediante un régimen es algo muy difícil –para la gran mayoría de personas, imposible–, pero mejorar la condición física a través del ejercicio resulta fácil.

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"La actividad física es mejor para la salud que solo perder peso", asegura Steven Blair, profesor de la Universidad del Sur de Carolina (Estados Unidos) y experto en las ventajas del movimiento en las personas con exceso de kilos. Por tanto, el ejercicio resultaría tan o más importante que mejorar la dieta si se quiere reducir la obesidad.

Un estudio dirigido por Blair ha demostrado que las personas mayores de 60 años que tienen un ligero sobrepeso y están en forma viven más años que las de peso idóneo pero con mala condición física.

Solo las personas que no pueden hacer ejercicio con comodidad, debido al exceso de kilos, deben plantearse como prioridad el perder unos cuantos, siempre mediante una dieta sana y la propia actividad física.

¿Es la delgadez realmente lo ideal?

Sea cual sea la causa de la insatisfacción (falta de autoestima, problemas laborales o familiares), si alguien decide mejorar su vida perdiendo unos kilos, vale la pena que lo intente. Pero eso no significa que los problemas de fondo vayan a resolverse.

La aceptación del propio cuerpo es quizá uno de los primeros pasos hacia el bienestar psíquico y también físico. No es fácil, porque el modelo de la delgadez es potente.

Desde niños, las personas con unos kilos de más se sienten devaluadas y, como consecuencia directa, sufren problemas psicológicos y alimentarios. Es decir, el origen de sus problemas no sería la obesidad, sino la delgadez impuesta.

Cuanto más delgado se aspira a estar, más obeso puede uno sentirse. Hasta qué punto se ha dado la vuelta a la tortilla de causas y efectos lo demuestra que incluso los médicos y dietistas poseen frecuentemente prejuicios sobre la inteligencia, el carácter y la voluntad de sus pacientes gordos, según afirma Rebecca Puhl, psicóloga de la Universidad de Yale (Estados Unidos).

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El lema vida sana primero debería sustituir al actual delgados a toda costa. Si las autoridades sanitarias y los medios de comunicación dejaran de alimentar el miedo a la obesidad y se divulgasen los beneficios de la alimentación sana, del ejercicio físico en sí mismo, de mantener el estrés bajo control o tener una vida emocional satisfactoria, los efectos sobre la salud de la población serían sin duda mucho mejores.

Sustituir la estrategia basada en las dietas de adelgazamiento por un estilo de vida saludable solo presenta un inconveniente: no cuadra con el ideal único de belleza donde se depositan hoy tantas esperanzas, ni con el consumismo de soluciones milagrosas y comida de pobre calidad.

Libros para cultivar un peso saludable

  • ¿Sabemos comer?; Dr. Andrew Weil, Ed. Urano
  • El peso natural; Montse Bradford, Ed. Océano

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