Abrirse a la nueva evidencia

Los médicos también dudan. Y eso es saludable

Pablo Saz

Para poder dar seguridad a los pacientes no se trata de negar la duda, sino de aceptarla y aprovechar su función: la de inspirarnos para que la medicina avance.

Mi conocimiento seguramente es limitado, y mi ignorancia, infinita. No me extraña, pues, que ante las dolencias que sufren mis pacientes me surjan dudas.

A veces me pregunto cómo vive un paciente que su médico tenga dudas. Y creo que lo debe de vivir bien, si esas dudas se le explican.

De todas formas, habrá que preguntar a cada paciente, ya que cada uno es distinto. Seguro que alguno no querría que su médico tuviese la más mínima duda.

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Alguien puede acceder a ponerse en manos de un cirujano que duda, mientras que muchos dirán que no, pero la realidad del cirujano es que, a pesar de que casi siempre practica una técnica bien reglada y que conoce de maravilla, muchas veces también duda.

Tanto el médico como el paciente tienen dudas, cada uno las suyas. Como consecuencia de esas dudas y de otros fallos han salido a la luz nuevas técnicas quirúrgicas y se han perfeccionado otras.

A veces, los médicos que dudamos y los pacientes que dudan se encuentran con médicos y personal sanitario que no abriga ninguna duda: lo saben todo, lo aprendieron todo y por eso tienen su puesto.

Sin embargo, tan limitados pueden ser sus aciertos como ilimitados sus desaciertos. Muchas veces se satisfacen de haber atacado un síntoma de la enfermedad, sin comprender lo que está pasando.

La duda no implica cruzarse de brazos, es abrir la puerta al saber, a aprender juntos a vivir y a curarnos.

La complacencia en la medicina plantea riesgos

Los textos de medicina y enfermería y los exámenes de las carreras e incluso las preguntas de los exámenes del MIR y de oposiciones tienen una perspectiva y una visión sobre el embarazo, el parto y la salud de la mujer muy distinta a las evidencias actuales.

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Cuando alguien ha aprobado una carrera y unas oposiciones y tiene un cargo público sanitario, ¿cómo se le convence de que mucho de lo que le sirvió para llegar donde está ya no sirve en medicina y de que está practicando una mala medicina?

Un problema grande es que el sabelotodo de la medicina está tan seguro que quiere imponer su verdad al paciente y le amenaza con que, si no sigue sus tratamientos, se muere. Pero a veces es él quien con su tratamiento lo puede perjudicar, aunque sea dentro de la legalidad del tratamiento convencional.

El sistema médico en general está satisfecho con su medicina y con sus médicos, que no dudan aunque estén realizando una mala medicina.

La enfermedad, el sufrimiento y la muerte nos enfrentan cada día ante el hecho de lo poco que sabemos sobre la vida y la muerte. Aunque a veces ayudemos a curar o aliviar, son muchos los interrogantes que cada día surgen en la cabeza del enfermo y del médico, interrogantes que piden nuevas respuestas.

Paciente y médico no deben ver la incertidumbre como enemiga, sino como amiga u oportunidad. Una vez se reconoce y se acepta la incertidumbre, pueden buscarse soluciones más eficaces para resolverla.

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