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Estrés epigenético

Los traumas del padre se transmiten junto con sus genes

Los hijos y los nietos pueden sufrir las consecuencias mentales y físicas de los traumas sufridos por sus padres o abuelos.

Claudina Navarro

Cuando un hombre sufre un estrés agudo, este se graba en el entorno de los genes y puede transmitirlo a sus hijos e incluso a sus nietos a través del material genético aportado por su esperma.

En consecuencia, una persona puede sufrir las consecuencias –en forma de estrés o de enfermedad físicas– de una mala experiencia vital de su padre.

Traumas y el estrés de generación en generación

El doctor Larry Feig, de la Universidad de Tufts, explica que esta mala experiencia puede ser, por ejemplo, un abuso sexual padecido en la infancia.

Feig ha comprobado esta transmisión hereditaria de los traumas en experimentos realizados con ratones y también en estudios con personas.

En el estudio publicado por Translational Psychiatry se pidió a 28 hombres voluntarios que respondieran a un cuestionario que evaluaba la gravedad de cualquier trauma que hubieran experimentado en la primera etapa de su vida.

Moléculas que condicionan la actividad genética

Luego se les tomaron muestras de esperma que se analizaron para buscar modificaciones epigenéticas que involucran unas moléculas denominadas micro-ARN, que viajan junto con el ADN en los espermatozoides y pueden reducir la actividad de determinadas genes.

Los investigadores hallaron lo que temían: los hombres que habían sufrido traumas infantiles más graves presentaban esas modificaciones.

En concreto, observaron que las concentraciones en el esperma de dos tipos de micro-ARN eran hasta 100 veces menores que en los hombres que no habían sufrido abusos.

El efecto hereditario se ha podido comprobar en ratones

El mismo cambio en el entorno de los genes aparece en los ratones que son sometidos a situaciones de estrés en el laboratorio, según pudieron comprobar los investigadores.

Y las modificaciones epigenéticas se mantienen en los hijos y en los nietos de estos ratones macho. Por tanto, se puede deducir que los hijos y las hijas, los nietos y las nietas, de los hombres abusados (o que han sufrido cualquier otro trauma igualmente intenso) también sufrirán las consecuencias de la situación vivida por sus padres.

Feig ha demostrado que las crías de los ratones estresados tienden a ser más ansiosas y menos sociables.

Tu estrés puede tener un origen remoto

Así que parte de la tendencia a la ansiedad que siente cualquier persona puede no ser consecuencia de su situación actual, sino que puede haber sido heredada de su padre o de su abuelo a través de un mecanismo epigenético.

Cuando una persona ha sufrido un trauma en su infancia aumenta su riesgo de sufrir enfermedades mentales como la depresión y también enfermedades físicas como el infarto cardiaco o el cáncer.

Si el trauma se puede heredar, es lógico pensar que también se heredarán estas consecuencias.

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