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Salir del ruido

9 claves para dar calidad a nuestra presencia

Vivimos con urgencia y con angustia de no llegar a todo pero podemos usar y concebir el tiempo de otra manera, como se hace en otras culturas.

Ana Montes

En un mundo cada vez más estresado, en el que nos perdemos en las pantallas y sufrimos la tiranía digital de la obligación a la inmediatez, vivimos con el miedo a no tener tiempo porque lo percibimos como una carrera contrarreloj en la que podemos quedarnos rezagados.

La avalancha de mensajes, alertas e información refuerza la percepción de que nos falta tiempo y así nos lanzamos a la obsesión por la multitarea, la adicción tecnológica y la información pero condenándonos al retraso permanente porque continuamente el tiempo se nos escapa de las manos.

Aunque, no nos engañemos, la idea de que el tiempo es oro siempre ha dominado la vida occidental. Por eso intentamos rentabilizarlo al máximo.

Por qué los chinos siempre tienen tiempo

Y es que nuestra imagen occidental del tiempo proviene de una cultura heredada que es preciso cuestionar a la luz de otras percepciones del tiempo como la china. Para esta sociedad, lo esencial comienza por no tener control de nada y vivir siendo conscientes.

La necesidad de este enfoque y recurrir a la contemplación para curarnos de nuestra falta de tiempo y recuperar así la calidad de nuestra presencia es el camino que propone la filósofa francesa Christine Cayol en su libro ¿Por qué los chinos siempre tienen tiempo? (Ed. Urano).

Sus claves: aprender a usar y valorar el tiempo de otra manera, siendo más flexibles, dando espacio a la incertidumbre, la conexión y la presencia sin renunciar al progreso.

Un tiempo sensible e interior

La observación es la entrada a un mundo infinito y ayuda a relativizar la urgencia de nuestros asuntos y planes. Contemplar ayuda a discernir y permite volver a la acción con más sabiduría.

Para ello hay que distinguir entre tiempo de acción y tiempo de contemplación porque "del tiempo controlable al tiempo enemigo solo hay un paso, que damos a diario", advierte la autora. Señala también que el valor fundamental del tiempo es saber vivirlo no solo hacer.

Todos experimentamos esos tiempos sensibles e interiores que son preciosos y útiles y que nos invitan a sumergirnos en nosotros mismos mediante el pensamiento, el amor o la creatividad. Por eso se trata de ser más flexibles y modificar los tiempos según las actividades sin dejar de estar nunca presentes, todo un reto que aportará intensidad y novedad a nuestro tiempo.

Cómo pasar a la calidad de presencia

Para salir del ruido y dar espacio a la calidad de nuestra presencia, no a la cantidad, te proponemos seguir estas pautas que pasan por conectarse a la vida desconectando de la agitación tecnológica y la aceleración del consumismo y las prisas.

  1. Toma conciencia de que no estás presente. Identifica en tu mente y tu cuerpo las señales de dispersión, como los pensamientos saboteadores y recurrentes, que disminuyen tu calidad de presencia, de atención y de escucha, y apártalos.
  2. Opta radicalmente por la desconexión. Es el único modo que asegura la calidad de presencia. Desconectar ayuda a recuperar el diálogo y tomar conciencia física de estar preparados para escuchar e interactuar con quien tenemos enfrente.
  3. Prepárate para pasar al "modo presencia". Podemos usar una breve fase de transición para adaptarnos a la desconexión. Un paseo o unas respiraciones ayudan.
  4. Crea tus propias islas de presencia. Compartir una cita en un café con un amigo o buscar una actividad fija semanal con nuestro hijo puede convertirse en un viaje a nuestro yo, a un determinado momento o la infancia. Estas islas imprescindibles son momentos de desconexión en las aguas del tiempo que impiden que nos ahoguemos.
  5. Incrementa tu presencia en los demás. Esto hará que refuerces la presencia en ti mismo porque te ayudará a examinarte a ti mismo ya que lo que cuenta es lo que somos.
  6. Potencia las relaciones personales. La calidad de la relación es lo que produce resultados porque a través de la manera de mirar, escuchar, gesticular… se manifiesta la calidad del ser.
  7. No busques una guía de cómo ser. No hay una receta. Además la percepción de un tiempo de calidad compartido varía según las personas y las culturas.
  8. Da importancia a cuestiones existenciales. Por ejemplo el ser frente al tener, escuchar a hablar, el sentido frente al resultado, el tiempo frente al espacio.
  9. Busca la ética del tiempo. Respetar el tiempo de otro y considerar como valioso el que te dedican es una forma de manifestar nuestra igualdad ante el tiempo. En la era digital solemos obligar a otros a contestar e-mails al instante, fijamos videoconferencias exprés o escribimos correos carentes de cortesía bajo la excusa de la urgencia. Recupera los buenos modos parándote un instante.

Etiquetas:  Meditación

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