Huertos urbanos

Los huertos comunitarios son buenos para la salud física y mental

Claudina Navarro

Cultivar un pequeño huerto produce muchos beneficios. Te mantiene en contacto con los seres vivos y los elementos naturales, con todos los efectos positivos que conlleva. Además es una forma de higiene mental y favorece las relaciones personales.

Durante los confinamientos debidos a la COVID-19, los afortunados que han tenido un pequeño trozo de terreno o incluso una terraza han descubierto los placeres y beneficios de dedicar una parte de su tiempo a las plantas. Estos beneficios se han visto ratificados científicamente por un estudio realizado en la Universidad de Sheffield, que describe los beneficios de trabajar en pequeños huertos comunitarios.

Gracias al trabajo en el huerto o en el jardín, los 163 voluntarios participantes registraron altos niveles de actividad social y comunitaria, incluido el intercambio de excedentes de alimentos y de conocimientos. Interaccionaron con la vida silvestre, experimentaron una mayor conexión emocional con la naturaleza y con su entorno, apreciaron el tiempo pasado al aire libre y el deleite estético que les proporcionaron las plantas, explican los autores.

Según Miriam Dobson, investigadora postdoctoral y una de las autoras del trabajo, titulado "Mi pequeño trozo de planeta", "hay un espectro bastante amplio de beneficios para la salud mental". Las personas que formaron parte del estudio durante un año hablan del goce de las reuniones comunitarias, de la agradable sensación de compartir alimentos cuidados por ellos mismos, así como los conocimientos y habilidades adquiridos. Dobson se refiere, incluso, a la sensación de estar en “conexión con las estaciones y la alegría del buen tiempo”.

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¿Por qué es beneficioso tener un huerto?

El huerto ofrece muchas posibilidades de compartir momentos de conversación (siempre hay alguien que te pregunta cómo están creciendo los tomates o los espárragos) y alegría con los vecinos. Esto fue, según el estudio, especialmente beneficioso para las personas que viven solas, que en los países europeos son cada vez más.

"El reto fue conectar con personas que no son similares a mí, con personas con las que no tengo nada en común, aparte de que cultivamos un huerto", explica uno de los participantes. Otro participante declaró al diario The Guardian que cuidar las alcachofas "resulta relajante, una gran manera de alejarse del COVID, del Brexit y de Trump".

Cada vez se conocen mejor los beneficios para la salud mental de pasar tiempo al aire libre. Como señala el informe de Dobson, en Escocia los médicos han comenzado a recetar literalmente actvidades al aire libre. El estudio describe que reencontrarse cada día con las plantas, los pájaros y los insectos que rondan el huerto produce un beneficio psicológico. Este reencuentro proporciona a la vez sensaciones de control y de descubrimiento.

En términos de salud física, Dobson señala que, además del ejercicio que implica el trabajo con la tierra, las personas que tienen huerto también disfrutan de "más probabilidades de obtener sus cinco piezas frutas y verduras diarias en comparación con las personas que no cultivan sus propios alimentos".

Más allá del goce individual, los huertos comunitarios y domésticos pueden ofrecer cierta seguridad en circunstancias de crisis y en caso de fragilidad del sistema alimentario global. Según la Universidad de Sheffield, los huertos privados y comunitarios podrían proporcionar hasta el 15% de los alimentos que necesita una población.

En España los huertos comunitarios aún tienen que despegar

Según Ecologistas en Acción, en España hay más de tres millones de metros cuadrados dedicados a la producción de hortalizas para el autoconsumo. La mayoría se encuentran alrededor de las ciudades y pueblos, y son propiedades particulares. La superficie de huertos comunitarios puestos a disposición de las personas por parte de las administraciones públicas todavía es muy escasa.

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La Comunidad Valenciana y Andalucía son las autonomías donde mayor arraigo tiene esta práctica agrícola, pero la proporción de personas que, en el conjunto nacional, pueden hacer a un huerto todavía es mínima. Se calcula que en España hay unos 15.000 huertos comunitarios en 300 municipios, pero las cifras no dejan de crecer. Según el profesor de la Universidad Politécnica de Madrid Juan Briz, se trata de una "revolución silenciosa".

Greenpeace defiende que este tipo de agricultura urbana, promovida por los ayuntamientos, debería ser uno de los pilares para la construcción de ciudades más sostenibles. Los hogares, vecindarios y barrios podrían producir una proporción significativa de ciertos alimentos en huertos urbanos comunitarios, lo que contribuiría a la lucha contra el cambio climático y la contaminación medioambiental.

Referencia científica:

  • Miriam Clare Dobson et al. “My little piece of the planet”: the multiplicity of well-being benefits from allotment gardening. British Food Journal.

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