Cómo superarlo

Claves para superar un trauma

Aunque deje una huella indeleble, tras el trauma es posible hallar vías para canalizar las emociones no expresadas y volver a vivir a partir del presente.

Begoña Odriozola

Psicóloga

¿Qué es el estrés postraumático? El estrés postraumático (TEPT) es una condición psicológica que algunas personas desarrollan tras ver o experimentar una situación traumática. Vivir un accidente de tráfico que siega la vida de un ser muy querido, un atentado o una catástrofe natural pueden mostrarnos la cara más aguda del dolor, del sinsentido más amargo y desolador.

Cuando se desarrolla el estrés postraumático, la conexión entre el pasado y el futuro parece rota para siempre. El proceso de recuperación de un acontecimiento traumático puede quedar bloqueado en algún punto e influir muy negativamente en la vida.

Víctimas directas e indirectas de un hecho traumático tratan, minuto a minuto, día tras día, de abrirse paso a través del dolor. ¿Cómo lograrlo? La clave consiste, precisamente, en no huir del dolor, en tratar de aceptarlo y vivir el proceso de recuperación hasta adaptarse a la nueva situación y a la pérdida.

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Síntomas y consecuencias del estrés postraumático

Nada es igual después de un trauma agudo. Cuando sucede algo traumático todos los parámetros vitales pueden quedar "patas arriba" y, durante un periodo más o menos corto de tiempo, se diría que la persona no sabe cómo interpretar lo que le ocurre ni qué hacer con el torbellino de emociones contradictorias que la embargan. Este es el "kilómetro cero" del largo camino de la recuperación. Estas son las señales de un trauma no superado:

  • La persona cree que no podrá soportar el dolor y evita activamente cualquier acción, pensamiento o emoción que le recuerde lo ocurrido o haga visible la pérdida.
  • No quiere hablar de lo sucedido e intenta seguir viviendo como si nada hubiese pasado. Lamentablemente, esta estrategia solo funciona a muy corto plazo.
  • A largo término, la realidad se impone, el dolor no remite y pueden aparecer graves trastornos psicológicos (fobias, problemas relacionados con el estrés agudo, depresión, somatizaciones...) o de relación (con la familia, las amistades o el trabajo).
  • Al principio es habitual pensar que la vida carece de sentido, que no vale la pena.
  • Acuden a la cabeza imágenes y pensamientos de aquello que se vivió, por mucho que la persona se esfuerce por evitarlo.
  • Es común tener pesadillas, problemas de atención y de memoria o, incluso, sentirse raro, como fuera de uno mismo.
  • Es normal percibir una especie de embotamiento emocional, verse como falto de sentimientos, incapaz de llorar o de explicar qué ha pasado.
  • También puede que afloren con fuerza la rabia, la indefensión o la culpa por no haber podido evitar lo que ha pasado, o porque les haya ocurrido a otros y no a uno mismo.
  • En el plano puramente físico habrá que convivir, de forma más o menos aguda, con síntomas que denotan que el cuerpo ha activado al máximo sus recursos para actuar en situación de emergencia: tensión, nerviosismo, taquicardia, vértigos o mareos, fatiga intensa, dolores corporales difusos, pérdida de apetito...
  • Es frecuente sobresaltarse, estar irritable, impaciente o incluso agresivo hacia las personas cercanas. Mientras se siga valorando la situación como una amenaza, estos síntomas persistirán.
  • Además, la ansiedad puede dispararse cada vez que alguna cosa recuerde la situación vivida (olores, ruidos, momentos del día... ).

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Cómo superar la crisis tras el trauma

Nadie dice que este sea un camino fácil pero, de algún modo, sirve para amaestrar el dolor y llegar a lo que implica la superación del duelo.

Con el tiempo se podrá rememorar la situación anterior o recordar a la persona desaparecida con nostalgia y cariño, pero sin aflicción, y seguir transitando por la propia vida, la misma y, sin embargo, diferente.

No existen recetas mágicas para superar una experiencia intensamente traumática.

Tratar, paulatinamente, de aceptar el carácter irremediable de lo que ya no volverá a ser igual, pasa por tolerar el dolor que eso produce, sentir la rabia, la impotencia e, incluso, la culpa que a menudo de forma absurda puede acompañarnos. Expresar libremente estos sentimientos suele ayudar a ir reconciliándose con el mundo.

Poco a poco se podrá ir recuperando el control sobre la propia vida. Para ello, convendrá retomar las riendas de la existencia cotidiana, volver a hacer planes para el futuro -aunque sea a corto plazo- y no delegar en los demás las decisiones que le incumben a uno.

Las situaciones de crisis son tan complejas que conviene encararlas con la maleta bien cargada de recursos.

Es bueno pensar qué nos ayudó en el pasado a superar alguna situación difícil; qué resulta útil en los momentos de decaimiento o qué cosas nos animaríamos a probar para ver si nos resultan útiles.

He aquí algunas ideas: pasear, practicar una actividad física, hablar con un amigo, meditar, alimentar la vida espiritual, colaborar en acciones positivas para la comunidad, dormir, comer de forma sana y equilibrada, sentirse cerca de la familia, el contacto con la naturaleza, escribir, ver fotografías, hablar mentalmente con la persona que se ha ido, crear y llevar a cabo rituales que ayuden a expresar lo que se siente, la ayuda de un terapeuta... todo sirve si resulta útil.

Enfrentarse a una crisis es, ante todo, un acto de supervivencia y de valentía donde la propia intuición es la que ha de funcionar como guía interior para transitar por un camino que, siendo común, se construye a la medida de cada uno.

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Recursos terapéuticos para superar el trauma

La mayoría de las personas pueden recorrer el camino de la recuperación por sí mismas, con ayuda de sus familiares y amigos. A otras les será útil la ayuda de un terapeuta.

Veamos seguidamente las terapias más eficaces:

  • Técnicas de exposición. El afectado evoca imágenes detalladas del suceso traumático y se expone, deliberadamente, a la ansiedad que este le genera. Con ello descubre que puede controlarla y que todo lo negativo que temió que sucediera si se enfrentaba a la situación o a su recuerdo no ocurre.
  • EMDR (Eye Movement Desensitization Reprocessing). Se trabaja con el recuerdo de la situación traumática, con las imágenes y las memorias visuales y sensoriales utilizando la estimulación bilateral del cerebro. Esta se produce cuando el terapeuta provoca movimientos laterales de los ojos, pequeños golpecitos en los dos lados del cuerpo (hombros o rodillas, principalmente) o estímulos auditivos bilaterales. La técnica, muy efectiva, facilita el procesamiento de esta información; se reconectan las redes neuronales con el resto del sistema, de modo que la persona deja de tener ansiedad y miedo y los recuerdos traumáticos dejan de interferir en su vida cotidiana.
  • Hipnosis. Consiste en un estado psicofisiológico de concentración focalizada, alerta, atenta y receptiva. Puede ser útil para facilitar la recuperación, reestructuración e integración de los recuerdos traumáticos. Revivir las memorias traumáticas, sin embargo, debe hacerse con sumo cuidado; es preciso asegurarse de que el yo de la persona no esté demasiado debilitado y de que esta sienta que se realiza en un lugar seguro.
  • Terapia de grupo. A los grupos de terapia acuden personas afectadas psicológicamente por un mismo trastorno. Integrarse en un grupo permite sentirse comprendido, entender las respuestas emocionales y somáticas que se viven, hallar sentido a lo ocurrido... Existen diferentes tipos de grupos:
    • Los de desactivación (debriefing), están pensados como espacios estructurados y de duración muy breve (una o dos sesiones) que se realizan en las primeras horas o semanas después del acontecimiento; pretenden ofrecer un espacio de aireación emocional y prevenir el trastorno por estrés postraumático en personas muy impactadas.
    • Los grupos de ayuda mutua ofrecen un espacio para compartir problemas, aprender y fortalecerse mutuamente y buscar estrategias de afrontamiento.
  • Experiencia somática. Es una terapia basada en la observación de las reacciones de los animales cuando afrontan situaciones de peligro para su vida. Se postula que los síntomas del trauma derivan de un desequilibrio del sistema nervioso autónomo. Los procedimientos del terapeuta -basados en la terapia verbal- ayudan al afectado a tomar conciencia de sus percepciones sensoria les y a liberar la tensión física que no quedó descargada tras la situación traumática.
  • Psicología energética. Esta rama de la psicología afirma que todo malestar emocional deriva de un bloqueo en el sistema energético. Se trabaja simultáneamente sobre el trauma emocional y sobre puntos a lo largo de los meridianos de acupuntura. Se trata de terapias que casi no requieren de la expresión verbal de la persona:
    • Terapia del Campo del Pensamiento (TFT: Thought Field Therapy). Se pide a la persona que recuerde y se "sintonice" con el hecho traumático a la vez que se estimula ella misma por medio de ligeros golpecitos en puntos concretos vinculados a los meridianos y realiza cierto tipo de movimientos oculares. Al repetir esta secuencia un número suficiente de veces, la perturbación provocada por el recuerdo traumático va desapareciendo.
    • Técnicas de Liberación Emocional (EFT: Emotional Freedom Techniques). Consiste en enfocarse en un asunto emocional, repetir una frase acerca de él y presionar determinados puntos de digitopuntura, siempre los mismos, lo que evita tener que elegir unos u otros.
    • Reducción del Incidente Traumático (TIR: Traumatic Incident Reduction). La persona recorre mentalmente el episodio traumático de forma repetida, explicando qué pasó al final de cada repetición. Poco a poco se van recuperando fragmentos perdidos de la memoria y se producen catarsis, a veces muy intensas -como si el incidente estuviera volviendo a ocurrir-. El relato se va transformando hasta dar paso a una descarga emocional total, aliviando el sufrimiento y conduciendo a una mayor comprensión.

El crecimiento postraumático

Tras recuperarse de una experiencia traumática, algunas personas explican que, vista en perspectiva, su vida ha tenido un cambio positivo como resultado de la lucha que emprendieron contra la adversidad. En psicología se utiliza la expresión crecimiento postraumático para referirse a ello.

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Pero conviene tener en cuenta que no todas las personas que pasan por una experiencia traumática encuentran beneficio o crecimiento personal en ella y que no es una buena idea tratar de utilizar este argumento con alguien que está sufriendo intensamente.

Si en vez de recibir comprensión y empatía escucha frases del tipo: "es terrible pero ya verás cómo vas a salir reforzado y vas a ser alguien mejor" o "vas a crecer como persona"... lo más probable es que experimente intensos sentimientos de ira e incomprensión.

La capacidad de superar un trauma y aprender de él depende, sobre todo, de la actitud con que se afronta. Si alguien asume la adversidad con el convencimiento de que se puede aprender tanto de las experiencias positivas como de las negativas y creyendo que una persona puede influir en lo que sucede a su alrededor, activará una serie de habilidades que harán posible este crecimiento postraumático.

A nivel personal, haberse enfrentado con éxito a una situación dura o traumática aumenta la confianza en uno mismo y en la capacidad para volverlo a hacer si hiciese falta.

Por otra parte, muchas personas ven fortalecidas sus relaciones de pareja o de amistad después de una crisis. Sucede así porque en los momentos difíciles se puede ver mejor quién brinda apoyo y quién no.

Pero quizá lo que más cambia después de una crisis es la escala de valores personales, las prioridades vitales, la filosofía de vida y, para muchas personas, se abre incluso una puerta a la espiritualidad.

¡Cuidado con el complejo de víctima!

Estancarse en un papel de víctima fija el dolor y bloquea el proceso de duelo. Por ello conviene:

  • Evitar la tentación de buscar el consuelo y la comprensión ajena únicamente por el hecho de haber sufrido un acontecimiento traumático.
  • Cortar por lo sano con el "pobre de mí". Reconocer el daño sufrido es el primer paso; después, hay que actuar.
  • Plantearse que algo falla si se llega a creer que todo lo que nos ocurre es por culpa de otros o debido solo a las circunstancias.
  • Esforzarse porque la mirada descubra también los aspectos positivos de la nueva situación.
  • Hacer algo por los demás evita que la persona acabe sintiéndose "el centro del universo". Esa es la mejor ayuda para el crecimiento personal.

Libros sobre recuperación y crecimiento tras el trauma

  • Curar el trauma; Peter A. Levine y Anne Federic. Ed. Urano
  • Crecer a partir de las crisis; Bill O'Hanlon. Ed. Paidós

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