Madres en la madurez

La maternidad a los 40 en el mundo de hoy

Carlota Máñez

Cada vez más mujeres, amparadas por los avances médicos, posponen la maternidad ante otras metas vitales. ¿Cuáles son las consecuencias para ellas y sus bebés?

En tiempos de nuestras abuelas tener un hijo pasados los 30 era una rareza y, en todo caso, las madres de esa edad eran las que ya tenían familia numerosa y esperaban un nuevo bebé. Pero las cosas han cambiado y hoy en España casi una tercera parte de las mujeres tiene su primer hijo con más de 35 años.

La carrera profesional, la búsqueda de estabilidad económica, las segundas parejas… inciden en este retraso en la edad de la maternidad. Esto nos ha convertido en las europeas que más esperan para dar a luz.

Según el último informe –del año 2019– del Instituto Nacional de Estadística (INE), las mujeres en España tienen su primer hijo a los 31,1 años de media, cuando en 1991 lo tenían a los 27,1. Y es una cifra que tiende a aumentar pues el número de partos en mayores de 35 años ha crecido más de un 40% en los últimos 5 años.

¿Por qué cada vez llega más tarde el primer hijo?

"El cambio de funciones de la mujer y sus aspiraciones a tener una vida profesional propia hacen de la maternidad tardía un resultado lógico de la fuerte inversión en educación y una estrategia destinada a consolidar el estatus laboral para que la llegada de los hijos amenace lo menos posible esta posición", explica la socióloga Victoria Gómez, coautora del estudio Maternidad tardía: incidencia, perfiles y discursos.

Según el primer Informe sobre la Infancia y la Maternidad en España elaborado Chicco, la mayoría de mujeres sigue queriendo ser madre pero esta se ha convertido en una decisión muy meditada y planificada. Tanto es así, que un 94% de las mujeres elige el momento en que su estado de salud, su relación de pareja y su situación económica son satisfactorios para tener un hijo.

"Una vez encontrada la persona capaz de encarnar el ideal del amor, la maternidad compite con otras experiencias vitales enriquecedoras, en un momento en el que se tiene independencia económica y social, y tiempo para viajar, divertirse... La autorrealización personal se impone, por tanto, a la formación de una familia", señala Gómez.

Y cuando esto ocurre, muchas ya rondan los 35 y 40. "Edades en las que hoy la mujer se siente joven y con tiempo por delante", apunta Gemma Mestre, psicóloga clínica experta en infertilidad.

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Infertilidad y maternidad tardía

Sin embargo, lo que no ha cambiado es la biología femenina. De ahí que los médicos consideren la edad ideal para tener hijos entre los 20 y 30 años, cuando se alcanza el máximo desarrollo físico y la máxima fertilidad.

"A esa edad es más fácil conseguir un embarazo, que llegue a término sin complicaciones y que el bebé nazca sano", explican desde la Clínica Universitaria de Navarra (CUN).

Aplazar la maternidad entraña sus riesgos, pues por cada año que se retrasa, las posibilidades de quedarse embarazada se reducen en un 5%.

"A los 20 años se tiene un 25% de probabilidades de conseguirlo en cada ciclo; rondando los 30 años, un 15%; a partir de los 35 descienden a un 8% y a partir de los 40, a un 1%", indican los especialistas de la CUN, "debido a que la calidad ovocitaria y la reserva de óvulos disminuye", concreta la Dra. Victoria Verdú, coordinadora de ginecología de la clínica Ginefiv y experta en reproducción asistida.

Así, no es de extrañar que haya unas 800.000 parejas infértiles en España (un 17% de las que se halla en edad reproductiva), cuya causa principal es el aplazamiento del primer embarazo.

Estos datos explican que sobre el retraso de la maternidad planee el temor de no poder lograrlo cuando se desee. Es el caso de Sandra Pérez que, aunque se casó joven, priorizó su pasión por viajar. Cuando ella y su pareja encontraron el momento más indicado para tener un hijo, este no venía. "Tantos años evitando un embarazo y cuando lo buscábamos no había manera", recuerda.

Con 37 años acudió a una clínica especializada y vio cumplido su sueño. "Si llego a saberlo no hubiera esperado tanto", afirma.

El retraso de la maternidad a costa de reprimirla se ha producido junto a unos avances médicos que favorecen la fertilidad y los embarazos y partos sin complicaciones. De hecho, a partir de los 35, uno de cada 50 embarazos tiene lugar con la ayuda de la ciencia.

¿Cómo esperar sin ansiedad cuando el embarazo no llega?

"Cuando no se logra el embarazo, la mujer cree que hace algo mal, se desespera y se culpabiliza, lo que genera estrés, que a su vez incide en el órgano reproductor femenino", comenta Gemma Mestre.

Por otro lado, utilizar el calendario para tener relaciones sexuales genera frustración si la mujer no se queda embarazada, y puede derivar en inapetencia sexual. En paralelo, afloran los celos al ver a parejas con hijos y embarazadas, lo que puede favorecer un sentimiento de culpa.

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Mestre explica que cada caso de infertilidad requiere un protocolo diferente de actuación para tratar el estrés y el malestar emocional, y cuidar la relación de pareja. Insiste en que la infertilidad no solo precisa atención médica, de ahí que lamente que no siempre haya un especialista que atienda a las parejas.

Si el embarazo no se produce, puede vivirse con angustia. Gemma Mestre, psicóloga clínica experta en infertilidad, aconseja:

  • Sentir que se es una persona sana que solo experimenta una dificultad.
  • Confiar en que se podrá conseguir el embarazo: la actitud positiva es muy importante.
  • Hacer ejercicio suave y evitar el que implique la zona abdominal.
  • Vigilar las posturas para no cargar la zona del sacro ni tensar el pubis.
  • Tener relaciones sexuales que generen placer y bienestar, sin obsesionarse por el calendario.
  • Comentarlo con personas cercanas para contar con su apoyo.
  • Contar con la pareja: es un proyecto común.
  • No paralizar proyectos anteriores ni centrarlo todo en un futuro bebé.

Las madres después de los 30: ¿más preparadas y autosuficientes?

A veces es tal la determinación de ser madre que tener pareja no se considera indispensable, lo que explica el aumento de embarazos a estas edades en madres solteras.

Con estudios universitarios, independientes, económicamente solventes y decididas: así son, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), las mujeres que no han querido renunciar a ver realizado su deseo de ser madre y que se someten a técnicas de reproducción asistida con semen de donante.

Como Clara Garcés que, a pesar de tener claro que quería ser madre algún día, antepuso sus estudios y su brillante carrera como economista. "Pasaban los años y a los 38, y sin pareja, empezó la angustia; sentía que se me acababa el tiempo".

Al igual que Clara, son muchas las mujeres que a pesar de reconocer ciertas ventajas en la maternidad temprana, como mayor energía y una mentalidad más cercana a los hijos, creen que quiebra el camino vital ideal que se han trazado.

Las entrevistadas en el estudio Maternidad tardía: incidencia, perfiles y discursos consideran que los hijos deben llegar entre los 30 y los 40 años, cuando se está más preparado para la situación de dependencia y de asunción de responsabilidades que comportan.

Y aunque la maternidad tardía aparece como fruto de una elección libre y personal, también se vincula en sus discursos a una "fuerza" o "instinto" que hace que la gran mayoría de ellas "necesite" ser madre. La maternidad se considera así algo natural para las mujeres, que las predispone a tener hijos y las ayuda a superar los inconvenientes de la crianza.

Además, coinciden en defender que la maternidad tardía implica serenidad, estabilidad, capacidad para asumir responsabilidades y, en definitiva, un mayor disfrute de los hijos.

Algo que las madres que ya tienen hijos secundan: "con dos preadolescentes, el tercero fue una auténtica sorpresa", comenta Marta Planas. "Pensaba que me faltaría energía, pero la experiencia y la tranquilidad que dan los años han jugado a mi favor y lo estoy disfrutando más".

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¿Son más complicados los embarazos después de los 35?

En las entrevistas solo una sombra aparece ligada a la maternidad tardía y tiene que ver con los límites biológicos: el aumento de la esterilidad, de los embarazos frustrados y con problemas, y del peligro de tener hijos con minusvalías físicas o psíquicas.

"Entre las complicaciones más frecuentes relacionadas con la edad están la diabetes y la hipertensión arterial –señala la Dra. Verdú–, que pueden afectar al crecimiento fetal, producir abortos, malformaciones...", motivo por el cual se hace un seguimiento más exhaustivo.

A mayor edad, también aumenta el riesgo de que el bebé presente anomalías cromosómicas, sobre todo síndrome de Down: a los 35 años la posibilidad es de una entre 300, mientras que a los 25 años es solo de una entre 1.250. El motivo es que "a partir de los 40 años se reduce drásticamente la cantidad y calidad de los óvulos y pueden producirse errores de maduración".

La prueba del pliegue nucal y otros exámenes pueden ofrecer una idea acerca del riesgo aproximado, y el análisis de las vellosidades coriónicas y la amniocentesis, proporcionar un diagnóstico definitivo. A pesar de estos riegos, es importante resaltar que la gran mayoría de los bebés nacen sanos.

Las mujeres primíparas de más de 35 años no suelen adelantarse pero "el paso del tiempo afecta a la flexibilidad de los tejidos y eso se nota en el parto", explica la Dra. Verdú. Además, la dinámica uterina se retrasa, la dilatación del cuello es más lenta y el descenso del niño tarda más, lo que favorece las complicaciones al dar a luz, así como las cesáreas.

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"La forma de nacer influye en la salud"

Pero después, aunque la recuperación puede ser más lenta y las depresiones posparto resultan algo más frecuentes, las puntuaciones de Apgar, que evalúan el bienestar del bebé al nacer, y las demás pruebas médicas y revisiones en la niñez, presentan resultados tan favorables como en las madres jóvenes.

Otros estudios indican que las mujeres mayores son más prudentes, controlan mucho su gestación y tratan de prepararse lo mejor posible para dar a luz. Además, se muestran más seguras, no temen tanto sentirse desamparadas o impotentes, así como tampoco a perder el control en el parto, tienen una imagen más positiva de su cuerpo y toleran mejor los síntomas del embarazo.

Con sus ventajas e inconvenientes, la maternidad a los 40 es algo tan maravilloso como a los 25 o 30 años. Más allá de la edad, concluye Gemma Mestre, "lo importante es la ilusión de la mujer por ser madre, que le permitirá afrontar los cambios físicos, emocionales y vitales".

Cómo cuidarse en el embarazo (sobre todo pasados los 40)

La salud del bebé depende en gran medida del bienestar de la futura madre. Por eso son tan importantes algunos cuidados.

  • Control médico. Hay que seguir un correcto control prenatal y cumplir las indicaciones médicas.
  • Alimentación completa. Se recomienda llevar una dieta ordenada y variada, basada en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y lácteos desnatados, y que limite la sal, los alimentos procesados, el azúcar, las frituras, etc.
  • Tomas pequeñas. Realizando cinco o seis pequeñas comidas al día se digiere mejor. Se aconseja también beber unos dos litros de agua al día.
  • Ácido fólico. Un buen aporte previo de ácido fólico (verduras de hoja verde, germen de trigo, cereales integrales…) ayuda a reducir el riesgo de malformaciones en el bebé, sobre todo la espina bífida.
  • Reducir la cafeína, pues interfiere en la absorción del calcio y aumenta el riesgo de aborto.
  • Evitar el alcohol y el tabaco. El alcohol atraviesa la placenta y el tabaco aumenta el riesgo de parto prematuro y de bebés que nacen con un peso bajo.
  • Vigilar la toxoplasmosis. Conviene lavar bien las frutas y verduras, y cocinar bien los alimentos.
  • Ejercicio moderado. Mantenerse en buena forma (andando y nadando, sobre todo) ayuda a soportar mejor los cambios del organismo en el embarazo.
  • Evitar esfuerzos, actividades al aire libre si hace mucho calor, prácticas bruscas, saltos y abdominales.
  • Controlar el estrés. Mantener una actitud positiva y aparcar el estrés evita partos prematuros.
  • Ropa cómoda. Conviene optar por prendas de fibras naturales que no opriman y ajustar la talla del sujetador al aumento de los pechos.
  • Precaución con los animales. El contacto con los animales puede transmitir enfermedades.

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