cerebro

Más allá del cerebro

La inteligencia de la naturaleza en tu cuerpo

Contamos con auténticos cerebros repartidos por el cuerpo, como el sistema inmunitario, el cerebro neuroentérico y el corazón.

Tomás Álvaro Naranjo

Vivimos un tiempo que genera más preguntas que respuestas. La ciencia lleva más de cien años haciéndose la misma pregunta: ¿Qué es la mente? ¿Cómo funciona su conexión al cuerpo? ¿De dónde nace la consciencia? Y todavía hoy son más los campos por descubrir y estudiar que el territorio conquistado.

A cada paso y pequeño hallazgo, aparecen nuevos horizontes insospechados que amplían todavía más el terreno por explorar. Todo parece indicar que las huellas de la evolución están en nosotros y se expresan en la mente, el cerebro y el cuerpo como unidades vibracionales de consciencia.

El cerebro dirige la sensibilidad y la percepción corporal. También maneja emociones, pensamientos y experiencias. Sin embargo esta es la cúspide momentánea de un camino de evolución que arranca de muy atrás.

Le invito al siguiente ejercicio: juegue por un momento a abrir su mano y prestar atención a la palma. Hágalo ahora, por favor. Disfrute ese momento con curiosidad y apertura, durante unos cuantos segundos. Y respóndase a la pregunta: ¿Qué es lo que siento?

Las posibles respuestas podrían ser algo así como "calor", "un cosquilleo", "una vibración", "el latido del corazón en la palma de la mano"... y otras por el estilo. Este ejercicio permite comprender, de forma rápida y sencilla, cómo el hecho de centrar y dirigir la atención a una parte del cuerpo constituye un tipo de experiencia.

El lector puede jugar a llevar ahora su atención a las plantas de los pies, a la cara, al pecho... y recibirá sensaciones y percepciones de la parte escogida. Profundizando con mayor detalle veríamos cómo el calor se corresponde con una pequeña vasodilatación, la activación del sistema nervioso vegetativo y un incremento de sensibilidad.

Hasta allí acuden más células del sistema inmune y sus citocinas, más hormonas y moléculas. Y todo eso, simplemente, concentrando la atención en el mundo interior. Lo que hemos hecho es utilizar de forma consciente y voluntaria una parte de nuestro cerebro que permite afinar la percepción en la palma de la mano.

También podemos afinar el oído, el olfato, el tacto en una caricia, o profundizar en el sentido de unas palabras dichas o escritas con intención. En esas situaciones ponemos, mediante mente y cerebro, la atención, intención, sensibilidad y emoción sobre una determinada parte del cuerpo. Ya sea eso de forma consciente o inconsciente.

Los reinos de la vida

La naturaleza se manifiesta induciendo cambios en su propio seno. A lo largo del proceso evolutivo, los diferentes reinos de la naturaleza han ido dándose la mano en una secuencia progresiva de refinamiento y desarrollo. Y en su evolución, todavía hoy nuestro organismo sigue resonando con los reinos mineral, vegetal y animal. El reino mineral incorporado en el organismo humano es manejado por las glándulas suprarrenales que metabolizan el agua y los minerales.

La tierra diluida en esa sopa original que habita en los tejidos en forma de matriz extracelular recrea las condiciones del agua de mar en el seno de la materia viva. Somos esencialmente agua, junto a los minerales disueltos que nos componen y permiten la función de los tejidos cobrando vida en ellos.

El sodio, el potasio y el cloro forman sales en los líquidos corporales. El calcio y el fósforo conforman los huesos y dan soporte a la estructura corporal. Diversos minerales se hallan en ácidos y bases, en el ácido clorhídrico del estómago, en la hemoglobina, en las hormonas tiroideas o en los huesos y los dientes.

Estos representantes del reino mineral que habitan en nosotros cobran vida a través de la generación de corrientes iónicas y cargas electromagnéticas que se traducen en una primera onda de inteligencia. Un cerebro mineral primigenio, punto de partida de miles de millones de años de evolución. Piedras y minerales no escapan a las leyes inmutables de la vida: el desarrollo y el aprendizaje, el cambio permanente y la progresión hacia nuevas y más altas metas que alcanzar.

El reino vegetal es un prodigio de creatividad. La reproducción y la energía vegetativa serán incorporadas en la faceta reproductiva animal. En el cuerpo humano hallamos la sagrada región del sacro y la caverna uterina de la vida, donde aparece el milagro del hijo, el misterio de una primera fusión de la que brotan la sangre y la carne.

La materia fecundada a través de la danza nupcial y el ritual del amor. Un reino vegetal que, pleno de sensibilidad e inteligencia, no necesita todavía una estructura orgánica superior para mostrarse en todo su esplendor. Será el reino animal y la necesidad de anticipar el movimiento lo que dará lugar a un primer cerebro infradiafragmático, latente en el plexo solar, lugar de fusión de los tres primeros reinos de la naturaleza.

Cuando a la flor le salen alas y en su inspiración se eleva al cielo y se transforma en mariposa. Cuando la raíz da salida a sus ansias y se libera de la tierra surge el milagro del movimiento. Aparecen las bandadas y las manadas cruzan al galope la pradera.

El instinto de supervivencia, una siembra del germen de libertad, y con ella las emociones, el amor y el temor y la primera clave de conquista de la paz. Y con el cerebro nace el pensamiento como la interiorización del movimiento. Y de ahí la acción, la exteriorización y encarnación del espíritu, ya no en la materia, sino en la emoción. Se configura la red de reflejos elementales y la respuesta autonómica vegetativa, emocional y, finalmente, cognitiva en pos de la compasión y la espiritualidad.

Los nuevos cerebros

Entendemos ahora que el sistema digestivo represente un nuevo centro de procesamiento y decisión, conectado de forma privilegiada con el sistema nervioso. El tracto digestivo dispone de su propia inervación, un rico plexo que regula los movimientos gastrointestinales y la secreción de hormonas y enzimas.

El cerebro propio del tubo digestivo dispone de cien millones de neuronas, más que la médula espinal. Es capaz de recibir y enviar impulsos de manera autónoma, memorizar y recordar experiencias vividas, y especialista en responder a las emociones que recibe del exterior, vibrando de forma inmediata con los acordes del sistema nervioso central.

Sus notas principales son los cambios de ritmo, el peristaltismo acentuado en respuesta al examen o el encuentro amoroso, o su parálisis acompañando la depresión. O su desorganización en el momento caótico que se manifiesta como disbiosis, colon irritable, intolerancia alimentaria o enfermedad autoinmune.

La situación de estrés impacta sobre el cerebro superior y a través de estructuras neurales y moléculas de información alcanza el plexo solar y el aparato digestivo.

Y en este camino evolutivo aparece por fin un director: el corazón, que a través de sus 50.000 neuronas, independientes del cerebro, dirige la orquesta entera y su función. Poderoso oscilador electromagnético, miles de veces por encima del que le sigue a continuación, el cerebro.

Principal motor del cuerpo, físico y energético, cuyo ritmo es a la vez modulado y transmitido a través del sistema nervioso vegetativo, simpático y parasimpático, freno y acelerador que establece el ritmo de la canción.

Es el abrazo armónico entre corazón y cerebro el generador del estado de bienestar, equilibrio emocional y claridad mental que, naciendo en el cerebro cardíaco, somete dulcemente al cerebro principal. Y un corazón latiendo en el seno de cada tejido, una memoria celular que de forma holográfica incluye la experiencia escrita y la sabiduría acumulada en cada rincón de nuestro ser.

El reino humano

Conforme se añaden nuevas funciones nos acercamos al reino humano. La fuerza del amor ubicada al otro lado del diafragma, sobre el corazón. El emperador que siembra la semilla de nuestro ser, el gran sol interior. Y aparece la cognición como fuerza de avance de la corriente adaptativa del hombre.

Los reinos mineral, vegetal y animal aportando los cimientos de la emoción, cognición, espiritualidad y amor, una conjunción solemne que permite la experiencia de integración. Alineando y dando sentido a las capacidades humanas, vislumbrando el camino andado por la consciencia bajo un soporte con apariencia de vertebrados, mamíferos inferiores y superiores y, finalmente, el hombre.

A la espera una nueva humanidad, apuntando ya hacia nuevos territorios por conquistar, punta de lanza de ese nuevo ser posthumano que pugna en nuestro interior por eclosionar.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Cuerpomente?