Dejarse llevar para ser feliz

Experimentar el "flujo"

6 formas de dejarte llevar para ser feliz

Nuestra felicidad y plenitud personal dependen en mayor medida de nuestra actitud que del control que podamos ejercer sobre lo externo. ¡Cultívalas!

Lola Cejudo

Mihaly Csikszentmihalyi, en su libro Fluir (Editorial Kairós), define las experiencias de flujo como aquellas situaciones en las que podemos emplear libremente la atención, ya que no existe ningún desorden que precise ser corregido ni amenaza de la que tengamos que defendernos.

La palabra flujo, aunque corta y simple, describe con exactitud el deleite, el goce, la creatividad y el proceso profundo que experimentamos cuando encontramos una actividad cuya realización es tan placentera que consigue abstraernos por completo. Pero… ¿cómo se consigue?

Cómo propiciar el ansiado estado de flujo

Para acercarnos a los estados de flujo, que el taoísmo también ha desarrollado con el potente concepto filosófico del Wu Wei o arte de fluir o dejarnos llevar, es fundamental que podamos cambiar nuestra forma de afrontar la vida. Así es como puedes empezar:

1. Practica la calma y la confianza

Ante todo, debemos aprender a conservar una actitud de calma y serenidad en cualquier situación que vivamos, por muy difícil que se plantee la realidad ante nosotros.

Hemos de confiar plenamente en que los conflictos que nos puedan surgir tendrán una solución, más tarde o temprano.

En lugar de dejarnos arrastrar por las preocupaciones, por las prisas y por las angustias usuales, lo ideal es estar dispuesto a cambiar nuestra energía y empezar a poner en práctica las habilidades básicas de este principio. Con el tiempo, nos generarán grandes beneficios personales, así que:

  • Deja de preocuparte: no se trata de que ignores las situaciones difíciles sino, más bien, de que las veas con cierta perspectiva. Así te será más fácil establecer estrategias eficaces para superarlas.
  • Aprende a confiar: creer firmemente en el discurrir de la vida, en los acontecimientos que se vayan generando y en tu capacidad para afrontarlos es la única manera de mantener la mente despejada y permanecer atento a las oportunidades que vayan surgiendo.

2. Entrena tu concentración

Aunque pueda parecer lo contrario, las experiencias de flujo suelen ir acompañadas de un vigoroso esfuerzo físico o de una función mental altamente disciplinada.

Esto es así porque las actividades que nos son agradables y placenteras precisan un enfoque de la atención tan agudo que en nuestra mente no queda espacio para las informaciones no relevantes.

Además, cuando estas situaciones se dan, suele desaparecer la preocupación por perder el control, lo contrario de lo que ocurre en la mayoría de las situaciones de la vida diaria.

Aquella persona que logra organizar su conciencia para fluir con la mayor frecuencia que le sea posible, verá mejorada su calidad de vida; incluso las rutinas de trabajo, que no suelen ser divertidas, llegan a tener un propósito y se tornan por eso mismo agradables.

Desde una posición sosegada, libre de las necesidades usuales de nuestra mente, sin perturbaciones materiales, una posición en la que nuestro ser interno brota sin miedo, somos nosotros mismos, sentimos que fluimos, que nos deslizamos amablemente por la realidad, conseguimos tener en nuestras manos nuestra energía psíquica y todo lo que hagamos añadirá más orden a nuestra conciencia.

3. Céntrate en tu vida interior

Las personas que saben gestionar su vida interior son capaces de establecer la calidad de sus vidas, que es la experiencia más cercana a la felicidad: lo que satisface realmente al ser humano poco o nada tiene que ver con la fortuna o con las cualidades físicas, sino que depende directamente de si se siente bien o no con su vida.

Según el profesor Mihaly Csikszentmihalyi, la razón fundamental por la que nos es tan difícil alcanzar la felicidad a día de hoy es porque el universo no fue diseñado pensando en la comodidad de los seres humanos.

Y es que los procesos de la naturaleza no tienen en cuenta nuestros deseos, son sordos y ciegos ante nuestras necesidades. De hecho, son como el azar, justo lo contrario al orden que intentamos establecer.

De ahí la importancia de que tengamos siempre presente la idea de que ser o no felices depende más de nuestra armonía interna que del control que seamos capaces de ejercer sobre el universo.

4. ¡Deja de esforzarte tanto!

Estamos educados en la cultura del esfuerzo, en la que el único modo de ganarnos la vida es por medio del trabajo, en el sentido menos amable de la palabra. Curiosamente, el término trabajar procede del latín tripaliare, cuyo significado era "torturar".

Y algo parecido sigue ocurriendo en la actualidad, donde la asociación entre la necesidad de generar dinero para sobrevivir y el esfuerzo que supone conseguirlo se erige como uno de los principales motivos de descontento social. Pero… ¿es realmente necesario tanto esfuerzo? ¿No sería mucho más adecuado emplear términos más agradables como "actividad laboral" o "desempeño profesional"?

Desde el punto de vista del Wu Wei, es posible alcanzar un estado mental que permita discernir aquello que realmente requiere un esfuerzo de situaciones en las que dicho empeño solo nos supondría una pérdida de tiempo y energía.

El secreto está en adoptar una dinámica vital distinta, conocedora de nuestro entorno y nuestras capacidades, que nos permita reconocer las oportunidades y aprovecharlas para conseguir nuestros fines con el menor esfuerzo y desgaste posible.

Estaríamos más cerca entonces de sentirnos a gusto con lo que hacemos y, por tanto, de alcanzar la felicidad.

5. Disfruta el momento

Cuando el cuerpo o la mente llega a su límite con respecto a un esfuerzo voluntario para conseguir algo difícil y que valga la pena, suelen generarse los mejores momentos, los que más se aproximan a la definición de felicidad.

En estos espacios de tiempo nuestra mente está concentrada, callada: solo existe el momento presente, nada nos preocupa, nada nos distrae, los pensamientos brotan con total libertad.

Nuestra concepción del tiempo en esos momentos parece transformarse. Las horas pasan volando, tenemos plena consciencia sobre nuestra tarea y, algo muy importante, sabemos qué hacer en cada momento. Experimentamos una sensación de placer, de autenticidad, de estar con nosotros mismos, el ego se disuelve y sale a la luz nuestro verdadero ser.

Los elementos del disfrute son:

  • Encontrar una actividad desafiante que requiera habilidades.
  • Saber cómo hacerla.
  • Combinar acción y conciencia.
  • Tener metas claras y retroalimentación para saber si lo estamos haciendo bien.
  • Utilizar nuestros mejores recursos personales.
  • Máxima concentración sobre la tarea que nos ocupa, sin distracciones.

6. No impongas, coopera

La fe más prometedora para el futuro consiste en llegar realmente a comprender que el universo entero es un sistema relacionado por leyes comunes y que no tiene ningún sentido imponer nuestros sueños y deseos sobre la naturaleza sin tenerla en cuenta.

Cuando somos capaces de reconocer las limitaciones de la voluntad humana y aceptamos ejercer un papel cooperativo en lugar de un rol dirigente en el universo, deberíamos sentir el alivio de haber encontrado nuestro verdadero camino, el que otorga sentido a nuestra existencia y nos acerca a la felicidad más intensa y pura.

Únicamente de esta manera se resolvería el problema en torno al significado de todo lo que existe, como la fusión entre el propósito del individuo y el flujo universal.

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