rectificar a tiempo

Aprender de los errores

No te lamentes: equivocarse es un acto creativo

Para ser sabio, o feliz sin más, que ya es una forma superior de sabiduría, no hay como equivocarse muchas veces y darse cuenta a tiempo. Rectifica y podrás transformar tus errores en aciertos.

Jesús Aguado

Dice el proverbio: rectificar es cosa de sabios. El que se equivoca y no se percata de ello perseverará en su error y desviará su vida de la trayectoria correcta, que es como decir que le alejará de sí mismo y de esa felicidad que estaba, digamos, programada para él.

Y cuanto más se equivoque y más se desvíe, más difícil le será regresar a eso que es, a ese lugar donde sus expectativas (sus sueños, sus anhelos, sus proyectos) aún pueden cumplirse en plenitud.

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Por eso es tan importante ese darse cuenta a tiempo: a tiempo de que la equivocación no ponga en marcha efectos irreversibles, a tiempo de enderezar el rumbo de la nave antes de que su casco se abra contra una roca y naufrague, a tiempo de que la bola de nieve no comience a rodar por la ladera de la montaña y acabe desencadenando un alud que arrase todo lo que encuentre a su paso, a tiempo de que el peso todavía sea llevadero y no le aplaste a uno.

Y a tiempo de algo todavía más importante: de revertir en algo positivo una acción de signo negativo. Porque rectificar no debería ser tanto, si se me permite el neologismo, des-equivocarse como transformar las equivocaciones en aciertos.

Cómo salir ganando de los errores

Para enderezar o volver a poner recto lo que se ha torcido, que es lo que insinúa la etimología de este verbo de origen latino, no conviene forzar eso que se ha torcido: un amor, una vocación profesional, la ruta en un viaje, los ingredientes de una receta. Porque entonces podría romperse o envenenarse del todo.

Lo que conviene es seducirlo, reconducirlo, hacerlo compatible con nuestros objetivos existenciales, convencerlo de que regrese al centro de lo que somos.

Rectificar de forma creativa

El que rectifica a tiempo es como si nunca se hubiera equivocado o, mejor todavía, como si sus equivocaciones le hubieran ayudado a dotar de más sentido y profundidad a su vida.

Vivir es irse equivocando de manera creativa, a favor de los intereses propios, en secreta sincronía con lo que uno es de verdad, reanudando los lazos con el resto de los seres a medida que esos nudos se sueltan o se endurecen demasiado desde el respeto y la compasión, redefiniendo los detalles de nuestra relación con el mundo.

Aún tenemos que aprender que rectificar es también un acto de amor, quizás uno de los menos prestigiosos (en especial si lo comparamos con esos otros que orbitan alrededor de verbos como "desear", "querer", "compartir" o, claro, "amar") pero, desde luego, uno de los más luminosos, efectivos y duraderos. Eso es lo que le hace a uno sabio, a eso es a lo que se refería el refrán que abría estas reflexiones.

Y es que podemos rectificar de muchas maneras antes de que las cosas empeoren:

  • Una suma mal hecha se puede rectificar antes de que uno se enfade con el tendero (o el tendero con uno).
  • Unas palabras desabridas o desafortunadas se pueden rectificar antes de que provoquen peleas o enemistades eternas.
  • Un cálculo inexacto se puede rectificar antes de que se construya la estructura del puente o del edificio al que pretenden servir.
  • Una aseveración errónea se puede rectificar antes de que enturbie los silogismos de un tratado filosófico.
  • Un camino mal tomado se puede rectificar antes de que nos lleve a una ciudad demasiado alejada de aquella a la que íbamos (y lleguemos tarde o nunca a un trabajo, una cita personal o un concierto).
  • Una decisión sentimental precipitada se puede rectificar antes de que desvíe y ensombrezca nuestra vida.

El tiempo es tu aliado

Casi todo lo que hacemos a medias o mal estamos a tiempo de rectificarlo porque, en contra de la fama que tiene, el tiempo no conspira contra nosotros sino que es uno de nuestros mejores aliados.

El tiempo es el "rectificador" por antonomasia, nuestro más efectivo ayudante a la hora de volver a poner las cosas (y entre esas cosas, a nosotros mismos) en el lugar que les corresponde por naturaleza.

Rectificar a tiempo, entonces, no requiere de nosotros más que atención, velar por el buen funcionamiento de lo que somos, discernimiento, claridad de ideas y de emociones, sentido de la justicia y un mínimo de libertad interior: las cualidades de ese sabio que nos ha ido acompañando a lo largo de estas líneas y que todos, con humildad y paciencia, podemos llegar a ser.

No renuncies al sentido común

El tiempo y el sentido común, una de cuyas tareas es orientarnos en los caminos de la existencia. El sentido común nos pone en sintonía con nuestros aciertos y nuestras equivocaciones de modo que podamos hacer buen uso de los primeros y de rectificar sin graves consecuencias cuando se dan las segundas.

El sentido común es, de hecho, quien le dice a lo que somos cómo debemos comportarnos para no alejarnos de eso que somos permitiéndonos, por lo tanto, rectificar cuando aún tiene sentido hacerlo.

Defenderse sin atacar

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El sentido común y el tiempo son los que hacen del verbo "rectificar" un verbo que humaniza y que protege, un verbo luminoso y necesario, un verbo del que siempre tendríamos que estar muy pendientes.

Un factor de felicidad

En química "rectificar" es purificar un líquido. En geometría significa determinar la longitud de una línea curva. Y en mecánica se usa cuando hay que poner un motor a punto. Operaciones complejas que apuntan a algo simple: a emplear los instrumentos necesarios para que funcionen las cosas o sirvan a algún fin posible y luminoso. Rectificar es un modo de entenderse con lo real y con uno mismo: una clave escondida de la felicidad.

Etiquetas:  Emociones Felicidad

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