La conciencia también puede sanar

Refuerzo positivo

La conciencia también ayuda a sanar. ¿Cómo?

Las emociones, los pensamientos e incluso la intención influyen en nuestra salud más de lo que creíamos. La ciencia explica estos efectos beneficiosos.

Claudina Navarro

Siempre hemos sospechado que nuestra salud dependía de algo más grande que nosotros mismos. Las personas creyentes todavía rezan aunque se pongan en manos del médico. Actualmente se entiende este comportamiento como un residuo de épocas menos ilustradas o como una trampa psicológica para procurarse tranquilidad.

Sin embargo, la propia ciencia está descubriendo que se puede conectar desde nuestro interior con una energía —lo que llamamos "espíritu"— para recuperar la salud.

No es casualidad, es sincronicidad

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Los pensamientos influyen en la salud

La periodista Lynne McTaggart lleva años persiguiendo a los científicos que investigan en los límites de la Física, la Biología o la Neurología.

Y a partir de sus descubrimientos ha diseñado una serie de curiosos experimentos que prueban la capacidad del pensamiento intencionado para influir sobre las personas, los seres vivos y los objetos sin la intervención de ninguna energía física conocida.

Un grupo de personas se concentró en Londres sobre la imagen de una hoja de geranio en la pantalla de un ordenador conectado a internet. La hoja estaba en un laboratorio de la Universidad de Arizona —¡a 8.50o km de distancia!— junto a otra que no recibía la intención de los participantes y que servía de control.

A los 10 minutos se midió la emisión de biofotones de cada hoja. Resultó que la que había recibido la intención emitía más luz.

En otra serie de experimentos, grupos de sanadores y de personas asistentes a las conferencias de McTaggart concentraron su intención sobre unas semillas. Estas crecieron una media de 8 mm más que las semillas de control. El estudio se realizó con todas las condiciones necesarias para que no hubiera otro factor que provocara la diferencia en los resultados.

El pensamiento no solo actúa sobre seres vivos como las plantas, también puede hacerlo sobre objetos.

Robert Jahn, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Princeton, y Brenda Dunne, directora del Laboratorio de Investigaciones Anómalas de la misma universidad, comenzaron a estudiar hace 45 años cómo influye la mente en los "generadores de sucesos aleatorios", unos aparatos que realizan el equivalente a echar una moneda al aire.

Estos aparatos, que se han hecho populares gracias a las intervenciones del doctor José Luis Gaona en el programa de televisión Cuarto Milenio, utilizan ingeniería cuántica para ofrecer una sucesión de ceros y unos de manera azarosa, sin influencia exterior de ningún tipo de energía conocida.

Un ordenador recibe los datos y realiza un análisis estadístico. Sería de esperar que en cualquier circunstancia la cantidad de ceros y unos tendiera a ser la misma.

Sin embargo, reaccionan a las emociones de los grupos humanos. Cuando pasa algo que provoca una reacción emocional en las personas, estos aparatos, contra toda lógica, se apartan de lo estadísticamente probable.

¿Qué dice la ciencia?

La posibilidad de que los pensamientos y las emociones produzcan estas alteraciones a nivel físico parece una fantasía infantil o un atentado contra la ciencia, sin embargo, existen teorías científicas que lo explican.

El físico Roger Penrose es uno de los científicos más reconocidos en el mundo. Junto al médico anestesista y psicólogo Stuart Hammeroff ha desarrollado una hipótesis que define la conciencia como el resultado de la interacción entre el cuerpo y el nivel cuántico de la realidad, donde todo está interconectado.

Penrose sugiere que en este nivel, que es la "estructura básica del Universo", existe información organizada que da forma o influye sobre lo que pasa en el mundo físico, incluidos la mente y el cuerpo de las personas.

En otro lenguaje, esta descripción coincide con el mundo de las ideas platónico o el mundo espiritual. "¿La conciencia es fruto de complejas operaciones entre neuronas, como la mayoría de científicos afirma, o la conciencia ha estado, en cierto modo, desde siempre aquí, como sostienen los enfoques espirituales", se preguntan Penrose y Hammeroff en el último artículo donde defienden su teoría.

Su respuesta es que la conciencia es un ingrediente esencial de las leyes físicas que todavía no son bien entendidas. En cualquier caso, no es solo un producto del cerebro, ni se limita a él.

El neurólogo y experto en medicina tradicional india Deepak Chopra opina que la hipótesis de ambos científicos se acerca a la filosofía del Vedanta, según la cual, la conciencia es el fundamento de toda la realidad, a la que confiere orden, inteligencia y actividad.

Espiritual y físico a la vez

Todo esto tiene profundas implicaciones sobre la naturaleza humana, pero ¿cómo se relaciona con el cuidado de la salud? ¿Quieren decir estos investigadores que podemos curarnos por el mero hecho de desearlo? Obviamente no.

Se trata más bien de entender que cuerpo, mente y entorno están conectados a través de una trama invisible, sutil y misteriosa que apenas empezamos a conocer.

Y por lo que sabemos, es posible favorecer la recuperación del equilibro a través de determinadas técnicas, junto con los tratamientos convencionales y alternativos.

Que la meditación produce respuestas fisiológicas beneficiosas a nivel de los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario es algo ampliamente reconocido, pero influye también a través de la conexión que propicia con esa poco conocida trama cuántica o espiritual, subyacente a la realidad física que vemos y tocamos.

Por tanto, las terapias que tienen en cuenta lo espiritual serían aquellas que buscan la conexión con esa dimensión.

Si como dice la ciencia todavía dominante, el "yo" es una idea producida por la mente, y esta el resultado de la actividad química del cerebro, resulta que nuestro ser es el último eslabón de una larga cadena de acontecimientos meramente materiales. Igualmente nos sobrevienen las enfermedades, que sentimos a menudo como fruto de la mala suerte y algo ajeno.

Sin embargo, si nuestra conciencia tiene su origen en un plano distinto de la realidad, si no está al final de todo el proceso, sino también al principio, podemos recuperar el protagonismo. La salud es un asunto nuestro y el terapeuta es, como mucho, un intermediario.

Aumento de las ondas gamma gracias a la meditación

La meditación es capaz de modificar el tipo de ondas eléctricas que produce el cerebro. Aunque parezca increíble, la ciencia no conocía hasta hace unos meses de dónde procedía esta actividad eléctrica.

La cuestión se resolvía atribuyéndola al funcionamiento neuronal, pero un estudio realizado en el Instituto Nacional de Ciencias de los Materiales en Tsukuba (Japón) ha descubierto vibraciones que originan esa electricidad en los microtúbulos, precisamente las estructuras neuronales donde Penrose y Hammeroff sitúan el vínculo entre cerebro y conciencia.

En concreto, la meditación incrementa las ondas gamma que indican un nivel incrementado de coherencia en la conciencia. Cuando se medita, la producción de estas ondas se dispara en las regiones corticales.

Lo más interesante es que sugiere un aumento de la comunicación con la fuente cuántica de conciencia. I

Gary Schwartz, director del Laboratorio para los Avances en Conciencia y Salud de la Universidad de Arizona, cree que podemos recibir informaciones por vía intuitiva desde el campo de la conciencia que pueden ser útiles para recuperar la salud.

Chamanes y sanadores, que atribuían su poder a los ancestros, los espíritus, los ángeles, Dios o la Energía Universal, han utilizado técnicas para "sintonizar" esas informaciones.

Algunas técnicas espirituales, que son utilizadas en el marco de distintas disciplinas tradicionales y modernas, son ejercicios respiratorios, músicas y danzas que llevan a estados de trance, y todas las formas de meditación y visualización.

Se pueden practicar en solitario, en grupo o bajo la dirección de un terapeuta. Muchas forman parte de programas con ayunos, viajes, retiros, periodos de aislamiento o rituales (de limpieza, iniciación...), o uso de plantas y drogas que provocan estados alterados de conciencia.

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