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Una sola mente: estamos más unidos de lo que creemos

Mi mente, mi cerebro, yo... Nos sentimos individuos y, sin embargo, compartimos niveles de conciencia con las demás personas y con la realidad entera.

Jordi Pigem

La mente no es una cosa, sino un proceso. La mente es una dinámica red de relaciones, hecha de ideas e imágenes (en griego clásico, idea es a la vez "idea" e "imagen"), de sensaciones y emociones.

Tiene que ver con el cerebro, con el conjunto del organismo y con todo lo que nos rodea y nos influye.

El filósofo Arthur Schopenhauer consideraba que todo lo que nos sucede son como hebras de un inmenso tejido cuya armonía no podemos comprender desde nuestras mentes individuales.

Pese a lo que se creía en otras épocas, no hay manera de localizar la mente en un lugar específico del cerebro. Mientras tu mente lee estas palabras, el cerebro ejerce su papel de mediador, pero la mente no está en el cerebro. También estas palabras, para que puedas leerlas, necesitan una tipografía, pero el sentido de las palabras no está en la tipografía.

¿Dónde está pues la mente? No está en el espacio, porque no es un objeto. En realidad, es más bien el espacio el que está en la mente. Cada persona (y "su" mente) es única e irrepetible.

Ahora bien, ¿tiene tu mente una frontera rígida o es un fenómeno sin fronteras, como el viento? (en griego bíblico, pneuma es a la vez "viento" y "espíritu").

¿No te ha parecido a veces que intuyes claramente lo que siente alguien que está lejos? Si la mente individual tiene fronteras, la música las desborda.

El neurólogo Oliver Sacks afirma que la música puede llegar a generar una "neurogamia": un estado de sintonía colectiva, como si hubiera una unión de sistemas nerviosos. ¿Son las mentes como bolas de billar, distantes y siempre aisladas, o son como las olas de un solo océano de conciencia?

Somos mucho más que individuos, por estar conectados

Aristóteles definía al ser humano como "zoon politikon": el ser vivo que vive en la polis, es decir, en la ciudad o en sociedad. Pero esta conciencia del ser humano como ser comunitario se fue perdiendo a medida que crecía el individualismo moderno.

El sociólogo francés Émile Durkheim, ya a finales del siglo XIX, llamó "anomia" a la creciente carencia de sentido de la vida colectiva. Según Durkheim, en las sociedades modernas, en vez de un verdadero sentido de comunidad tenemos "una desordenada polvareda de individuos" en la que cada uno va a lo suyo.

El antropólogo Marshall Sahlins ha mostrado cómo nuestra visión del mundo, centrada en el individuo, no tiene sentido desde la perspectiva de la inmensa mayoría de sociedades indígenas (que hablan nueve de cada diez lenguas hoy vivas), para las cuales la condición humana es inseparable de la comunidad local y del conjunto de la vida.

Lo que diversas comunidades indígenas de las Américas llaman "buen vivir" (sumaq kawsay en quechua, sumak qamaña en aymara, lekil kuxlejal en tzotzil y tzeltal) no se basa en el bienestar individual, sino en una relación armoniosa con el conjunto de la vida y del cosmos.

ErwinSchróciinger, premio Nobel de Física y uno de los científicos más eminentes del siglo XX, llegó a la conclusión de que muchos fenómenos cuánticos solo tienen sentido si la base de la realidad no es la materia sino la conciencia.

Según Schródinger, la multiplicidad de las mentes individuales es sólo una apariencia, porque, en realidad, "solo hay una sola mente". En su obra Mente y materia (Ed. Tusquets), reflexiona sobre la "paradoja aritmética" de que haya miles de millones de mentes.

Y concluye: "La mente es por su propia naturaleza un singulare tantum. Podría decirlo así: el número total de mentes es sólo una". También creía que la colaboración intelectual podía llegar a una "fusión empírica" de las mentes.

Los fenómenos colectivos

En la historia de la literatura, del arte y del pensamiento, es habitual observar fenómenos colectivos. Hablamos de "corrientes literarias" y de "escuelas artísticas", que no se pueden reducir a la suma de sus creadores individuales.

Si decimos, por ejemplo, que la escuela de pintura veneciana influyó en la escuela flamenca, hablamos de una corriente intangible de estilos y preferencias que no es del todo reducible a las mentes individuales de los pintores venecianos o flamencos.

Del mismo modo, para entender la atmósfera de las épocas históricas hablamos del Zeitgeíst o "espíritu de la época": una especie de energía colectiva que no es la simple suma de las psicologías individuales.

En el mar no hay fronteras, cada mar es parte de un mar más amplio. Así, el mar Balear posee sus propias características dentro del mar Mediterráneo, que geográficamente es parte del océano Atlántico, que a su vez es parte del megaocéano que envuelve a todos los continentes.

¿Podría ser, de un modo semejante, que nuestra mente individual, con todas sus características únicas e irrepetibles, fuera parte de una realidad mucho mayor? Así lo han afirmado poetas, filósofos y místicos, y resulta de sentido común en la mayoría de culturas humanas.

Plotino, que de algún modo es la culminación de toda la filosofía griega, veía el mundo material y las mentes individuales como emanaciones de una psique (psyché) colectiva, que a su vez emana de lo que llamaba nous (inteligencia), que a su vez emana del Uno (to hen).

Gandhi creía profundamente en la unidad de la conciencia y de la vida, y en esta unidad fundamentaba su opción por la no-violencia. A veces empleaba la metáfora de la ola y el océano: cada ola es única, pero es a la vez parte del océano. Somos únicos, pero somos parte de algo mayor.

La compleja relación con el inconsciente colectivo

La idea de inconsciente colectivo se asocia con Carl Gustav Jung, pero ya Freud, su maestro, reconocía en Totem y tabú que existe una psique colectiva (Massenpsyche) que se expresa en la psicología de los pueblos, sociedades y nacionalidades.

Al igual que la psique individual, la psique colectiva se transforma: puede caer en regresiones de demencia colectiva (como las que desembocan en guerras), o puede evolucionar, como observamos generalmente en las historias culturales.

Jung afirmaba que nuestro inconsciente individual se conecta, por ejemplo en algunos sueños, con el inconsciente colectivo que compartimos con toda la humanidad.

Pero este inconsciente colectivo, según el psicólogo suizo, no es una unidad homogénea. Tan ilusorio sería creer que nuestra mente personal está radicalmente separada del mundo y de los demás (que nos lleva hacia al precipicio del individualismo nihilista), como creer que todos somos gotas intercambiables de un océano uniforme (que nos lleva hacia el precipicio del absolutismo o el totalitarismo).

La vida es diversidad, y el océano está vivo porque no hay dos gotas idénticas. Las gotas no están separadas y a la vez cada una es sí misma.

¿No ocurre lo mismo con las mentes? Por otra parte, así como entre la gota individual y el océano global existen múltiples dimensiones intermedias (corrientes superficiales y submarinas, zonas con determinadas características de temperatura y de salinidad, etcétera), también hay dimensiones intermedias entre la conciencia personal y la conciencia más global, a veces llamada conciencia cósmica.

Los múltiples estratos de la mente

También el inconsciente tiene múltiples estratos.

Según la psicóloga junguiana Marie-Louise von Franz, por debajo (o por encima, como se quiera) del inconsciente personal hay un inconsciente del grupo, que nos vincula a quienes nos resultan más cercanos por motivos familiares, locales o sentimentales, así como un inconsciente nacional que nos vincula a aquellos con quienes sentimos que constituimos una nación.

Es importante comprender que cada inconsciente nacional (ya sea establecido o emergente) responde a corrientes profundas (y difícilmente comprensibles) del ser y del sentir, corrientes que las leyes nunca podrán acabar de canalizar.

Cada uno de estos estratos de la mente tiene su lugar. La conciencia en el nivel de la persona singular es esencial para una vida adulta y autónoma.

Las capas más inmediatas del inconsciente colectivo nos conectan con las personas que sentimos más próximas —e influyen, nos guste o no, en nuestras opciones individuales, en temas triviales como las modas y en profundos como las opciones culturales, políticas o espirituales.

Por su parte, los estratos más profundos nos conectan con el conjunto de la realidad, tangible e intangible.

Entre la gota de la mente individual y el océano de la conciencia cósmica, hay corrientes de conciencia colectiva que influyen en lo que sentimos, hacemos y somos. Sin que dejes de ser tu mismo o tu misma. Y sin que dejes de ser parte de realidades más amplias.

Etiquetas:  Emociones Cerebro

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