Conexión cósmica

El crecimiento interior nos reconcilia con lo trascendente

Jesús García Blanca

Simplificar la vida exterior y cultivar la interior puede ser el primer paso para profundizar en nuestras raíces y restablecer los lazos con lo sagrado.

Decía el escritor argentino Ernesto Sabato que el ser humano, en su búsqueda incesante de poder para controlar la naturaleza y a sus semejantes, ha traicionado su dimensión trascendente, aquello que lo une al sentido de la vida y a su situación en el cosmos.

Por su parte, el gran estudioso de las religiones Mircea Eliade consideraba que en las sociedades modernas se ha desarrollado el "hombre arreligioso", cuyas experiencias vitales se han desacralizado, se han quedado desprovistas de significado espiritual y por ello mismo de la dimensión auténticamente humana.

Desde otro ángulo y con otra visión, cincuenta años antes que Sabato, el francés René Guénon ya anunció esa ruptura: "Nos hallamos –escribía en 1927– en el Kali Yuga, un periodo de oscuridad en la gran rueda de los ciclos cósmicos, un periodo de caída desde las cimas de la luz a la oscuridad de la materia".

Un mundo que pierde el sentido de lo trascendente

Para Guénon, Eliade, Sabato y otros autores lúcidos, la idea de Progreso encierra un espejismo, una mentira que hemos decidido creer quizá para soportar esa caída, esa desconexión de lo sagrado, esa soledad que nos invade en un mundo que pierde el sentido de lo trascendente, que en definitiva es el sentido de lo verdaderamente humano.

Desde una mirada más actual, podemos contemplar al ser humano desarraigado por una doble ruptura: en el plano horizontal y en el vertical, es decir, desgajado de su entorno y de sus semejantes por la falta de conciencia ecológica y de verdadero sentimiento de comunidad, y desgajado del plano vertical que lo conecta con lo trascendente.

Inmerso en una sociedad consumista que valora el poder económico y las posesiones materiales por encima de todo, encerrado en los estrechos límites de una ciencia al servicio de aplicaciones tecnológicas que desprecia lo que no se pueda medir o pesar, el hombre moderno ni siquiera es consciente de su desconexión con lo sagrado, salvo en momentos excepcionales en los que siente algo que describe como vacío existencial, como falta de sentido en su vida o anhelo de autorrealización.

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El hombre cree más ciegamente en la ciencia cuanto menos la comprende

Mientras el hombre de la antigüedad vivía inmerso en lo sagrado, conectado de modo natural al resto del cosmos, el hombre moderno somete al universo que lo rodea a la observación minuciosa pero limitada de la ciencia. Esta, con su incesante sustitución de unas teorías por otras apenas se demuestra errónea, supone una base inestable para una concepción del mundo desprovista de la trascendencia que el hombre necesita. Y así, el hombre de a pie cree más ciegamente en ella cuanto menos la comprende.

En el terreno de la salud, esa dependencia de la ciencia y de lo exclusivamente material nos trasmite una visión de la salud reducida a lo físico-químico, y nos aleja de enfoques holísticos que integran otras dimensiones del equilibrio que supone la salud y el bienestar. De este modo, y a pesar de los avances tecnológicos, la medicina ha experimentado un retroceso en relación con la visión holística de las medicinas tradicionales.

Expandir nuestra conciencia y sentir que hay algo más allá

Ahora bien, ¿es posible recuperar esa conexión que nos ayude a encontrar nuestro lugar en el cosmos? La forma efectiva de encontrar esa conexión vertical es acudir a una vía iniciática, un camino que muy posiblemente esté vedado a la mayoría de los habitantes de las sociedades modernas, en particular en Occidente.

Lo que sí podemos hacer –y no es poco– es ampliar nuestra conexión horizontal, expandir nuestra conciencia hasta rozar los límites y sentir que hay algo más allá, algo que no podemos conocer con las herramientas sensibles, pero que podemos intuir explorando posibilidades relegadas que, sin embargo, continúan a nuestra disposición.

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Tomar conciencia de nuestra posición en el ecosistema

La Ecología profunda ayuda a tomar conciencia de nuestra posición en el ecosistema, de nuestras interrelaciones no solo con los seres humanos sino con otros seres vivos con los que vivimos en una simbiosis compleja y solidaria, y con el entorno, con elementos naturales sin los que la vida no sería posible.

Simplificar nuestra vida exterior, reducir las posesiones, las necesidades creadas por el consumismo, el narcisismo que lleva a aparentar lo que no somos y refugiarse en cargos, beneficios económicos o estatus social, puede ser un primer paso para profundizar en nuestras raíces, abrirnos a una concepción holística de la salud, flexibilizar nuestras corazas, conectar con el medio y cultivar nuestra vida interior en busca de lo trascendente.

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